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Hay que retaponear Darién


El llamado "tapón del Darién", esa maravillosa barrera vegetal de inmensa riqueza biológica con la que la naturaleza tan generosamente nos ha dotado, ha sido un celoso guardián, que a través de los años, nos ha protegido de los endémicos problemas de nuestra hermana República de Colombia. Este guardián, a veces menospreciado y constantemente debilitado por la deforestación, la colonización y el mal llamado progreso, nos ha prestado invaluables servicios a través de nuestra existencia.
¿ De cuánta violencia intestina colombiana nos ha librado nuestro celoso guardián? ¿Qué suerte hubiera corrido nuestro movimiento independentista, si los ejércitos de Colombia hubieran tenido paso expedito a través de Darién? ¿Cómo hubiéramos podido contener el bandolerismo que, eventualmente, ha desembocado en una guerra fratricida en Colombia? ¿Qué habría pasado con nuestra ganadería, si la fiebre aftosa hubiera tenido también paso franco por nuestra frontera darienita? ¿Y qué del contrabando, del tráfico de drogas y de indocumentados, sin la ayuda de nuestro eficiente guardián?
El desafortunado incidente del caserío de Nazaret, del cual todavía sabemos poco, ha venido ahora a exaltar nuestras pasiones y a nublar nuestro entendimiento. En las actuales circunstancias, usar lenguaje belicoso, amenazar con incurrir en gastos millonarios en armamentos y cuarteles, es un error garrafal y nos sitúa en el campo que dominan nuestros atacantes. Invocar la protección del presidente Pastrana no deja de ser un chiste cruel que poco positivo nos aportará.
Pretende sellar nuestra frontera selvática contra cualquier incursión foránea, es un ejercicio tan costoso como inútil, considerando que la nación más rica y poderosa del mundo (EU) no puede controlar su frontera con México, a pesar que ésta corre a lo largo de una zona accesible y totalmente despejada.
Debemos tener conciencia de que el gobierno colombiano ejerce presión para que nuestra zona fronteriza se "abra" y se integre a la región, en otras palabras, que se comience a destaponar Darién. Unirse por tierra a Panamá y por ende, a Centroamérica y el Norte, ha sido una legítima aspiración de Colombia. De allí las exhortaciones de eminentes colombianos al general Torrijos para que llevara la carretera Interamericana hasta la frontera colombiana. Panamá es la válvula de escape para Colombia que, proporciones guardadas, es EU para México. Puede ser que en un futuro lejano esta situación cambie, pero, definitivamente, éste no es el momento para buscar una mayor integración a Colombia.
Lo que Panamá debe hacer es poner la mayor distancia posible entre nosotros y el conflicto colombiano, y declarar una amplia zona de nuestra frontera darienita "patrimonio de la humanidad", creando un gran parque internacional dedicado a la protección de la ecología y la biodiversidad. Para lograr este proyecto, se relocalizarían los paupérrimos caseríos de la vecindad, cuidando de mejorar la calidad de vida de sus habitantes y agrupándolos en las comunidades funcionales y productivas. Como parte adicional, se desmantelaría todo aquello que pudiera tener utilidad para la guerrilla y se prohibiría toda actividad comercial, agrícola y forestal. Finalmente, dejaríamos que nuestro voraz bosque tropical reclame y recubra con su verde manto, todo lo que en un mal momento le fue robado. El costo de todo esto sería irrisorio comparado con lo que costaría la carrera armamentista que se está proponiendo.
Este altruista plan, bien pensado y bien llevado, le haría un gran bien a la maltrecha imagen de nuestro país, y hasta es posible que tengamos apoyo internacional para realizarlo.

101 años de Panamá América

 
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