Hay que exportar más
Cabe preguntarse por qué no crecen más las exportaciones. Dos razones lo explican. Primero, el frente interno, que es el elemento determinante que ha causado el creciente desequilibrio de la economía nacional, acentuándose a partir de enero de este año debido a la falta de una política coherente de crecimiento económico y a la escasa atención de los factores que causan la desaceleración de la economía mundial, que viene de un crecimiento estimado en el 3.3% para 2000 y se proyecta en sólo 1.7% para el año en curso.
El otro aspecto que debe ser considerado es el de la diversificación de las exportaciones, en cuyo contexto tradicional se destacan las ventas de banano y camarón, rubros que han registrado altas y bajas por causas de innumerables factores. Los enfrentamientos laborales, las huelgas injustificadas, el resurgimiento de plagas y los efectos de las inundaciones, han afectado negativamente la calidad de las exportaciones. También deben ser mencionadas las exportaciones no tradicionales, que registran la incorporación de una nueva corriente de productos alimenticios (sandía, melón y harina de pescado), pero que aún no logran alcanzar niveles de escala que permitan competir con los precios internacionales y en mercados no cautivos.
Si bien el crecimiento de las exportaciones por sí solo no asegura la expansión económica, por cuanto equivale apenas al 9% del producto bruto, tal resulta sin embargo en un aporte invalorable como generador de divisas y empleo, como proveedor de recursos para las importaciones, y como inductor de confianza externa y de modernización de la economía. Si como muestra basta un botón, véase cómo se sigue en los medios financieros del mundo la relación entre la deuda pública nacional y nuestras exportaciones, que es una de las más desfavorables del mundo.
En consecuencia, exportar más es no sólo deseable sino también indispensable. Debemos lograr un sistemático aumento de las exportaciones, muy por encima del crecimiento del producto interno bruto. Un incremento sostenido, por ejemplo, del 20% anual de las exportaciones, con un crecimiento del 6% anual del PIB, permitiría un cambio sustancial de las relaciones antes mencionadas. Se alcanzaría, entre el mediano y largo plazo, una meta deseable de participación de las exportaciones del orden del 18% del producto bruto.
Una mejora del espectro de factores internos, así como también en el orden externo, es indispensable para alcanzar el éxito de nuestras relaciones comerciales internacionales. En lo inmediato, se necesita que mejore el ambiente de confianza para atraer inversionistas y que se devuelva al país con celeridad una política económica consecuente con la apertura comercial. Lo esencial es que la eficiencia y las ventajas competitivas sean los criterios determinantes para la producción de bienes, y no el clientelismo paternalista o el favoritismo proteccionista, que lo único que ha hecho es desvirtuar la realidad nacional y empeorar nuestra competitividad con los demás países.
El otro aspecto que debe ser considerado es el de la diversificación de las exportaciones, en cuyo contexto tradicional se destacan las ventas de banano y camarón, rubros que han registrado altas y bajas por causas de innumerables factores. Los enfrentamientos laborales, las huelgas injustificadas, el resurgimiento de plagas y los efectos de las inundaciones, han afectado negativamente la calidad de las exportaciones. También deben ser mencionadas las exportaciones no tradicionales, que registran la incorporación de una nueva corriente de productos alimenticios (sandía, melón y harina de pescado), pero que aún no logran alcanzar niveles de escala que permitan competir con los precios internacionales y en mercados no cautivos.
Si bien el crecimiento de las exportaciones por sí solo no asegura la expansión económica, por cuanto equivale apenas al 9% del producto bruto, tal resulta sin embargo en un aporte invalorable como generador de divisas y empleo, como proveedor de recursos para las importaciones, y como inductor de confianza externa y de modernización de la economía. Si como muestra basta un botón, véase cómo se sigue en los medios financieros del mundo la relación entre la deuda pública nacional y nuestras exportaciones, que es una de las más desfavorables del mundo.
En consecuencia, exportar más es no sólo deseable sino también indispensable. Debemos lograr un sistemático aumento de las exportaciones, muy por encima del crecimiento del producto interno bruto. Un incremento sostenido, por ejemplo, del 20% anual de las exportaciones, con un crecimiento del 6% anual del PIB, permitiría un cambio sustancial de las relaciones antes mencionadas. Se alcanzaría, entre el mediano y largo plazo, una meta deseable de participación de las exportaciones del orden del 18% del producto bruto.
Una mejora del espectro de factores internos, así como también en el orden externo, es indispensable para alcanzar el éxito de nuestras relaciones comerciales internacionales. En lo inmediato, se necesita que mejore el ambiente de confianza para atraer inversionistas y que se devuelva al país con celeridad una política económica consecuente con la apertura comercial. Lo esencial es que la eficiencia y las ventajas competitivas sean los criterios determinantes para la producción de bienes, y no el clientelismo paternalista o el favoritismo proteccionista, que lo único que ha hecho es desvirtuar la realidad nacional y empeorar nuestra competitividad con los demás países.