Hay que luchar por ciudades más humanas
CUANDO LEÍ QUE técnicos del MIVI, la Alcaldía de Panamá, la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Panamá, la Sociedad Panameña de Ingenieros y Arquitectos, y otros grupos discutirían la implementación de la Ley 6 de 1 de febrero de 2006, pensé que todavía podemos aspirar a vivir un poco mejor en esta ciudad que cada día nos consume más.
Más contento me puse cuando vi que dentro del grupo de estudio de la nueva ley sobre el ordenamiento territorial para el desarrollo urbano estaba el Arq. Rodrigo Mejía Andrión; él ha sido el profesional del urbanismo que más esfuerzos ha dedicado para que logremos vivir en ciudades más humanas, más ordenadas, consiguiendo con ello mejor calidad de vida.
Panamá "La Vieja", la ciudad destruida por el inglés Henry Morgan, ya quedó muy distante de aquella que se trasladó al Casco Viejo. A su izquierda, en la Calzada de Amador, se ha desarrollado una actividad turística, envidia para todos los que nos visitan. En el medio surge una ciudad, que con el desarrollo de todos los nuevos edificios en la Avenida Balboa, se va a unir a lo construido en Punta Paitilla y que se termina en Punta Pacífica, y que sigue hacia Tocumen, y sus alrededores, pasando por Costa del Este y bordeando todos los límites de las áreas revertidas.
Esta ciudad, que para algunos está ya al borde del colapso urbanístico y cerca de la locura de ciudades como Caracas o Los Angeles, por la inexistencia de suficientes calles y avenidas que le permitan su desahogo, requiere de la inteligencia y astucia de muchos expertos para lograr su reordenamiento. Promoverlo le corresponde al Estado, pero es función de todos los ciudadanos colaborar en lo que sus posibilidades permitan para que podamos vivir en una ciudad mejor, más humana, con la mayor calidad de vida que podamos obtener. Inclusive, la misma Constitución Nacional en su Art. 17, al referirse a la obligación que tienen las autoridades, señala que están instituidas para protegerles en su vida, honra y bienes, y a garantizarles la efectividad de los derechos y deberes individuales y sociales.
Los panameños, y me refiero más que todos a aquellos que viven en urbes que como la capital, Colón y David, ya vamos sufriendo más de cerca los rigores de los interminables tranques, de la inexistencia de transporte público adecuado, de la carencia de instalaciones que permitan el desahogo social como lo son los parques y los campos de juego, debemos exigir el cumplimiento de esta nueva normativa, ya que la misma promueve el crecimiento armónico de los centros poblados. Promueve, como derecho humano de todo panameño, que tengamos una vida más sosegada, que se permita a todos salir a las 7 de la mañana de su casa y regresar a ella antes de la noche; no como ahora que para llegar a un sitio a las 8, hay que despertarse a las 4 de la mañana, para después regresar casi a la mitad de la noche. Eso simplemente no es vida, sobre todo para los que menos tienen, que son los más afectados.
La responsabilidad de esta nueva legislación es del Ministerio de Vivienda y los respectivos municipios; pero se obliga a ambos coordinar con el resto de las instituciones las acciones a tomar. Nos afecta a todos que haya jefes de oficinas públicas que piensen que le pertenecen y que no deben coordinar con nadie lo que hacen. Ya es hora que se penalice a quien no aprenda a trabajar en grupo; esas tonterías de algunos afectan a todos.
Lo que más me llama la atención de la Ley es el énfasis que se le pone a los espacios públicos: a aquellos que le pertenecen a todos los panameños. Esas áreas que cada vez se ven menos en los nuevos residenciales y que los que allí habitan requieren para poder respirar y vivir mejor. Esas áreas verdes que cada vez vemos menos pero que se convierten en pulmón de las ciudades. Siempre luché para que nos devolvieran la Zona del Canal, que injustamente se nos quitó en 1903. ¿Pero, nos hemos puesto a pensar lo que hubiera ocurrido en Panamá si todas esas áreas revertidas, que a más de 100 años conservan su verdor y la intensidad de sus bosques, hubiesen estado en manos de los panameños? Les voy a decir cómo hubieran quedado: Idénticas a todas aquellas que los antiguos gobernantes, subidos en algún cerro, simplemente decían, titulen hasta donde cae el sol. Hoy por lo menos nos ayudan a tener un verdadero pulmón entre las ciudades terminales de Panamá y Colón.
