Heliodoro Portugal y el perdón de Martinelli
El perdón ofrecido por el presidente de la República, Ricardo Martinelli Berrocal, a la familia del desaparecido dirigente Heliodoro Portugal, constituye uno de los actos más saludables y dignos que registra la moral pública en los últimos años. No importa que no haya sido este gobierno el ejecutor de semejante barbaridad; tampoco que Martinelli no haya estado por allí cerca cuando ocurrieron los hechos. Lo importante es que su perdón es una censura contundente a una acción nefasta del Estado, ejecutado por una clase política que, con la acción de Martinelli, reconoce sus errores y admite la necesidad de no incurrir nuevamente en este tipo de práctica. Martinelli se lleva el mérito de la entereza que se desprende del cuestionamiento a este tipo de crímenes y abre paso para otros perdones necesarios. Sobre la mesa quedan los familiares de Héctor Gallego, Rita Wald, Betsy Mendizábal, Jorge Falconett, Hugo Spadafora, Jorge Camacho y los de otros muchos desaparecidos y asesinados por la dictadura militar, que no encuentran aún paz en su sepultura. Ver a Patria Portugal recibir el perdón del Presidente mueve a la emoción, porque en el trasfondo de la escena parecía verse el día aquel en que, en medio del asombro y la incredulidad de los parroquianos, su padre era sacado del Café Coca Cola en Santa Ana e introducido en un auto, para no ser visto jamás. Pero Heliodoro Portugal regresó el jueves de la semana que concluye, en los brazos satisfechos de su hija y en la acción humana y justa del presidente Ricardo Martinelli.