Héctor: Vivencia y propuesta
Gallego era portador de una propuesta humanizadora de inspiración cristiana, humanista e incluyente, sólo viable a través de un profundo compromiso con la gente pobre del campo. Eso le costó la vida.
NO ME CANSO de mirar los pedazos de papel donde resumí algunas de las conclusiones de un seminario realizado en las montañas de Veraguas hace muchos años. Con tinta azul y letra presurosa anoté algunas de las ideas de un grupo de campesinos y el padre Héctor Gallego, meses antes de la desaparición del sacerdote el 9 de junio 1971. Cito: "El objetivo de nuestra lucha es el concienciar a las personas para que reconozcan sus derechos. Nosotros los campesinos, debemos ser conscientes para así ayudar a otros también a serlo. Debemos usar el diálogo para concienciar, así cambiar la situación y la mentalidad del hombre y la mujer".
Se preguntaban cuál era la razón para proponerse esa concienciación. Y expresaban: "Porque sentimos la necesidad en que vivimos. Para que haya un cambio en la sociedad, y las personas puedan vivir como seres humanos.
Porque hemos considerado los problemas y vemos la necesidad que se terminen los atropellos, para ayudar a que nos desarrollemos como personas humanas. El hombre y la mujer son personas y no instrumentos, y la sociedad actual no nos permite desarrollarnos plenamente. ¿Para qué cambiar esa mentalidad? Para llegar a una sociedad junta que considere a la persona humana por lo que es y no por lo que tiene. Donde el dinero sea un medio y no un fin.
Necesitamos que se reconozcan nuestros derechos y luchar contra las injusticias, que se reconozcan nuestros valores y la igualdad entre los hombres".
Para los campesinos y Héctor, ¿qué era el dinero en la sociedad de hoy?: "Es un fin, el dios dinero se usa para esclavizar y humillar, y nos somete. ¿Qué debería ser el dinero? Un medio para desarrollarnos como persona y no para explotarnos, un medio para vivir dignamente". ¿Cómo concienciar, en qué forma?: "Dialogando cuando se presentan oportunidades para que se reconozcan nuestros derechos. Conocer y analizar la situación actual y sus causas. Ver cómo quisiéramos que fuese. Hacer un plan de acción. Evaluar nuestra acción".
¿Hay algo de falso en estas ideas? ¿Son semillas nefastas? ¿O no son más bien la aplicación el mensaje evangélico, la declaración universal de los derechos humanos, y todos los avances de dignificación humana en la cruda realidad de los campesinos de Santa Fe? Por estas ideas murió Héctor Gallego, por la promoción cristiana y social del campesino.
La experiencia campesina rural de Veraguas y la de San Miguelito en lo urbano, impulsan el desarrollo de un esfuerzo de pastoral rural, en especial de la Iglesia Católica, y en menor grado, de otras religiones. El trabajo se centra en las CEB o comunidades eclesiales de base, el trabajo de los delegados de la palabra, catequistas, y madres maestras en todo el país con diversos énfasis, niveles y dimensiones. En los mejores casos las características son: El desarrollo de una percepción crítica de lo social articulada a partir de categorías religiosas. En los dirigentes formados más sistemáticamente se advierte mayor claridad en cuanto análisis de las raíces de los problemas, como expresa André Opazos: "...La conciencia de tipo ético-religioso que se observa como predominante, se muestra eficaz en su capacidad de organizar la experiencia vivida de los campesinos y movilizarlos hacia luchas comunitarias que pueden tener la capacidad de proyectarse políticamente".
La identidad popular campesina de las comunidades y movimientos. La existencia en ellas de prácticas sociales y políticas inspiradas en valores religiosos.
Las formas de organización son las comunidades como base fundamental, sistemas de responsables e instancias de coordinación, y procesos intensivos de formación a varios niveles. Sólo una parte de esta amplia cobertura de pastoral rural y social logra convertirse en movimiento campesino propiamente dicho. En muchas áreas la iglesia fortalece movimientos que quedan limitados a ser base comunitaria cristiana, pero sin capacidad de autonomía para acoplarse en la movilización reivindicativa. Cuando sucede es en espacios donde confluyen poblaciones empobrecidas con estructuras eclesiásticas de visión pastoral avanzada. Existen organizaciones campesinas que se desarrollan, sobre todo en los "80 y "90 logrando buenos niveles organizativos, formativos y de acción reivindicativa. A lo interno, siguen manteniendo la participación y democracia interna de sus orígenes.
