Homenaje a Gabriel García Márquez
Se diría que poco sé de sus vastos logros personales, pero sí mucho de sus grandes obras literarias que le han hecho merecedor del Premio Nobel de Literatura el 11 de diciembre de 1982, para orgullo de su país, Colombia, y todos los latinoamericanos. "Gabo", como cariñosamente le llaman, nació en el hogar de Gabriel Eligio García, telegrafista, y de Luisa Santiaga Márquez Iguarán. Siendo muy niño fue dejado al cuidado de sus abuelos maternos.
Lo que más me alegra de "Gabo" es que reconoce que su madre es quien descubre los personajes de sus novelas a través de sus recuerdos. El dinero que le hizo falta para estudiar bachillerato en Barranquilla en 1940, ahora, por la gracia de Dios, no lo necesita, debido a su perseverancia, su deseo de superación, su mente brillante y su novela narrativa, que penetra en las mentes ávidas de sabiduría e imaginación por el talento que le imprime este novelista.
Su obra maestra "Cien años de Soledad" y otras más como "El Amor en los Tiempos del Cólera" "La Hojarasca", "Entierros de la Mama Grande", "El Coronel no tiene quién le escriba", "Miguel Litín clandestino en Chile", "Del amor y otros demonios" (su último libro) y otros, son las cartas de presentación para un sabio de la narrativa que, en el género novela, ha despertado el interés de las mentes más brillantes y también de los más humildes que se nutren de su trabajo. Son innumerables los galardones y condecoraciones que ha recibido el Premio Nobel de Literatura; citarlos sería algo interminable y mejor hagamos referencia a que la vida y obra de García Márquez ha recibido el reconocimiento que se merece.
Hasta donde sé, Gabriel García Márquez preparaba un libro que titularía: "La profesión más hermosa del mundo", sobre periodismo. Pero ahora su trabajo se ha visto interrumpido por un cáncer linfático que el escritor padece y lo mantiene postrado a expensas de su vigor, fuerza y fe.
En el pensamiento "Despedida de un Genio", Márquez clama a Dios para que le regale un trozo de vida, asume que, de ser así, daría valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan. Asegura que dormiría poco y soñaría más; que si Dios le obsequiara un trozo de vida, vestiría sencillo, se tiraría de bruces al sol, dejando descubierto, no solamente su cuerpo, sino su alma. Son miles los deseos de "Gabo", pues dice que si tuviera un corazón, escribiría su odio sobre el hielo, y esperaría a que saliera el sol; pintaría con un sueño de Van Gogh sobre las estrellas un poema de Benedetti; y que una canción de Serrat sería la serenata que le ofrecería a la luna; regaría con sus lágrimas las rosas, para sentir el dolor de sus espinas, y el encarnado beso de sus pétalos. García Márquez, agita además su pluma al decir que no dejaría pasar un solo día sin decirle a la gente que la quiere. A los hombres les probaría cuán equivocados están al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse. A un niño le daría alas, pero dejaría que él solo aprendiese a volar. En su pensamiento sostiene que ha aprendido que cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño, por vez primera, el dedo de su padre, lo tiene atrapado para siempre. Igualmente, aprendió que un hombre sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo, cuando ha de ayudarle a levantarse.
Reconoce Márquez, que son tantas cosas las que ha podido aprender de nosotros, exclamando, sin embargo de manera triste, que realmente de mucho no habrán de servir, porque "cuando me guarden dentro de esa maleta, infelizmente me estaré muriendo"
Luego de extraer parte de la "Despedida de un Genio", hago votos por la salud de una de las mentes más brillantes del Siglo XX, y que su ejemplo siga vivo en las presentes y futuras generaciones, a fin de que construyamos un mundo mejor y se logren todos sus anhelos, en un afán de lograr la unidad y la solidaridad. Su liderazgo es tal que sabemos que muchos pueblos, especialmente latinoamericanos, elevarán plegaria al Todopoderoso, para que siga viva la llama de su vida, su talento y su don de gente. Saludos "Gabo", hasta pronto y que estés bien.
Lo que más me alegra de "Gabo" es que reconoce que su madre es quien descubre los personajes de sus novelas a través de sus recuerdos. El dinero que le hizo falta para estudiar bachillerato en Barranquilla en 1940, ahora, por la gracia de Dios, no lo necesita, debido a su perseverancia, su deseo de superación, su mente brillante y su novela narrativa, que penetra en las mentes ávidas de sabiduría e imaginación por el talento que le imprime este novelista.
Su obra maestra "Cien años de Soledad" y otras más como "El Amor en los Tiempos del Cólera" "La Hojarasca", "Entierros de la Mama Grande", "El Coronel no tiene quién le escriba", "Miguel Litín clandestino en Chile", "Del amor y otros demonios" (su último libro) y otros, son las cartas de presentación para un sabio de la narrativa que, en el género novela, ha despertado el interés de las mentes más brillantes y también de los más humildes que se nutren de su trabajo. Son innumerables los galardones y condecoraciones que ha recibido el Premio Nobel de Literatura; citarlos sería algo interminable y mejor hagamos referencia a que la vida y obra de García Márquez ha recibido el reconocimiento que se merece.
Hasta donde sé, Gabriel García Márquez preparaba un libro que titularía: "La profesión más hermosa del mundo", sobre periodismo. Pero ahora su trabajo se ha visto interrumpido por un cáncer linfático que el escritor padece y lo mantiene postrado a expensas de su vigor, fuerza y fe.
En el pensamiento "Despedida de un Genio", Márquez clama a Dios para que le regale un trozo de vida, asume que, de ser así, daría valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan. Asegura que dormiría poco y soñaría más; que si Dios le obsequiara un trozo de vida, vestiría sencillo, se tiraría de bruces al sol, dejando descubierto, no solamente su cuerpo, sino su alma. Son miles los deseos de "Gabo", pues dice que si tuviera un corazón, escribiría su odio sobre el hielo, y esperaría a que saliera el sol; pintaría con un sueño de Van Gogh sobre las estrellas un poema de Benedetti; y que una canción de Serrat sería la serenata que le ofrecería a la luna; regaría con sus lágrimas las rosas, para sentir el dolor de sus espinas, y el encarnado beso de sus pétalos. García Márquez, agita además su pluma al decir que no dejaría pasar un solo día sin decirle a la gente que la quiere. A los hombres les probaría cuán equivocados están al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse. A un niño le daría alas, pero dejaría que él solo aprendiese a volar. En su pensamiento sostiene que ha aprendido que cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño, por vez primera, el dedo de su padre, lo tiene atrapado para siempre. Igualmente, aprendió que un hombre sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo, cuando ha de ayudarle a levantarse.
Reconoce Márquez, que son tantas cosas las que ha podido aprender de nosotros, exclamando, sin embargo de manera triste, que realmente de mucho no habrán de servir, porque "cuando me guarden dentro de esa maleta, infelizmente me estaré muriendo"
Luego de extraer parte de la "Despedida de un Genio", hago votos por la salud de una de las mentes más brillantes del Siglo XX, y que su ejemplo siga vivo en las presentes y futuras generaciones, a fin de que construyamos un mundo mejor y se logren todos sus anhelos, en un afán de lograr la unidad y la solidaridad. Su liderazgo es tal que sabemos que muchos pueblos, especialmente latinoamericanos, elevarán plegaria al Todopoderoso, para que siga viva la llama de su vida, su talento y su don de gente. Saludos "Gabo", hasta pronto y que estés bien.