Ojalá que la nueva legislación, y las comisiones de estudio que de ella surjan, no sigan la suerte de gran parte de las comisiones instaladas en el presente gobierno. En esto se está jugando el futuro de los panameños para vivir mejor y poder obtener una mejor calidad de vida. Realmente que los merecemos.
Más contento me puse cuando vi que dentro del grupo de estudio de la nueva ley sobre el ordenamiento territorial para el desarrollo urbano estaba el Arq. Rodrigo Mejía Andrión; él ha sido el profesional del urbanismo que más esfuerzos ha dedicado para que logremos vivir en ciudades más humanas, más ordenadas, consiguiendo con ello mejor calidad de vida.
Panamá "La Vieja", la ciudad destruida por el inglés Henry Morgan, ya quedó muy distante de aquella que se trasladó al Casco Viejo. A su izquierda, en la Calzada de Amador, se ha desarrollado una actividad turística, envidia para todos los que nos visitan. En el medio surge una ciudad, que con el desarrollo de todos los nuevos edificios en la Avenida Balboa, se va a unir a lo construido en Punta Paitilla y que se termina en Punta Pacífica, y que sigue hacia Tocumen, y sus alrededores, pasando por Costa del Este y bordeando todos los límites de las áreas revertidas.
Esta ciudad, que para algunos está ya al borde del colapso urbanístico y cerca de la locura de ciudades como Caracas o Los Angeles, por la inexistencia de suficientes calles y avenidas que le permitan su desahogo, requiere de la inteligencia y astucia de muchos expertos para lograr su reordenamiento. Promoverlo le corresponde al Estado, pero es función de todos los ciudadanos colaborar en lo que sus posibilidades permitan para que podamos vivir en una ciudad mejor, más humana, con la mayor calidad de vida que podamos obtener. Inclusive, la misma Constitución Nacional en su Art. 17, al referirse a la obligación que tienen las autoridades, señala que están instituidas para protegerles en su vida, honra y bienes, y a garantizarles la efectividad de los derechos y deberes individuales y sociales.
Los panameños, y me refiero más que todos a aquellos que viven en urbes que como la capital, Colón y David, ya vamos sufriendo más de cerca los rigores de los interminables tranques, de la inexistencia de transporte público adecuado, de la carencia de instalaciones que permitan el desahogo social como lo son los parques y los campos de juego, debemos exigir el cumplimiento de esta nueva normativa, ya que la misma promueve el crecimiento armónico de los centros poblados. Promueve, como derecho humano de todo panameño, que tengamos una vida más sosegada, que se permita a todos salir a las 7 de la mañana de su casa y regresar a ella antes de la noche; no como ahora que para llegar a un sitio a las 8, hay que despertarse a las 4 de la mañana, para después regresar casi a la mitad de la noche. Eso simplemente no es vida, sobre todo para los que menos tienen, que son los más afectados.
La responsabilidad de esta nueva legislación es del Ministerio de Vivienda y los respectivos municipios; pero se obliga a ambos coordinar con el resto de las instituciones las acciones a tomar. Nos afecta a todos que haya jefes de oficinas públicas que piensen que le pertenecen y que no deben coordinar con nadie lo que hacen. Ya es hora que se penalice a quien no aprenda a trabajar en grupo; esas tonterías de algunos afectan a todos.
Lo que más me llama la atención de la Ley es el énfasis que se le pone a los espacios públicos: a aquellos que le pertenecen a todos los panameños. Esas áreas que cada vez se ven menos en los nuevos residenciales y que los que allí habitan requieren para poder respirar y vivir mejor. Esas áreas verdes que cada vez vemos menos pero que se convierten en pulmón de las ciudades. Siempre luché para que nos devolvieran la Zona del Canal, que injustamente se nos quitó en 1903. ¿Pero, nos hemos puesto a pensar lo que hubiera ocurrido en Panamá si todas esas áreas revertidas, que a más de 100 años conservan su verdor y la intensidad de sus bosques, hubiesen estado en manos de los panameños? Les voy a decir cómo hubieran quedado: Idénticas a todas aquellas que los antiguos gobernantes, subidos en algún cerro, simplemente decían, titulen hasta donde cae el sol. Hoy por lo menos nos ayudan a tener un verdadero pulmón entre las ciudades terminales de Panamá y Colón.
Ojalá que la nueva legislación, y las comisiones de estudio que de ella surjan, no sigan la suerte de gran parte de las comisiones instaladas en el presente gobierno. En esto se está jugando el futuro de los panameños para vivir mejor y poder obtener una mejor calidad de vida. Realmente que los merecemos.