Mantienen el trabajo cooperativo como actividad importante. Su posición es muy solidaria con las luchas de otros sectores, en especial indígenas, obreros. Sus demandas hacia el Estado se ubican en problemas de tenencia de tierras, factores productivos, servicios públicos como caminos, educación y salud. Muchas de las demandas no son satisfechas por la falta de inversiones del Estado en estos rubros y la desatención hacia estas regiones.
La acción pastoral de la Iglesia es un apoyo en cobertura y negociación frente al Estado, por ejemplo en su momento la Carta Pastoral Tierra de Todos, Tierra de Paz de la Iglesia de Colón, Darién y Kuna Yala, es expresión de esta actitud hacia los movimientos campesinos cristianos en su proceso de maduración. Estos movimientos se declaran independientes de partidos políticos, y no aceptan manipulaciones. Pero a nivel general, el poder real que tiene el campesinado panameño para proponer alternativas y negociarlas con el Estado, es más una posibilidad ahora que una realidad. Depende de la unidad interna y de los procesos de concertación campesinas primero, y luego, con otras fuerzas nacionales, dada la debilidad estructural del campo en la sociedad panameña.
Los productores campesinos tienen que lograr que su tema entre en la agenda grande, la de los temas importantes, y ganar un espacio para un área históricamente relegada. Ya estando en agenda tienen que ampliar espacios para la concepción del desarrollo que se quiere para el país. Es decir, ¿por qué, cómo desarrollar un programa de seguridad alimentaria, transformación productiva agraria para un país con énfasis terciario? Los campesinos (as) no lograrán esta hegemonía si no consiguen superan la atomización de las comunidades, la división legada de contradicciones anteriores, y la movilización activa y cada vez más consciente de la población rural, pero articulándose con las otras expresiones sociales de la realidad panameña.
Gallego era portador de una propuesta humanizadora de inspiración cristiana, humanista e incluyente, sólo viable a través de un profundo compromiso con la gente pobre del campo. Eso le costó la vida. Fue visto como un peligro para los intereses creados. Su desaparición generó consecuencias de diversos tipo, pero el mensaje que encarnó está vivo hoy en muchas ideas, propuestas y compromisos. No lo olvidemos.
raulleisr@hotmail.com
NO ME CANSO de mirar los pedazos de papel donde resumí algunas de las conclusiones de un seminario realizado en las montañas de Veraguas hace muchos años. Con tinta azul y letra presurosa anoté algunas de las ideas de un grupo de campesinos y el padre Héctor Gallego, meses antes de la desaparición del sacerdote el 9 de junio 1971. Cito: "El objetivo de nuestra lucha es el concienciar a las personas para que reconozcan sus derechos. Nosotros los campesinos, debemos ser conscientes para así ayudar a otros también a serlo. Debemos usar el diálogo para concienciar, así cambiar la situación y la mentalidad del hombre y la mujer".
Se preguntaban cuál era la razón para proponerse esa concienciación. Y expresaban: "Porque sentimos la necesidad en que vivimos. Para que haya un cambio en la sociedad, y las personas puedan vivir como seres humanos.
Porque hemos considerado los problemas y vemos la necesidad que se terminen los atropellos, para ayudar a que nos desarrollemos como personas humanas. El hombre y la mujer son personas y no instrumentos, y la sociedad actual no nos permite desarrollarnos plenamente. ¿Para qué cambiar esa mentalidad? Para llegar a una sociedad junta que considere a la persona humana por lo que es y no por lo que tiene. Donde el dinero sea un medio y no un fin.
Necesitamos que se reconozcan nuestros derechos y luchar contra las injusticias, que se reconozcan nuestros valores y la igualdad entre los hombres".
Para los campesinos y Héctor, ¿qué era el dinero en la sociedad de hoy?: "Es un fin, el dios dinero se usa para esclavizar y humillar, y nos somete. ¿Qué debería ser el dinero? Un medio para desarrollarnos como persona y no para explotarnos, un medio para vivir dignamente". ¿Cómo concienciar, en qué forma?: "Dialogando cuando se presentan oportunidades para que se reconozcan nuestros derechos. Conocer y analizar la situación actual y sus causas. Ver cómo quisiéramos que fuese. Hacer un plan de acción. Evaluar nuestra acción".
