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Hechos, no palabras ("Res, non verba")


ALLÍ EN donde hay ausencia de acción, falta de destreza, habrá de suplir la diligencia. No nos podemos quedar quietos entre tanto suenan los truenos pregonando tormentas nacionales. Como decía Henri Bergson: "La contemplación es un lujo, mientras que la acción es una necesidad". Miserables son los que contemplan la vida y se apartan de las acciones que mueven, cual dinamo, al mundo entero.
Hemos entrado, tras el advenimiento del nuevo año, a un escenario de cuestiones importantes. Ningún panameño o ciudadano consciente puede quedarse al margen de participar en la toma de las decisiones que las mismas demandan. La opinión de los ciudadanos volverá a contar para los políticos. A veces la democracia me huele a burla y me suena a timbal de comparsa. El 2007 traduce para el Gobierno Nacional y para la oposición política una aproximación a los debates electorales, cuyos vientos auguran replanteamientos de viejos y hasta enmohecidos discursos: educación, salud, trabajo, vivienda, pobreza, transporte, seguridad ciudadana, seguridad y previsión social, el tratamiento a dispensar a las comunidades campesinas e indígenas, el problema de la delincuencia y el crimen organizado o globalizado, etc.
Yo, a nivel personal, previos diálogos y concordancias con mi hermano Ramiro, luego de haber dedicado varios ensayos o artículos de opinión al tema de la pobreza en nuestro medio, de estar pensando en los pobres, en las desgracias que se han sucedido, en el luto y dolor que han llenado los espacios vacíos de nuestra pobre gente pobre, queremos llamar al 2007 como el "Año de pensar y hacer lo bueno para los pobres".
Debe ser este año un término de acciones sin esperar a que el barco del progreso venga por uno, sino que tomemos un bote y rememos hacia él. Por eso es que sostengo que llevar una vida contemplativa es una verdadera miseria y, añado, también una gran desgracia. No hay que tener miedo a emprender planes y programas. Sólo los que sueñan con el claro horizonte que se oculta detrás de las inmensas y oscuras montañas pueden escalarlas y posesionarse de la Tierra Prometida.
El Gobierno y los partidos políticos ganarán o perderán credibilidad y legitimidad en la medida en que sepan recoger las banderas o proclamas de nuestros pobres. Pero no en el sentido demagogo del "estoy contigo", sino en el de la real y verdadera acción: "Entre tanto le enseñamos al hombre y a la mujer a pescar, bien podemos darle el pescado para que se alimente". No hay programa ni estrategia contra la pobreza que pueda funcionar a mediano ni a corto plazo. Se corre el riego que el pobre fenezca o muera con una enseñanza en la mano o un diploma en el pecho. Como escribí la semana pasada: ¿Cómo pedirle al hambriento que no se atore o que no coma tanto? Julio César decía: "Mientras me quede algo por hacer, no habré hecho nada". Nos queda mucho por hacer, de modo que lo que hasta aquí podamos haber hecho, quedará reducido a mínimas expresiones. Nunca será suficiente decir que: "se combate la pobreza". La efectiva y concreta acción de combatirla es determinante y decisiva. A los políticos hay que recordarle el pensamiento de Benjamín Franklin que advertía: "Hacer algo bien vale más que decirlo bien".
Basta de la jeringonza perversa y engañosa. Patraña vergonzosa es traficar el mal del pobre en discursos plagados de ilusiones que llevan la ponzoña de un virus mortal: no hacer nada por los pobres. Contemplar al pobre en su miseria y necesidad será algo grandemente pecaminoso por lo cual tendremos, de modo insoslayable, que rendir cuenta al Creador. Cristo lo dijo: Me visteis desnudo y no me disteis abrigo; hambriento y no me disteis de comer; preso y no me visitasteis en la cárcel.
Los empresarios constituyen un sector poderoso e importante que tiene mucho que decir y hacer por nuestra pobre gente pobre. La Iglesia está llamada a jugar un protagonismo en la defensa de los derechos de las grandes mayorías marginadas de la nación.
Los profesionales estamos en la obligación de impartir educación, cultura, ejemplaridad en todo, asistencia gratuita en nuestras respectivas especialidades para los sectores de escasos recursos. Debemos ponernos, aún en los juicios o procesos, al lado de los pobres.
Ojalá haya gente que se nos una en una gran campaña nacional en defensa de los pobres: por mejores días y oportunidades, carreteras y escuelas, casas; mejor modo de vida, mejor comida y salud. Que los ojos de nuestros niños y niñas, hombres y mujeres pobres, brillen de contento.
Al pobre lo alegra el contemplar la luna explayarse en el vasto firmamento, al rico lo alegra el incremento de su fortuna. Vale más el pobre en su alegría que el rico en su opulencia. La dicha del pobre está en que sabe vivir mejor que los ricos: Él cree, firmemente, que cuando muera pasará a mejor vida. El rico medita, con cierta paranoia, que: "Más fácil entra un camello por el ojo de una aguja que un rico al reino de los cielos".

101 años de Panamá América

 
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