Herencias fatídicas
Durante la inolvidable era de la dictadura militar, que tanto daño hizo al país, y tantas malas costumbres nos dejó, sucedía un fenómeno digno de recordar. A medida que pasaba el tiempo y el gobierno se sentaba en sus bases que les permitió gobernar durante 21 años, la gente, que por naturaleza se acostumbra a todo, se hizo a la idea inevitable que, quienes gobernaban eran los militares y que los civiles eran meras figuritas decorativas. Fue así como cada vez que algo sucedía o dejaba de suceder o alguien deseaba conseguir algo del gobierno acudía, en un principio, a los civiles.
Poco a poco nos dimos cuenta de que los civiles no gobernaban ni mandaban y que sólo cumplían órdenes, por lo que comprendimos dónde estaba el poder verdadero. Entonces, los panameños empezamos a recurrir a los militares para solucionar los problemas y éstos fueron reforzándose más y más.
Recuerdo que a mí me pasó en la Asociación Médica Nacional cuando tuve un problemita con una alta autoridad de Salud. No pudimos llegar a un arreglo hasta que intervino un militar que me llamó para preguntarme qué sucedía. Interpuso sus buenos oficios y se arregló la polémica. Y así era todo en el país hasta que fue centralizándose el poder en un solo edificio y en una sola casta. De allí en adelante todo fue igual.
Pues resulta que esa herencia fatídica que nos legaron los militares, parece que continúa en el presente. Ahora estamos en democracia, quienes gobiernan son civiles, pero la costumbre del panameño es centralizar todo en la Sra. Presidenta. Pareciera que los ministros o directores de entidades no fueran capaces de solucionar los problemas de Estado, pareciera que los panameños tuvieran la tragedia de depender de una sola persona que, por lógica no puede estar en todo a la vez.
Cuando hay alguien que es cabeza, gobierna, manda y, como dice un amigo, si se equivoca vuelve a mandar; decide, en último término, lo que hacer en tal o cual circunstancia; necesita estar enterado de lo que sucede en su terreno, pero no puede darle solución a todito, todito. El ejemplo lo tenemos cuando vemos que, si un grupo de ciudadanos cierra una calle buscando llamar la atención a lo que los aqueja, quieren que la Presidenta se presente. Si hay una manifestación, van a la Presidencia buscando hablar con la persona que les solucionará el problema.
¿Es que nadie de más abajo puede hacerlo? ¿Es que no tienen poder de decisión? ¿Será que el pueblo se ha dado cuenta de que abajo no hay autoridad y buscan más arriba en su desesperación? Pero, esas autoridades también son responsables porque si arreglan una calle no dicen que lo hizo el MOP. No, dicen que la Presidenta arregló la calle. ¿Qué es, lambonería, inseguridad en su trabajo o en su capacidad? No creo que la Sra. Mireya haya dado esa orden. Lo hacen para quedar bien con ella y así se va centrando más y más el poder en la presidencia, situación peligrosa si se trata de una persona con tendencias autoritarias. Por suerte no es el caso, pero eso lo vimos parcialmente con el Dr. Pérez Balladares.
Se corre el peligro de que se endiosen los presidentes, que se tomen en serio el poder que se les ha dado y abusen de él. Es peligrosa esa costumbre que hemos tomado. Yo haría un llamado a las autoridades para que ocupen su lugar y ejerzan su autoridad; y a los panameños que aprendamos a acudir donde debemos y aflojen a la Presidenta un poco para que tenga tiempo de ocuparse de asuntos más importantes. Se hace necesario descentralizar un poco más el sistema presidencialista. Pero, si nosotros tenemos la culpa, no nos quejemos después; nosotros mismos hacemos la circunstancia y la creamos; pues, entonces, nos tenemos que callar.
Hago un llamado a las autoridades y a los panameños para que enmendemos la situación y terminemos con la centralización de poder. Que los ministros ejerzan su autoridad igual que los directores y le quiten trabajo inútil a la Sra. Presidenta.
Poco a poco nos dimos cuenta de que los civiles no gobernaban ni mandaban y que sólo cumplían órdenes, por lo que comprendimos dónde estaba el poder verdadero. Entonces, los panameños empezamos a recurrir a los militares para solucionar los problemas y éstos fueron reforzándose más y más.
Recuerdo que a mí me pasó en la Asociación Médica Nacional cuando tuve un problemita con una alta autoridad de Salud. No pudimos llegar a un arreglo hasta que intervino un militar que me llamó para preguntarme qué sucedía. Interpuso sus buenos oficios y se arregló la polémica. Y así era todo en el país hasta que fue centralizándose el poder en un solo edificio y en una sola casta. De allí en adelante todo fue igual.
Pues resulta que esa herencia fatídica que nos legaron los militares, parece que continúa en el presente. Ahora estamos en democracia, quienes gobiernan son civiles, pero la costumbre del panameño es centralizar todo en la Sra. Presidenta. Pareciera que los ministros o directores de entidades no fueran capaces de solucionar los problemas de Estado, pareciera que los panameños tuvieran la tragedia de depender de una sola persona que, por lógica no puede estar en todo a la vez.
Cuando hay alguien que es cabeza, gobierna, manda y, como dice un amigo, si se equivoca vuelve a mandar; decide, en último término, lo que hacer en tal o cual circunstancia; necesita estar enterado de lo que sucede en su terreno, pero no puede darle solución a todito, todito. El ejemplo lo tenemos cuando vemos que, si un grupo de ciudadanos cierra una calle buscando llamar la atención a lo que los aqueja, quieren que la Presidenta se presente. Si hay una manifestación, van a la Presidencia buscando hablar con la persona que les solucionará el problema.
¿Es que nadie de más abajo puede hacerlo? ¿Es que no tienen poder de decisión? ¿Será que el pueblo se ha dado cuenta de que abajo no hay autoridad y buscan más arriba en su desesperación? Pero, esas autoridades también son responsables porque si arreglan una calle no dicen que lo hizo el MOP. No, dicen que la Presidenta arregló la calle. ¿Qué es, lambonería, inseguridad en su trabajo o en su capacidad? No creo que la Sra. Mireya haya dado esa orden. Lo hacen para quedar bien con ella y así se va centrando más y más el poder en la presidencia, situación peligrosa si se trata de una persona con tendencias autoritarias. Por suerte no es el caso, pero eso lo vimos parcialmente con el Dr. Pérez Balladares.
Se corre el peligro de que se endiosen los presidentes, que se tomen en serio el poder que se les ha dado y abusen de él. Es peligrosa esa costumbre que hemos tomado. Yo haría un llamado a las autoridades para que ocupen su lugar y ejerzan su autoridad; y a los panameños que aprendamos a acudir donde debemos y aflojen a la Presidenta un poco para que tenga tiempo de ocuparse de asuntos más importantes. Se hace necesario descentralizar un poco más el sistema presidencialista. Pero, si nosotros tenemos la culpa, no nos quejemos después; nosotros mismos hacemos la circunstancia y la creamos; pues, entonces, nos tenemos que callar.
Hago un llamado a las autoridades y a los panameños para que enmendemos la situación y terminemos con la centralización de poder. Que los ministros ejerzan su autoridad igual que los directores y le quiten trabajo inútil a la Sra. Presidenta.