Hay que actuar sabiamente como en el cuento de la Cucarachita Mandinga
La única forma de hacer frente al dilema de todas las quincenas es sentarnos seriamente, con lápiz y papel en mano y comenzar a evaluar de manera responsable y objetiva a dónde van nuestros ingresos mensuales... Se sorprenderán de lo que van a averiguar. Por un lado, saldrán los gastos que son realmente indispensables, los necesarios y los de lujo. En Internet, se puede encontrar muchos modelos para determinar y luego crear un presupuesto familiar saludable.
Y como en el cuento de la Cucarachita Mandinga se preguntará, ¿cómo puedo usar mi dinero sabiamente? Para empezar, elija eliminar las deudas producto del crédito. Reconozco que el crédito, si es bien utilizado y administrado, es un instrumento muy bueno, pues nos puede sacar de apuros en eventos inesperados y, en otros casos, brinda cierto grado de seguridad cuando uno anda corto de efectivo. Lamentablemente, el hecho simplificado de firmar un papelito o un papel se ha hecho tan rutinario, que nos olvidamos que el mismo viene siendo un préstamo. ¡Sí!, un crédito no es más que un dinero que se nos otorga por adelantado para adquirir un bien o un servicio, y al final hay que pagarlo, y con intereses.
Se recomienda que en el caso de las tarjetas de crédito, lo primero que debe hacer la persona que desea liberarse de las deudas es tener en claro exactamente "cuánto es lo que debe" y "cuál es la tasa de interés que paga" en cada tarjeta de crédito. Luego deberá formular un plan para irse deshaciendo de la deuda de manera escalonada. Empezará por aquella que tenga la tasa de interés más alta, independientemente de que sea la de menor monto adeudado. Para ello, reasignará la mayor cantidad de dinero disponible para abonar a la deuda de dicha tarjeta, al tiempo que paga la tasa mínima en las otras tarjetas. Tan pronto termine de pagar la primera tarjeta, debe proceder de la misma forma con la siguiente, hasta limpiar todas las que tenga. Mientras esté en este plan de desintoxicación crediticia, se recomienda congelar sus gastos realizados con tarjetas de crédito e irlas cerrando a medida que queden limpias.
Como quiera que vivir sin tarjetas de crédito -en éstos días- parece imposible, pero la historia demuestra que hacer esto no sólo es posible sino necesario. Pero si aún piensa que necesita tener este instrumento a su alcance, le sugerimos: que no se deje seducir por tarjetas de crédito que ofrecen intereses muy, pero muy bajos inicialmente y que a los meses o al año suben de manera escandalosa; y, que opte por poseer una sola tarjeta de crédito y que sea manejable por usted. La misma debe garantizarle un interés bajo -que no cambie bruscamente y que no genere cargos extras altos (seguros de vida, de fraude, pérdida de empleos, etc.), difíciles de pagar en el tiempo.
Las palabras importantes son PLANIFICAR y AHORRAR, y la vedada de nuestro vocabulario sería MALGASTAR, por el simple hecho de GASTAR.
Es imperativo que empecemos a planificar y a ahorrar como hacían nuestros antepasados; sólo este buen hábito, nos garantizará la libertad económica y mental que ansiamos y nos eliminará los nubarrones, que hoy día, nos acompañan por doquier.
Seamos un buen ejemplo para la generación que nos sigue... la de sus hijos.