default

Héroes o fiascos


Dos figuras públicas de nuestro país tienen mucho en común: el director de la Caja de Seguro Social, Juan Jované y el alcalde de la ciudad capital, Juan Carlos Navarro. Ambos poseen una ambiciosa agenda política y no pueden disimular sus ansias de escalar los más altos niveles del poder.
Los dos han invertido ingentes recursos en construirse una imagen de hombres eficientes, con miras a alcanzar sus objetivos, pero en realidad han resultado pésimos administradores de las instituciones que dirigen.
Juan Jované disimula los graves problemas administrativos de su gestión con un discurso populista muy atractivo a los sectores izquierdistas que lo apoyan. Sin embargo, durante su administración los ingresos de la CSS han caído 11%, mientras que los gastos han aumentado en 12%, dando por resultado una crisis de liquidez que, a su vez, ha producido demoras sustanciales en los pagos a los proveedores de medicinas de la institución. Estos no le despachan a la CSS porque les deben facturas vencidas desde hace más de un año. He aquí la verdadera causa de la notoria escasez de medicamentos que en este momento afecta a los beneficiarios.
El aumento en el gasto no se ha hecho con la intención de mejorar la atención al usuario. Jované simplemente ha nombrado a casi 5,000 nuevos funcionarios en la institución para complacer a su base política, aumentando el personal en 32% y el gasto de la planilla en 37%, con los dineros de los cotizantes.
La dureza de las expresiones públicas de Jované cuando asegura, cual Quijote de lustrosa armadura, que impedirá a toda costa la privatización de la Caja de Seguro Social, contrasta con la debilidad que ha demostrado cada vez que el gobierno de Mireya Moscoso le pide recursos de la institución para cubrir los déficits frecuentes de las finanzas públicas y le da a cambio bonos del tesoro que son a todas luces un pésimo negocio.
¿Y qué decir del flamante alcalde? Al César lo que es del César, y a Navarro hay que reconocerle su experticia en las relaciones públicas. Está siempre pendiente de retratarse junto a la gente correcta, gasta enormes sumas en publicitar su imagen, invierte fondos de la Alcaldía para comprar libros escritos por él, que luego regala; y no pierde oportunidad para obsequiar la llave de la ciudad a todo famoso que se apersone a nuestros lares.
Pero, ¿ha tratado usted de hacer el traspaso de propiedad de un auto en el municipio? En una institución bien organizada este proceso no demoraría más de media hora, pero en el caos burocrático de esa institución usted deberá ir y venir varias veces para completar una gestión que le tomará por lo menos medio día.
Y si usted es empresario, ¡persígnese!, pues además de la crisis que lo tiene perdiendo dinero desde hace dos años y medio, tendrá que enfrentar las agresivas hordas de inspectores municipales que están visitando los negocios, cuales abejas africanas, para subirle caprichosamente los impuestos municipales de rótulos, de anuncios y de todo lo que puedan.
Y es que también en la Alcaldía se necesita con urgencia más dinero para balancear el déficit financiero y este alto funcionario, en vez de ajustarse a la medida de sus ingresos, ha salido a esquilmar a la comunidad para continuar sosteniendo su imagen pública y sus ambiciones presidenciales futuras.
Ya lo dijo el Presidente Lincoln. Se podrá engañar a unos pocos por un largo tiempo o a muchos hombres por poco tiempo, pero no se podrá engañar a todos todo el tiempo. La imagen pública de estos dos funcionarios se erosiona rápidamente por su contraste con los pobres resultados de sus administraciones.
(jjherreram@hotmal.com)

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América