Hay que mejorar las cárceles
Cuando el Ex Presidente de la República, Ernesto Pérez Balladares dispuso demoler la Cárcel Modelo en un acto que nos pareció un tanto espectacular, el país abrigó la esperanza de que todas las prisiones ubicadas a lo largo y ancho del territorio nacional se convertirían en verdaderos centros de rehabilitación y resocialización para beneficio de los miles de detenidos; que el Ministerio Público agilizaría la administración de justicia que tanto se necesita; que el personal responsable de la administración de estos centros carcelarios, sería debidamente seleccionado en cuanto a conocimientos en la materia y en responsabilidades, pero, dolorosamente, es muy poco o nada lo que se ha hecho al respecto y la situación del país en materia carcelaria, es insostenible y hace crisis que es dañina a los derechos humanos y a la tranquilidad de la nación.
Amotinamientos, fugas, reyertas con saldos trágicos, agregados a condiciones infrahumanas en que viven los detenidos, están a la orden del día en los centros penitenciarios de todo el país en espera de que una política gubernamental bien orientada, logre dar respuesta a esta realidad tan negativa.
Nuestro sistema carcelario está atrasado en muchos años atendiendo a las nuevas corrientes que exigen que el hombre que delinque, encuentre oportunidad para un cambio de actitud frente a la vida; a recibir capacitación y experiencia que le permitan vivir más dignamente; a ahondar en los principios de la convivencia humana. Las condiciones de nuestras cárceles son desastrosas por el hacinamiento y por la falta de condiciones higiénicas.
El detenido se ahoga entre rejas y reacciona lleno de odio y rebeldía, porque hasta a él no llega el respaldo moral y material del gobierno y de la sociedad, ni la justicia que debe ser expedita para decidir su suerte.
222La herencia de un sistema penitenciario represivo que imperó durante la dictadura militar, todavía se mantiene y por eso han sido inoperantes los proyectos de resocialización.
Es con mucha frecuencia que en nuestras cárceles se presentan hechos que todos tenemos que lamentar, y en la voz y el pensamiento de los detenidos siempre está presente la súplica de seres humanos por una mejor alimentación, por mejores condiciones higiénicas, por una justicia pronta y por la consideración y respeto que como seres humanos se merecen.
El problema del sistema carcelario es de muy vieja data, pero se ha agravado de manera alarmante a causa de la delincuencia y esta a su vez por los graves problemas socioeconómicos que enfrenta la nación.
Aunado a esto, la deficiencia en la administración de justicia por la falta de presupuesto y de personal, ha acrecentado, considerablemente, la mora judicial en perjuicio de los reos que deben permanecer recluidos en las cárceles a la espera de que se agilicen sus procesos.
La falta de verdaderos programas de rehabilitación y de readaptación traen como efecto directo el que los reclusos, contradictoriamente, sufran un daño irreparable en su aspecto psicológico, moral y social perdiendo todo respeto por la dignidad humana.
Esto se debe también a que no se le garantiza en ninguna medida, su condición de seres humanos, ni se les respeta sus derechos como tales. La herencia de un sistema penitenciario represivo que imperó durante la dictadura militar, todavía se mantiene y por eso han sido inoperantes los proyectos de resocialización.
Mientras no exista la disposición de adoptar una eficaz política criminal en la que intervenga no sólo el gobierno, sino la sociedad civil, no se podrá resolver nada. Por ello debe promoverse, en todo el país, campañas educativas donde se incentiven los valores familiares, morales, sociales, culturales tan trastocados hoy día.
Así se evitará el aumento desmedido de la delincuencia. También es importante que los centros carcelarios cuenten con personal idóneo (psicológos, trabajadores sociales, médicos) para adoptar efectivos programas de resocialización en pro de los delincuentes.
Amotinamientos, fugas, reyertas con saldos trágicos, agregados a condiciones infrahumanas en que viven los detenidos, están a la orden del día en los centros penitenciarios de todo el país en espera de que una política gubernamental bien orientada, logre dar respuesta a esta realidad tan negativa.
Nuestro sistema carcelario está atrasado en muchos años atendiendo a las nuevas corrientes que exigen que el hombre que delinque, encuentre oportunidad para un cambio de actitud frente a la vida; a recibir capacitación y experiencia que le permitan vivir más dignamente; a ahondar en los principios de la convivencia humana. Las condiciones de nuestras cárceles son desastrosas por el hacinamiento y por la falta de condiciones higiénicas.
El detenido se ahoga entre rejas y reacciona lleno de odio y rebeldía, porque hasta a él no llega el respaldo moral y material del gobierno y de la sociedad, ni la justicia que debe ser expedita para decidir su suerte.
222La herencia de un sistema penitenciario represivo que imperó durante la dictadura militar, todavía se mantiene y por eso han sido inoperantes los proyectos de resocialización.
Es con mucha frecuencia que en nuestras cárceles se presentan hechos que todos tenemos que lamentar, y en la voz y el pensamiento de los detenidos siempre está presente la súplica de seres humanos por una mejor alimentación, por mejores condiciones higiénicas, por una justicia pronta y por la consideración y respeto que como seres humanos se merecen.
El problema del sistema carcelario es de muy vieja data, pero se ha agravado de manera alarmante a causa de la delincuencia y esta a su vez por los graves problemas socioeconómicos que enfrenta la nación.
Aunado a esto, la deficiencia en la administración de justicia por la falta de presupuesto y de personal, ha acrecentado, considerablemente, la mora judicial en perjuicio de los reos que deben permanecer recluidos en las cárceles a la espera de que se agilicen sus procesos.
La falta de verdaderos programas de rehabilitación y de readaptación traen como efecto directo el que los reclusos, contradictoriamente, sufran un daño irreparable en su aspecto psicológico, moral y social perdiendo todo respeto por la dignidad humana.
Esto se debe también a que no se le garantiza en ninguna medida, su condición de seres humanos, ni se les respeta sus derechos como tales. La herencia de un sistema penitenciario represivo que imperó durante la dictadura militar, todavía se mantiene y por eso han sido inoperantes los proyectos de resocialización.
Mientras no exista la disposición de adoptar una eficaz política criminal en la que intervenga no sólo el gobierno, sino la sociedad civil, no se podrá resolver nada. Por ello debe promoverse, en todo el país, campañas educativas donde se incentiven los valores familiares, morales, sociales, culturales tan trastocados hoy día.
Así se evitará el aumento desmedido de la delincuencia. También es importante que los centros carcelarios cuenten con personal idóneo (psicológos, trabajadores sociales, médicos) para adoptar efectivos programas de resocialización en pro de los delincuentes.