Hillary Clinton o Barack Obama
Hace solamente unos meses, la senadora Hillary Clinton era clara favorita para lograr la candidatura presidencial; y como los sondeos apuntan a que los demócratas ganarán las próximas elecciones, obligadamente resurgió la pregunta: ¿Está el pueblo norteamericano preparado para una presidenta mujer? Así estaban las cosas, cuando el senador por Illinois, Barack Husein Obama, irrumpió como aspirante, convirtiéndose en la mayor sorpresa de la política de Estados Unidos en las últimas décadas. Las anteriores más notables fueron la victoria, contra todos los pronósticos, de Harry Truman en 1944 y la debacle de Nixon. Y, entonces, hubo que agregar otra pregunta, igualmente crucial: ¿Está el pueblo norteamericano preparado para tener un presidente negro?
Si el candidato republicano, sea éste el senador McCain o uno de los exgobernadores Romney o Huckabee, no logran descontar la ventaja que parecen tener los demócratas, será innecesario preguntarse si el pueblo norteamericano está listo para aceptar una mujer o un negro como su presidente; su dilema será ¿a cuál de los dos lleva a la Casa Blanca?
Después de las primeras confrontaciones de Iowa, New Hampshire, Nevada, South Carolina, Michigan y Florida, con resultados favorables a Clinton y a Obama, ha quedado claro que cualquiera de los dos puede hacerse con la candidatura demócrata y la presidencia.
La incógnita podría comenzar a despejarse hoy, martes 5 de febrero (el llamado "super Tuesday), cuando se celebren elecciones primarias en 22 estados, entre los que destaca California, y en las que se decidirán cerca de 1,600 delegados. Si alguno de los dos logra una ventaja muy grande, la contienda podría quedar prácticamente sellada. Sin embargo, no es previsible que eso ocurra. Más probable es que el resultado sea equilibrado o que la Sra. Clinton resulte victoriosa, aunque por no mucho margen.
El reciente debate, del pasado día 30 en California, evidenció dos aspectos importantes: el primero es que la campaña ha girado hacia la confrontación de posiciones sobre temas específicos, dejando de lado la retórica, a veces demasiado cargada de calificativos negativos; el segundo, es que al quedar solamente dos aspirantes en la contienda, luego del retiro de exsenador y excandidato vicepresidencial, John Edwards, el partido demócrata se polarizará en dos facciones: los favorables a Clinton y los que respaldan a Obama. Algunas figuras importantes, como los senadores por Massachussets, Kennedy y Kerry, el candidato perdedor de las pasadas elecciones, se han alineado con Obama; otros como el senador demócrata Nelson de la Florida, el alcalde de Los Angeles, el latino Antonio Villaraigosa, lo han hecho por Hillary Clinton.
Esos apoyos, aunque de algún valor, no serán tan importantes y, en el caso de Kennedy, pueden ser contraproducentes. Obama ha hecho de sus ataques al "establishment" washingtoniano una de sus principales banderas; por tanto, no le aportará mucho que alguien como Kennedy que, con 45 años en el Senado. que es la personificación de lo que Obama ataca, lo apoye. La contradicción es evidente.
La senadora Clinton, en el debate último lo precisó muy bien, al enfatizar que contarán más las posiciones y los candidatos mismos. Su vehemencia y buenas sustentaciones en temas como el seguro universal, inmigración, la economía o la guerra en Iraq, llevaron más agua a su molino y menos al de su contrincante. Los resultados del "super martes" serán un buen indicador de para dónde soplan ahora los vientos. Yo sigo apostando por la señora Clinton.