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Historias de mujeres


Una minoría recuerda que las mujeres no votábamos en las elecciones de Panamá. Primero dieron la oportunidad a quienes tuvieran cierto nivel de instrucción, mientras los hombres votaban supieran o no leer. Luego vino el voto total de la mujer; incorporándonos a la vida nacional, como debía ser.
Lo que he descrito en renglones llevó años de ardua lucha y así mismo, ha sido la necesidad de igualarnos en todos los aspectos de la vida: laboral, educativa, de violencia, religiosa y demás.
Cursé mi primer ciclo secundario en la Normal de Santiago. Luego continué en el Liceo de Señoritas y mientras estuve allí, el primer puesto de la graduación sería mío. Para nuestra sorpresa, un día comunicaron a los padres que el año siguiente, el sexto año, lo haríamos en el Instituto Nacional donde nos graduaríamos. A pesar de ser nuestros aliados en deporte, temimos al cambio por desconocer lo que nos esperaba. Así llegó el día de mayo en que entraríamos a la escuela y, al llegar las damas, los muchachos nos hicieron calle de honor en las escalinatas para subir al plantel.
Luego de unos días se percataron que nuestra preparación no estaba a la altura de la de los muchachos; tuvieron que hacer un balance en los salones para equilibrar nuestros conocimientos. Eso estuvo bien. Pero, inesperadamente, el rector del Instituto nos reunió y nos comunicó que las notas que traíamos del Liceo no las tomarían en cuenta para los promedios, por lo que sólo los muchachos aspirarían a los puestos de honor. Recuerdo haber llorado en mi casa mi primer puesto que significaba un honor y una beca para continuar mis estudios en el extranjero. Me pareció injusto, pero mis padres me dijeron que si esa era la decisión de las autoridades, había que acatarla.
¡Qué diferencia ahora que habrían hecho un paro, cerrado las calles armando un escándalo!. Desde luego que fue injusto. Estaba segura de tener mis conocimientos para llegar al primer puesto o por lo menos que me permitieran competir. Pero, ni siquiera eso hicimos. ¡Eramos seres de segunda clase! De nada servía nuestro esfuerzo por estudiar, por sobresalir; de nada servían nuestros esfuerzos.
222Es necesario que los políticos que dirigen los partidos sepan la importancia de las mujeres y les permitan escalar posiciones dentro de los mismos, concediéndoles iguales oportunidades.
Hoy, lo que se vive en la educación en Panamá, lo hemos construido las mujeres. Sabemos que en nuestras universidades, el 70% o más de los estudiantes son mujeres y los primeros puestos los obtienen las mujeres. Esto nos lleva a pensar que, a través de los años, enseñamos a todos en qué consiste nuestro poder, nuestra persistencia, nuestro deseo de superación. Es necesario que lo entiendan los hombres que manejan los puestos de trabajo y den a las mujeres el salario que merecen en igualdad de oportunidades. Es necesario que los políticos que dirigen los partidos sepan la importancia de las mujeres y les permitan escalar posiciones dentro de los mismos, concediéndoles iguales oportunidades.
Si bien es cierto que muchos hombres han cambiado su forma de pensar, todavía los hay excesivamente machistas que bloquean el trabajo de las mujeres. Yo soy un ejemplo de lo que digo y seguiré luchando por la defensa de los derechos igualitarios de las mujeres. Por momentos pienso que la inteligencia que creo tener no es cierta. Pienso también que los valores que tengo son sólo creados en mi mente.
La lucha es grande, pero si continuamos adelante, nuestra posición cambiará y lo pasado será historia.
Necesitamos que las mujeres actúen dentro de los marcos de nuestros derechos para imponer nuestra capacidad y valores; para enseñar que, aunque somos de Venus y los hombres de Marte, vivimos en la Tierra, región neutral y considerada imparcial para los derechos de todos.

101 años de Panamá América

 
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