Hechos y consecuencias
La Real Academia define la palabra "Historia" como la "narración y exposición verdadera de los acontecimientos pasados y casos memoriales. En sentido absoluto se toma por la relación de los sucesos públicos y políticos de los pueblos; pero también se da este nombre a la de sucesos, hechos o manifestaciones de la actividad humana de cualquiera otra clase". Así, todo acontecimiento previo que incide sobre la vida social, económica o cultural de un entorno tiene sus efectos sobre su población. Amerita, por consiguiente, tomar conciencia de las experiencias históricas, como proceso educativo, para fortalecer las conductas dirigidas a aminorar o a evitar la repetición de las ocurrencias negativas. En ese sentido, es oportuno señalar dos hechos específicos de hace 41 años: uno político, normal, y el otro técnico, atípico del urbanismo que marcó el patrón de crecimiento inorgánico de la ciudad de Panamá, independientemente de las restricciones que imponía la antigua Zona del Canal durante la última mitad del centenario del país.
El descuido urbanístico generó, entre otros, al menos tres serios problemas que hoy vive la ciudad: la circulación vehicular, los servicios públicos y la contaminación. Con el rápido crecimiento de cualquier ciudad, en previsión a su expansión futura, es norma política incorporar áreas colindantes. En esos casos son posibles al menos tres decisiones técnicas: 1) Restringir de inmediato todo tipo de desarrollo, respetando los existentes, hasta decidir en fecha posterior sobre los usos más convenientes a los intereses de la sociedad. 2) Conceder permisos transitorios para algunos usos como el agropecuario, parques -pasivos y/o activos- entre otros semejantes. 3) Definir los sectores de los grandes usos, según el caso, y diseñar la red vial principal que los integra. Dependiendo de la urgencia, en oportunidades, se procede con el diseño urbano en la preparación detallada de los planes de uno o más sectores. En todos los casos es necesario ejercer un control riguroso sobre los desarrollos.
La decisión política de extender los límites de la ciudad de Panamá está contenida en el Acuerdo No. 70 del 23 de junio de 1960. La técnica, para actuar conforme, según el Acuerdo 105B del 30 de junio de 1960, le correspondía al entonces Instituto de Vivienda y Urbanismo (hoy Ministerio de Vivienda, MIVI), que omitió la toma de una de las tres decisiones mencionadas. Como ente asesor responsable, por ley, tampoco cumplió con la disposición constitucional sobre Autonomía Municipal que autoriza a ordenar y administrar el desarrollo de estos territorios. Acción en este sentido hubiera incorporado automáticamente una de las tres decisiones normales para proceder conforme.
Debido a aquel descuido, se produjo un crecimiento desarticulado en el área incorporada a los nuevos límites de la ciudad, resultado de las improvisaciones incurridas por el incumplimiento del Acuerdo 105B, una disposición transitoria que duró 38 años hasta la preparación del Plan Metropolitano de Panamá en 1998. Consecuencia de ello, es la proliferación de usos no conformes y las urbanizaciones dormitorios -formales e informales- que albergan una población cada vez más creciente que procede del interior del país.
Los traslados diarios de esas áreas al centro de la ciudad generan por un lado, congestionamiento de tránsito vehicular a toda hora, una situación que se torna cada vez más intolerable. Por el otro, un transporte público que no guarda relación con la calidad y eficiencia requerida por una sociedad moderna. Sumado a ello, los servicios públicos deficientes o inexistentes, en algunos sectores, y la contaminación del entorno que se deteriora aceleradamente. Crítica es la red hidrográfica (ríos) de la ciudad. Los flujos, obstruidos por desechos y basuras de todo tipo causan inundaciones. Contaminados, desembocan en la Bahía de Panamá en sectores que eran predilectos de bañistas y de esparcimiento sano. Igual sucede con las descargas directas de sectores donde la densidad de población aumentó de manera dramática durante los últimos años.
No obstante aquellas realidades, el Municipio aprobó nuevos linderos de la ciudad, registrados en la Resolución No. 19-96 de 23 de febrero de 1996, sin tomar en consideración las experiencias previas.
Los costos de reparación del conjunto de problemas señalados se estiman en cientos de millones de balboas. De tener suerte en lograr los financiamientos requeridos, en estos tiempos de serias dificultades económicas del mundo, quedaremos gravados significativamente por muchos años. El Corredor Sur, un proyecto cuestionable en una pequeña ciudad, es un ejemplo reciente. Su elevado costo, sumada la entrega de terrenos compensatorios de alto valor, demandará de la población el pago de peajes durante más de un cuarto de siglo para cancelar esa deuda.
