Henry Morton Stanley 1841 – 1904
Este fue un grumete inglés que llegó a los Estados Unidos de América en 1858 donde se radicó y cuya nacionalidad al cabo de algunos años, adoptó.
En 1868 había estado en Etiopía como corresponsal del diario New York Herald. En aquellos días hubo muchas conjeturas con repercusiones, tanto en la prensa inglesa como en la norteamericana sobre el paradero de un médico misionero inglés, David Livingstone, quien había partido hacia el Africa y transcurrieron años sin que se supiera de él.
Al director del diario se le ocurrió que como Stanley había vivido en Africa, podría encargársele de descubrir el paradero del médico extraviado si era que aún vivía, y así lo hizo.
La tarea era titánica dada la inmensidad del territorio africano, pero Stanley aceptó el reto. Partió hacia allá en el mes de marzo de 1871 y en el mes de noviembre de 1872 encontró sano y salvo al médico en una remota región llamada Ujiji con lo cual se cubrió de gloria y fue objeto de grandes honores.
También hubo otro médico misionero inglés cuyo nombre no hemos podido recordar, pero sí de una anécdota suya. A éste se le presentó un día un nativo a solicitarle, con mucha vehemencia, que le rejuveneciera a su mujer. Desde luego, la respuesta fue: - Lo siento mucho, pero eso no es posible.- Por favor, doctor, haga lo que pueda, aunque el resultado no dure más de unos dos o tres días, porque quiero venderla.