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Hay un lugar para todos




El Panamá América

Eran aproximadamente las 10 p.m. y, en perfecto orden se encontraban sentadas en las afueras del templo de diseño oriental, cientos de personas entre hombres, mujeres y niños, todos pertenecientes a una religión de la cual conocemos muy poco, o absolutamente nada.
Se sentía en el ambiente, cargado de risas, mucha camaradería y sobre todo el deseo de compartir, algo especial entre los que practican el hinduismo.
Entre las largas hileras humanas, de más de 800 personas, habían algunas encargadas de repartir las bebidas y alimentos. Enormes bandejas con arroz, vegetales, así como dulces y refrescos, eran servidas a los comensales, quienes con gran deleite degustaban las viandas, al estilo típico de la India.
Sin embargo, los preparativos de ese festejo, definido por ellos como una reunión normal para compartir, donde una familia es la oferente para agasajar a cientos de personas, comienzan desde muy temprano. Los hombres se toman la cocina y son ellos los encargados de todo lo concerniente a las viandas, y las mujeres se dedican, en un aparte, a elevar plegarias a divinidades como Ram, Ganesh, Sita, Siva, Hannuman, adornando sus altares con flores y quemando esencias exóticas que impregnan el ambiente con agradables olores.
Otro grupo de mujeres de diferentes edades ejecuta cánticos religiosos acompañadas de extraños instrumentos musicales de corte oriental, sin inmutarse por la presencia de personas que, profesando otras creencias, acuden al templo ubicado de forma imponente en una altura próxima a la Vía Ricardo J. Alfaro.
Al lugar, según nos dijo Ramesh, un diligente congregado, no se le impide el acceso a nadie, siempre que guarde la compostura, respete las normas establecidas, y se tienda a la meditación.
Luego de la reunión de mujeres les toca el turno a los hombres, quienes con mucho respeto se dirigen a sus divinidades, exponiéndoles sus peticiones y necesidades desde lo más íntimo de su ser.
La calidez que siente el visitante, a pesar del impedimento del idioma, pues muchos de ellos sólo hablan hindi, se compensa en lo simple de este estilo de vida que destaca un solo dios y una sola raza: la humanidad, con un solo objetivo: el amor.

101 años de Panamá América

 
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