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Hidroeléctrica Estí, ¡por fin!


En los últimos nueve años, en varias ocasiones, hemos editorializado a favor de la construcción de Estí, en Gualaca, Chiriquí. En una ocasión, bajo el gobierno de Pérez Balladares, titulamos esta columna bajo: “El año de Estí”. Nos equivocamos, como otras tantas veces. Pudo menos entonces nuestro anhelo, que la voluntad y visión de los gobernantes por hacer realidad una obra de tanto beneficio para Panamá.
Estí marca el inicio de una estrategia instintiva (porque el país carece aún de una política energética nacional) que tiende a reducir la dependencia del petróleo como generador de electricidad. Eso nos permite liberarnos, en grado significativo, de los precios internacionales del crudo, siempre expuestos a factores que no controlamos.
Fuera de lo anterior, es una energía más limpia y, a largo plazo más barata. La mayor parte de su costo deviene de la inversión en infraestructura que, normalmente, es más cara que una termoeléctrica. Esta última, sin embargo, como hemos dicho, está indisolublemente amarrada a los crecientes precios del petróleo, lo cual le resta elasticidad, a más de ser más contaminante.
El alto costo, además de los problemas técnicos, demoró la construcción del proyecto. Felizmente, la concurrencia de factores favorables como la dramática reducción de los intereses y la existencia de precios de crudo elevados por razón de la incertidumbre y conflictos generados a raíz del 11 de septiembre, ayudaron.
Claro que es un éxito de este gobierno. Y no exagera la Presidenta Mireya Moscoso, cuando en su discurso inaugural se refirió a ella como “su obra cumbre”, aunque sea 100% inversión privada, de la empresa AES Panamá, porque ella la hizo posible creando, manteniendo y mejorando el marco regulatorio y de incentivos para que tuviera lugar, a más de superar los tropiezos serios que amenazaron con paralizarla.
Estí debe proveer el 10% de toda la energía que genere el país. Pero a ella hay que sumarle la producción de las otras hidroeléctricas de Bayano, Fortuna y Estrella - Los Valles. Claro que estamos distantes aún de la meta, pero ésta, gracias a Estí está más cercana. Requerimos de dos o tres Estí adicionales, con igual o mayor potencia y, entonces sí, estaremos listos para bajar el precio del consumo y exportar energía, procurando siempre mantener un sabio y conveniente equilibrio entre ambas fuentes, el agua y el petróleo, puesto que la amenaza de las sequías exige siempre un balance.

101 años de Panamá América

 
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