Héctor Gallego, te seguimos buscando hasta el final
Hay "indicios fuertes" que determinan que la osamenta hallada en Tocumen corresponde a la de Héctor Gallego. Me pregunto si los comentaristas radiales afectos a la dictadura, que con tanta pompa hablan hoy del manejo de la información, consideran irresponsable publicar en la primera plana de un diario, la frase que antecede. Si es así se lo deberán decir al arzobispo de Panamá, Monseñor Dimas Cedeño. Cuando el Arzobispo dijo eso, ya habían transcurrido cuatro días desde que también dijo ante los medios, que hacía meses se había presentado una persona revelándole indicios que conducían a creer que posiblemente los restos enterrados en Tocumen correspondían a los de Héctor Gallego. ¿Era una irresponsabilidad publicar esas declaraciones? Claro que no. Pero si algunos papagallos matinales creen que la Iglesia era irresponsable, entonces que lo digan. Pero si no, entonces expliquen cómo pueden censurar el que un periodista se las ingenie para dar con ese testigo y dé a conocer a la ciudadanía lo que él había revelado a la Iglesia. A partir de esa revelación se generó en Panamá una duda razonable. Esto fue lo que mantuvo en vilo durante semanas a la ciudadanía, en espera de confirmar si se trataban o no de los restos del asesinado Héctor Gallego.
La Iglesia Católica, las hermanas del sacerdote, las autoridades judiciales y la población, en general, mantuvieron grandes esperanzas (truncadas décadas atrás, por los militares y sus defensores que hoy hablan en radio) de conocer la verdad en base a un testigo que dijo creer (no asegurar) que se trataba del padre Gallego. Ese testigo confió a la Iglesia Católica un secreto que conllevó a algo que era verdad: Allí había un cuerpo enterrado.
La revelación fue acompañada por una historia, que este servidor como periodista se las agenció para conocer, y por tanto retransmitir a la ciudadanía, que tenía todo el derecho de saberla. ¿Qué hubiera hecho alguno de los periodistas de la dictadura? Lo que siempre hicieron: ocultar la información por un lado, y defender a los criminales por el otro.
Lo que nos ha dicho ahora la prueba del ADN es que no se trata de los restos de Héctor. Pero esa prueba de ninguna manera nos podría hacer bajar la guardia en seguir insistiendo en que se investiguen los crímenes del militarismo, con su respectiva secuela de desaparecidos y asesinados. No hay que bajar la guardia para saber la verdad. La guardia que siempre hubo que bajar para saber la verdad, era la Guardia Nacional. Ningún comentarista radial puede negar que las más altas jefaturas de ese cuerpo armado fueron las responsables, primero de la desaparición de Héctor Gallego, y segundo de que los hechos de tal crimen no se conocieran. Así lo dijo la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA en 1978: "El gobierno de Panamá no efectuó una investigación imparcial y exhaustiva" del caso Gallego. Lo que dice la OEA atribuye a Omar Torrijos algo más que una responsabilidad histórica por la desaparición de Héctor Gallego ¿No?. Hay un militar por allí que decía que la responsabilidad estaba en las autoridades civiles de la época. La misma Comisión de la OEA precitada, dijo que el hecho que el gobierno de ese entonces no hubiese practicado una investigación imparcial "pone de manifiesto
La Iglesia Católica, las hermanas del sacerdote, las autoridades judiciales y la población, en general, mantuvieron grandes esperanzas (truncadas décadas atrás, por los militares y sus defensores que hoy hablan en radio) de conocer la verdad en base a un testigo que dijo creer (no asegurar) que se trataba del padre Gallego. Ese testigo confió a la Iglesia Católica un secreto que conllevó a algo que era verdad: Allí había un cuerpo enterrado.
La revelación fue acompañada por una historia, que este servidor como periodista se las agenció para conocer, y por tanto retransmitir a la ciudadanía, que tenía todo el derecho de saberla. ¿Qué hubiera hecho alguno de los periodistas de la dictadura? Lo que siempre hicieron: ocultar la información por un lado, y defender a los criminales por el otro.
Lo que nos ha dicho ahora la prueba del ADN es que no se trata de los restos de Héctor. Pero esa prueba de ninguna manera nos podría hacer bajar la guardia en seguir insistiendo en que se investiguen los crímenes del militarismo, con su respectiva secuela de desaparecidos y asesinados. No hay que bajar la guardia para saber la verdad. La guardia que siempre hubo que bajar para saber la verdad, era la Guardia Nacional. Ningún comentarista radial puede negar que las más altas jefaturas de ese cuerpo armado fueron las responsables, primero de la desaparición de Héctor Gallego, y segundo de que los hechos de tal crimen no se conocieran. Así lo dijo la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA en 1978: "El gobierno de Panamá no efectuó una investigación imparcial y exhaustiva" del caso Gallego. Lo que dice la OEA atribuye a Omar Torrijos algo más que una responsabilidad histórica por la desaparición de Héctor Gallego ¿No?. Hay un militar por allí que decía que la responsabilidad estaba en las autoridades civiles de la época. La misma Comisión de la OEA precitada, dijo que el hecho que el gobierno de ese entonces no hubiese practicado una investigación imparcial "pone de manifiesto