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Héctor Gallego


A partir del 31 de diciembre de este año el Canal de Panamá se transformará en el blanco de una amenaza de la guerrilla colombiana, gracias a EU, y al alumno de sus escuelas militares, Omar Torrijos. Tal vez la incursión de los guerrilleros en Panamá haga que EU, Colombia y Panamá, activen el reloj de la "cuenta regresiva" para el cumplimiento del Tratado de Montería, que desde el 31 de diciembre permitirá al gobierno de Colombia transportar por la vía acuática "sus tropas, sus naves y materiales de guerra", y convertir así a Panamá en parte beligerante de una guerra ajena.
La política antinacional de Torrijos sólo pudo imponerse cuando derrocó en 1968, a Arnulfo Arias, quien quería pactar un Tratado no intervencionista con EU, y con la imposición de privilegios militares a EU y Colombia. Qué diferente fue el trato hacia nosotros, por parte de un buen colombiano que no vino a traer violencia, sino a concienciar a la población depauperada de Santa Fe, en un camino hacia la justicia social y la resistencia a la opresión. Hablo de Héctor Gallego, quien también se convirtió en un estorbo para la política antinacional de Torrijos y por ello fue asesinado.
En septiembre va a tomar posesión un gobierno que se proclama arnulfista, y en octubre se va a celebrar la Semana de Pastoral Social, (siempre inspirada en el legado de Héctor Gallego), bajo el tema de "Soberanía y equidad". Si los gobernantes quisieran retomar el camino de la soberanía (violada por el Tratado de Montería) y la justicia social aniquiladas en 1968, debieran saber que, por esos tiempos, Arnulfo anunció que el panameñismo pretendía "interamericanizar el nacionalismo" y negociar un "Tratado" con EU, y Héctor Gallego dijo (cinco días antes de su secuestro) que la Cooperativa de Santa Fe debía caminar junto a otros movimientos que buscaban un cambio de sistema a nivel mundial.
Antes de adentrarme más en este tema de la soberanía y equidad, quiero reiterar un llamado a los "Macho de Monte" que aún viven (Edilberto Del Cid, por ejemplo); a Tulio Córdoba; a los que aún están presos por la muerte de Gallego; al que confesó haber participado en la captura de Gallego; a la doctora pediatra De La Torre Arosemena que -según versiones de prensa- supo en la clínica del Cuartel, sobre Gallego moribundo; al piloto que vive (o vivía en Santiago); al ex mayor Pedro Ayala, por entonces Jefe del Escuadrón de Caballería y, en fin, a todos aquellos que participaron o supieron algo del crimen contra el sacerdote, que hablen. En 1994 un militar argentino confesó a un periodista, que durante la dictadura lanzó a personas al mar, y en 1998, un militar chileno confesó a otro periodista que, en tiempos de Pinochet, asesinó a un sacerdote por órdenes superiores. Ambos confesaron haber llevado una carga de conciencia que no podían seguir soportando.
Si quieren caminar hacia un cambio de sociedad, las nuevas generaciones deben interesarse por saber quién era Héctor Gallego. Hace años vengo haciendo ejercicio en el Parque que llaman "Omar", con una camiseta que luce el icono de Héctor Gallego. Un día que no me calcé la camiseta, una muchacha me preguntó en el "Parque Gallego": Disculpa, ¿Tú no tenías una camiseta el otro día con la imagen de..... como es que se llama....Che Guevara.....sí; que decía "Che Guevara vive"? No, le respondí, la camiseta decía "Héctor Gallego vive". Cuando le expliqué quién era Gallego, ella, interesada, recordó haber oído algo de un sacerdote que desaparecieron. Otro día un muchacho de esos que juegan fútbol, al ver mi camiseta, me gritó: "ºHéctor vive!", pero no demoró en precisar: "Héctor Lavoe está vivo", me dijo sonriendo y mirando el icono de mi camiseta. Me da risa recordar que él juraba que estaba viendo al cantante de salsa.
Mi generación creció bajo los vientos huracanados de la sociedad de consumo, la cultura de masas, la guerra psicológica y la represión de un militarismo entrenado para aniquilar al "enemigo interno". Veo a varios de mis amigos ex idealistas, malogrados por las drogas, el SIDA, el conformismo, y la angustia de existir en un mundo sin fe. Otros prefirieron desistir, aunque todavía calzan camisetas del Che, repasan algún libro de Trotsky, acuden a algún café de avanzada, escuchan a Lara, leen a Rimbaud, o tienen un nuevo CD de Led Zeppellin, pero hasta allí. Somos la generación del olvido. Ahora admitimos dócilmente la sociedad contra la que alguna vez nos rebelamos.
Imaginen ustedes si desde el 11 de octubre 1968 se hubiese iniciado la negociación de un Tratado que verdaderamente buscara la Neutralidad. Hoy Panamá podría apelar a una verdadera neutralidad reconocida por los países del mundo, para no convertirse en un eventual teatro de guerra.
No estaría obligada de tomar parte de esa guerra, como lo estará desde el final de este año con un Tratado de Montería. Imaginen los logros soberanos reforzados por los logros en equidad y justicia social impulsados desde la depauperada Santa Fe. Héctor Gallego inició la Cooperativa en mayo de 1968.
Cinco días antes de ser secuestrado, Héctor Gallego reveló los alcances del movimiento cooperativo en Santa Fe. A Héctor se le preguntó "¿Cómo te imaginas tú a Santa Fe cuando ya haya terminado el programa

101 años de Panamá América

 
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