Hay que ser honestos
En las oficinas públicas que llevan la campaña de ciertos candidatos se tiende a confundir el papel del periodista, al igual que hay periodistas que están equivocados con su relación con los políticos o los funcionarios públicos. El periodista no puede ser aliado ni servidor, sino investigador y fiscalizador.
Los periodistas debemos estar lo más desvinculados posible de la política partidista. Independiente, que como todo ciudadano tenemos derecho a participar o estar inscritos en partidos políticos, para efectos del lector, televidente o radioyente, le resta credibilidad si un periodista tiene vínculos políticos porque no podría desvincularse de esos intereses. Lo recomendable es no estar inscritos en partidos.
Si el público no le cree al comunicador social, eso es un problema grave, porque lo más preciado que tiene tanto él como el medio para el cual trabaja es su credibilidad.
El hecho de que las encuestas indiquen que hay instituciones a las cuales la población les cree más que a los periodistas, nos pone a reflexionar de que la política está metiendo sus narices y sus manos en los medios de comunicación. Eso le está haciendo daño al periodismo panameño.
Por otro lado, vemos cómo los políticos están participando o dirigiendo los programas de opinión, incluso en un mayor número que los periodistas. Aunque abogo por la libertad de expresión, los dueños de los medios parecieran tener una inclinación a favorecer las propuestas de los políticos a dirigir los programas que a los periodistas, con lo que se corre el riesgo que la gente no pueda distinguir cuándo se trata de un periodista o de un político.
Hay que ser honestos y autocríticos. Dentro del periodismo también corre la coima por parte de los políticos y de los empresarios que en determinado momento les interesa algo, y hay periodistas que caen.
En esto no hay excusas. No se puede justificar que por los salarios bajos el periodista acepte coimas o regalitos, porque se estaría justificando cualquier cosa.
También hay que señalar que se está ejerciendo presión sobre los periodistas, cuando estos no son complacientes, el gobierno o los funcionarios les cierran las puertas.
Hay privilegios que se le otorgan a los periodistas como placas, exoneraciones a multas o infracciones y licencias para mantenerlos controlados. Hay que empezar a romper con esas tradiciones que vienen desde el tiempo de la dictadura.
Los periodistas no podemos estar aceptando ser invitados a fiestas para agasajarnos en nuestro día o esperar que nos den regalos los ministerios, porque ¿con qué moral podemos después criticar o investigar la corrupción si somos parte de ella?
Los periodistas debemos estar lo más desvinculados posible de la política partidista. Independiente, que como todo ciudadano tenemos derecho a participar o estar inscritos en partidos políticos, para efectos del lector, televidente o radioyente, le resta credibilidad si un periodista tiene vínculos políticos porque no podría desvincularse de esos intereses. Lo recomendable es no estar inscritos en partidos.
Si el público no le cree al comunicador social, eso es un problema grave, porque lo más preciado que tiene tanto él como el medio para el cual trabaja es su credibilidad.
El hecho de que las encuestas indiquen que hay instituciones a las cuales la población les cree más que a los periodistas, nos pone a reflexionar de que la política está metiendo sus narices y sus manos en los medios de comunicación. Eso le está haciendo daño al periodismo panameño.
Por otro lado, vemos cómo los políticos están participando o dirigiendo los programas de opinión, incluso en un mayor número que los periodistas. Aunque abogo por la libertad de expresión, los dueños de los medios parecieran tener una inclinación a favorecer las propuestas de los políticos a dirigir los programas que a los periodistas, con lo que se corre el riesgo que la gente no pueda distinguir cuándo se trata de un periodista o de un político.
Hay que ser honestos y autocríticos. Dentro del periodismo también corre la coima por parte de los políticos y de los empresarios que en determinado momento les interesa algo, y hay periodistas que caen.
En esto no hay excusas. No se puede justificar que por los salarios bajos el periodista acepte coimas o regalitos, porque se estaría justificando cualquier cosa.
También hay que señalar que se está ejerciendo presión sobre los periodistas, cuando estos no son complacientes, el gobierno o los funcionarios les cierran las puertas.
Hay privilegios que se le otorgan a los periodistas como placas, exoneraciones a multas o infracciones y licencias para mantenerlos controlados. Hay que empezar a romper con esas tradiciones que vienen desde el tiempo de la dictadura.
Los periodistas no podemos estar aceptando ser invitados a fiestas para agasajarnos en nuestro día o esperar que nos den regalos los ministerios, porque ¿con qué moral podemos después criticar o investigar la corrupción si somos parte de ella?