Henri Bergson (1850-1941)
A este filósofo francés bien podríamos llamarlo El místico, por su gran pureza espiritual y su estrecho acercamiento a Dios, al que consideraba el centro de todo lo bueno y lo creado.
Él argumentaba que la única y mejor forma de acercarse al Todopoderoso, y aún para alcanzarlo, es mediante el misticismo. Y sostenía que en el conglomerado social universal existían dos tipos de moral: La estática que impone la sociedad sin esfuerzo ni iniciativa, y la moral dinámica que es la del espíritu de sacrificio y la caridad. Y agregaba que el único medio de alcanzar a Dios es el misticismo.
En cuanto a la moral estática, añadimos nosotros, ésta conduce al cinismo. Este se está convirtiendo en nuestro medio en plaga generalizándose por lo mucho que la observamos a diario. Según nuestro concepto, el cinismo es el estado anímico de un ser desvergonzado que hace alarde de su condición.
Volviendo a Bergson, podría decirse de él que era la pureza hecha carne.
En sus postrimerías llevó una vida de recogimiento y meditación comparable con Buda. Para entonces sólo trataba con aquellas personas a quienes pudiera ayudar en algo. Eso lo justificaba diciendo que tras pasar muchos años en búsqueda de la verdad, había llegado a convencerse de que lo mejor que puede hacerse en la vida es ejercer la bondad.
Alguien le preguntó: -"¿Y la belleza?".
Y respondió:
-"En esto ya no hay elección posible. La belleza es un don de las hadas, y la creación de belleza me ha dado siempre la impresión de un milagro.