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Honestidad y transparencia


La ley de uso del Fondo Fiduciario que acaba de aprobar el legislativo tiene como su más saliente mérito que es producto de un largo debate que terminó en un consenso. Dejó de un lado el que por un solo voto determinada alianza excluyente. Ahora se llegó a un entendimiento entre los dos partidos mayoritarios, el PRD y el Arnulfista.
Y no es que se vaya a instaurar un bipartidismo. Lo importante es que todos los partidos trabajen teniendo en mente el bienestar del país. Siempre me he opuesto al PRD por razones que he señalado a menudo en mis escritos. Pero si el PRD está dispuesto a mostrar un rejuvenecimiento, bienvenido sea. Debe dejar en el pasado sus tiempos de la ciega sumisión a autócratas, militares y civiles, inclusive su más reciente gobierno que se entregó a los pudientes y se olvidó de los más necesitados.
Tenemos que llamar al pan, pan, y al vino, vino. Ese gobierno ofreció bases militares a USA. Cuando los norteños se negaron prepotentemente a pagar arrendamiento por éstas, no vaciló en negociar un CMA. Luego dilapidó recursos del Estado para que se reeligiera el mandamás de turno, a la Fujimori. Esto es historia patria. También debemos dejarla en el pasado. Un PRD rejuvenecido, que está dispuesto a dialogar y consensuar con todas las corrientes políticas es lo que necesita el país para mirar hacia el futuro. El pasado sólo se deberá invocar para no cometer los mismos errores.
Por lo que repito, es bienvenida la actitud de los nuevos dirigentes del PRD. Comprendo que hay muchísimos que no confían del PRD ni del Arnulfismo, en lo que respecta al uso de los dineros asignados según la nueva ley del Fondo Fiduciario. Sin embargo, nos toca a todos los sectores -partidistas, cívicos e independientes- estar vigilantes para que no se repitan las rapiñas de un pasado reciente.
A la Excelentísima Señora Presidente le toca orientar y liderizar el uso racional, honesto y dinámico de los fondos del Estado. Ahora no hay excusas. La ciudadanía quiere ver y hasta tocar lo que se hará hoy, no mañana, por ejemplo, en el Santo Tomás y otros hospitales en el interior de la república. Los megaproyectos que se anuncian deben también ser casi táctiles para el pueblo. Si estos megaproyectos no se inician, de verdad de verdad, se estaría desilusionando a todos con campañas de promoción publicitaria que nada ofrecen a los ciudadanos sino desesperación.
También debe iniciarse una cruzada contra la corrupción. Hay casos recientes, como el de la denuncia de que a cambio de la aprobación de la ley de estrategia económica del presente gobierno se dedicarán $100 millones. Esta denuncia, por supuesto, debe ser desmentida convincentemente. La supuesta falsificación con firma y membrete del ministerio de la presidencia, en un documento que trata de destituciones en la CSS para crear vacantes que se llenarían con arnulfistas, debe ser motivo de prolija investigación. Tanto la ministra Young como el Director Jované deben dar la cara. De no hacerse así, se dañaría la imagen de la propia primera mandataria. En breve, se debe evitar la percepción de que en presuntos casos de corrupción se da largas a los asuntos y, en efecto, se encubren.
No se trata de darle un cheque en blanco al gobierno y a todos los partidos políticos, se trata de hacer lo que requiere Panamá. Lamento tener que ausentarme del país en esta coyuntura y dejando un escrito como este. Pero, Dios mediante, volveré en unas cuatro semanas al Panamá de mis amores practicando la máxima que me enseñó mi difunta madre: El que te quiere te hará reír y el que no te quiere te hará llorar. Panamá es inmortal.

101 años de Panamá América

 
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