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Héctor, el sacerdote de Santa Fe


Al conmemorarse un año más de la desaparición del Padre Héctor Gallego el 9 de junio de 2010, es oportuno recordar su amor y fidelidad por el ministerio sacerdotal. Como Jesucristo Buen Pastor dio la vida, él también la entregó por sus hermanos campesinos, los pobres de Santa Fe. El sacerdote que supo encarnar el Evangelio en su corazón. De la Palabra, de donde se inspiraba para servir y no ser servido, llega a trabajar con sus hermanos de Santa Fe.

Héctor Gallego el sacerdote que supo luchar con el arma de la Verdad. Arma que es capaz de debilitar el pensamiento de los hombres frente a sus intereses. La reflexión de la Palabra en cada reunión con las comunidades, y la Eucaristía como culmen en el trabajo del cristiano, hace de este Pastor, aquel hombre que se siente movido por el Espíritu a actuar a favor de los que no cuentan, mediante la predicación y el testimonio de vida. “El tratar de hacer de su existencia un ejemplo de lo que predicaba, y el querer siempre practicar primero en si mismo lo que decía, lo hace un hombre excepcional entre los hombres.”

El profeta que ante la miseria anuncia; ante la injusticia denuncia y ante el mal ataca, logra descubrir el porqué de las cosas. Ante el campesino de Santa Fe, el indio de las montañas, siente la necesidad de hacer despertar del sueño en el que están sumidos. Sus derechos, su libertad, pero sobre todo su dignidad de hijos de Dios, logra tener repercusión en la vida de muchos hermanos gracias al testimonio de vida, y su entrega innegable. Recorrió, como aquel maestro, “de un lugar a otro” por la atención espiritual, por la interiorización y predicación del Evangelio.

Aquella experiencia vivida por Héctor hace de su parroquia, una comunidad de comunidades a ejemplo de las primigenias, “acudían diariamente al templo con perseverancia y con un mismo espíritu. Partían el pan en las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón.” Hch 2,46.

Fue la imagen de hombre débil que describe su biografía, pero de profundo y fuerte amor al sacerdocio de Cristo. El Señor se ha servido de los humildes para confundir a los grandes.

Su comunión con el Obispo hace de él, una figura de verdadera comunión eclesial. El hombre que vive una interiorización profunda del misterio de Dios que es capaz de darse a los demás, sin importarle su propia vida. Es el verdadero amor, aquel que se da sin ninguna condición de raza, pueblo, lengua, religión, etc.

Su iluminación profunda de la realidad guiada a la luz del Evangelio, hace surgir un compromiso: aceptar la realidad o seguir viviendo en ella. Su razón y su fe lo hace capaz de trascender y leer los signos de los tiempos. Aquel que penetró en la memoria del pueblo panameño, en el campesino de Santa Fe, “penetró en el santuario una vez para siempre no con sangre de machos cabríos ni de novillos, sino con su propia sangre, consiguiendo una libertad definitiva”, igual que su Maestro a favor de sus hermanos. Hch 9,12.

Transcurrido 39 años de la desaparición del P. Héctor Gallego, que viva en nuestra memoria por siempre, su trabajo a favor del campesino y del hombre oprimido.

“Si desaparezco no me busquen, sigan la lucha”. Héctor está vivo.

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