La historia es una fuente rica en experiencias que robustecen los conocimientos para alertar y regular conductas sucesivas; quien la ignora se condena a repetir los desaciertos y a pagar cara las reparaciones. Es una cuestión de hechos y consecuencias.
El descuido urbanístico generó, entre otros, al menos tres serios problemas que hoy vive la ciudad: la circulación vehicular, los servicios públicos y la contaminación. Con el rápido crecimiento de cualquier ciudad, en previsión a su expansión futura, es norma política incorporar áreas colindantes. En esos casos son posibles al menos tres decisiones técnicas: 1) Restringir de inmediato todo tipo de desarrollo, respetando los existentes, hasta decidir en fecha posterior sobre los usos más convenientes a los intereses de la sociedad. 2) Conceder permisos transitorios para algunos usos como el agropecuario, parques -pasivos y/o activos- entre otros semejantes. 3) Definir los sectores de los grandes usos, según el caso, y diseñar la red vial principal que los integra. Dependiendo de la urgencia, en oportunidades, se procede con el diseño urbano en la preparación detallada de los planes de uno o más sectores. En todos los casos es necesario ejercer un control riguroso sobre los desarrollos.
La decisión política de extender los límites de la ciudad de Panamá está contenida en el Acuerdo No. 70 del 23 de junio de 1960. La técnica, para actuar conforme, según el Acuerdo 105B del 30 de junio de 1960, le correspondía al entonces Instituto de Vivienda y Urbanismo (hoy Ministerio de Vivienda, MIVI), que omitió la toma de una de las tres decisiones mencionadas. Como ente asesor responsable, por ley, tampoco cumplió con la disposición constitucional sobre Autonomía Municipal que autoriza a ordenar y administrar el desarrollo de estos territorios. Acción en este sentido hubiera incorporado automáticamente una de las tres decisiones normales para proceder conforme.
Debido a aquel descuido, se produjo un crecimiento desarticulado en el área incorporada a los nuevos límites de la ciudad, resultado de las improvisaciones incurridas por el incumplimiento del Acuerdo 105B, una disposición transitoria que duró 38 años hasta la preparación del Plan Metropolitano de Panamá en 1998. Consecuencia de ello, es la proliferación de usos no conformes y las urbanizaciones dormitorios -formales e informales- que albergan una población cada vez más creciente que procede del interior del país.
Los traslados diarios de esas áreas al centro de la ciudad generan por un lado, congestionamiento de tránsito vehicular a toda hora, una situación que se torna cada vez más intolerable. Por el otro, un transporte público que no guarda relación con la calidad y eficiencia requerida por una sociedad moderna. Sumado a ello, los servicios públicos deficientes o inexistentes, en algunos sectores, y la contaminación del entorno que se deteriora aceleradamente. Crítica es la red hidrográfica (ríos) de la ciudad. Los flujos, obstruidos por desechos y basuras de todo tipo causan inundaciones. Contaminados, desembocan en la Bahía de Panamá en sectores que eran predilectos de bañistas y de esparcimiento sano. Igual sucede con las descargas directas de sectores donde la densidad de población aumentó de manera dramática durante los últimos años.
No obstante aquellas realidades, el Municipio aprobó nuevos linderos de la ciudad, registrados en la Resolución No. 19-96 de 23 de febrero de 1996, sin tomar en consideración las experiencias previas.
Los costos de reparación del conjunto de problemas señalados se estiman en cientos de millones de balboas. De tener suerte en lograr los financiamientos requeridos, en estos tiempos de serias dificultades económicas del mundo, quedaremos gravados significativamente por muchos años. El Corredor Sur, un proyecto cuestionable en una pequeña ciudad, es un ejemplo reciente. Su elevado costo, sumada la entrega de terrenos compensatorios de alto valor, demandará de la población el pago de peajes durante más de un cuarto de siglo para cancelar esa deuda.
La historia es una fuente rica en experiencias que robustecen los conocimientos para alertar y regular conductas sucesivas; quien la ignora se condena a repetir los desaciertos y a pagar cara las reparaciones. Es una cuestión de hechos y consecuencias.