¿Hay algo de falso en estas ideas? ¿Son semillas nefastas? ¿O no son más bien la aplicación el mensaje evangélico, la declaración universal de los derechos humanos, y todos los avances de dignificación humana en la cruda realidad de los campesinos de Santa Fe? Por estas ideas murió Héctor Gallego, por la promoción cristiana y social del campesino.
La experiencia campesina rural de Veraguas y la de San Miguelito en lo urbano, impulsan el desarrollo de un esfuerzo de pastoral rural, en especial de la Iglesia Católica, y en menor grado, de otras religiones. El trabajo se centra en las CEB o comunidades eclesiales de base, el trabajo de los delegados de la palabra, catequistas, y madres maestras en todo el país con diversos énfasis, niveles y dimensiones. En los mejores casos las características son: El desarrollo de una percepción crítica de lo social articulada a partir de categorías religiosas. En los dirigentes formados más sistemáticamente se advierte mayor claridad en cuanto análisis de las raíces de los problemas, como expresa André Opazos: "...La conciencia de tipo ético-religioso que se observa como predominante, se muestra eficaz en su capacidad de organizar la experiencia vivida de los campesinos y movilizarlos hacia luchas comunitarias que pueden tener la capacidad de proyectarse políticamente".
La identidad popular campesina de las comunidades y movimientos. La existencia en ellas de prácticas sociales y políticas inspiradas en valores religiosos.
Las formas de organización son las comunidades como base fundamental, sistemas de responsables e instancias de coordinación, y procesos intensivos de formación a varios niveles. Sólo una parte de esta amplia cobertura de pastoral rural y social logra convertirse en movimiento campesino propiamente dicho. En muchas áreas la iglesia fortalece movimientos que quedan limitados a ser base comunitaria cristiana, pero sin capacidad de autonomía para acoplarse en la movilización reivindicativa. Cuando sucede es en espacios donde confluyen poblaciones empobrecidas con estructuras eclesiásticas de visión pastoral avanzada. Existen organizaciones campesinas que se desarrollan, sobre todo en los "80 y "90 logrando buenos niveles organizativos, formativos y de acción reivindicativa. A lo interno, siguen manteniendo la participación y democracia interna de sus orígenes.
Mantienen el trabajo cooperativo como actividad importante. Su posición es muy solidaria con las luchas de otros sectores, en especial indígenas, obreros. Sus demandas hacia el Estado se ubican en problemas de tenencia de tierras, factores productivos, servicios públicos como caminos, educación y salud. Muchas de las demandas no son satisfechas por la falta de inversiones del Estado en estos rubros y la desatención hacia estas regiones.
La acción pastoral de la Iglesia es un apoyo en cobertura y negociación frente al Estado, por ejemplo en su momento la Carta Pastoral Tierra de Todos, Tierra de Paz de la Iglesia de Colón, Darién y Kuna Yala, es expresión de esta actitud hacia los movimientos campesinos cristianos en su proceso de maduración. Estos movimientos se declaran independientes de partidos políticos, y no aceptan manipulaciones. Pero a nivel general, el poder real que tiene el campesinado panameño para proponer alternativas y negociarlas con el Estado, es más una posibilidad ahora que una realidad. Depende de la unidad interna y de los procesos de concertación campesinas primero, y luego, con otras fuerzas nacionales, dada la debilidad estructural del campo en la sociedad panameña.
Los productores campesinos tienen que lograr que su tema entre en la agenda grande, la de los temas importantes, y ganar un espacio para un área históricamente relegada. Ya estando en agenda tienen que ampliar espacios para la concepción del desarrollo que se quiere para el país. Es decir, ¿por qué, cómo desarrollar un programa de seguridad alimentaria, transformación productiva agraria para un país con énfasis terciario? Los campesinos (as) no lograrán esta hegemonía si no consiguen superan la atomización de las comunidades, la división legada de contradicciones anteriores, y la movilización activa y cada vez más consciente de la población rural, pero articulándose con las otras expresiones sociales de la realidad panameña.
Gallego era portador de una propuesta humanizadora de inspiración cristiana, humanista e incluyente, sólo viable a través de un profundo compromiso con la gente pobre del campo. Eso le costó la vida. Fue visto como un peligro para los intereses creados. Su desaparición generó consecuencias de diversos tipo, pero el mensaje que encarnó está vivo hoy en muchas ideas, propuestas y compromisos. No lo olvidemos.
raulleisr@hotmail.com