A honrar el compromiso
El 18 de mayo de 1993, los partidos políticos panameños -luego de tres meses de labor- suscribieron el Pacto Compromiso Ético Electoral de Santa María la Antigua, y establecieron sesiones de diálogo que se prolongaron ininterrumpidamente por más de un año. La concertación fue convocada por la Comisión de Justicia y Paz de la Iglesia católica. Este suceso inédito en la historia política se constituyó un factor clave para el éxito de las elecciones generales de mayo de 1994. La concertación política reunió a los partidos políticos y logró expresar su adhesión con la institucionalidad de la democracia, la defensa y fortalecimiento de la independencia del Tribunal Electoral; la afirmación de que tanto las instituciones judiciales ni ningún otro órgano del Estado fueran utilizados como mecanismo de represión o persecución; el compromiso con una transición franca, armónica y pacífica del gobierno que resultase elegido. Estaba claro que ante el temor de que las elecciones dieran al traste con la frágil paz social y con la incipiente transición democrática, la Iglesia decidió crear un espacio ético e informal de diálogo, que es recogido con mucho vigor por los dirigentes políticos panameños, dejando traslucir que compartían la misma preocupación.
En 1998, previo al referéndum sobre reformas constitucionales del 30 de agosto de 1998 y las elecciones generales de mayo de 1999, se estableció la segunda versión del Pacto Ético Electoral, centrándose en aspectos claves como: La transparencia del proceso electoral, estableciendo la necesidad de un Tribunal Electoral y una Fiscalía Electoral eficientes y eficaces, honestos e independientes, dotados de los recursos necesarios para impulsar procesos electorales libres de toda duda. Se afirma que el proceso electoral debe de estar caracterizado por ser un debate de programas e ideas, y debe excluir los ataques personales de la vida privada de los candidatos, la compra del voto, la manipulación de los empleados públicos, y el uso de los recursos del Estado.
Para lograr un proceso electoral limpio, los políticos se comprometieron también velar para que las instituciones policiales y judiciales, no se utilicen como medio de represión o persecución, a no publicar encuestas dirigidas a manipular a la opinión pública, a lograr la activa participación de las mujeres en las listas electorales, a una transición pacífica del gobierno que resulte elegido, y a ser vigilantes de la legítima y lícita procedencia de los fondos o donaciones que reciben partidos y candidatos. Sí, una de las fallas del Pacto 1994 fue el papel de algunos medios de comunicación social que propagaron infundios, incluso, sin firma responsable.
El Pacto 1999 incluyó directamente a los medios masivos y fue también firmado por sus dueños o directivos, afirmándose que debían promover el debate democrático de ideas y programas en formas respetuosa y responsable, siempre en el marco de la tolerancia y convivencia, brindando las mismas condiciones a todos los partidos y candidatos.
Esta segunda versión del Pacto planteó la creación de un Organismo Consultivo Permanente compuesto por los partidos y faculta a la Comisión de Justicia y Paz para actuar y pronunciarse cuando se vulnere el Pacto. Claro está que esta instancia no tiene carácter coercitivo ni coactivo, sino de sanción ética, lo que tiene un peso específico para la imagen de los partidos que apoyan el Pacto Compromiso. Para muchos esto no es suficiente, pues el Compromiso sólo tendrá vigencia real cuando sea asumido por la ciudadanía como un arma cívica destinada a crear las bases cotidianas de una nueva cultura política.
El referéndum del 30 de agosto de 1998 sobre reformas constitucionales, en especial la reelección presidencial inmediata, fue una difícil prueba para los integrantes del pacto; pues antes del evento se dieron tensiones y denuncias, aunque finalmente los comicios se realizaron efectivamente con buena participación del electorado que en una proporción de dos a uno rechazaron las reformas.
El Pacto Ético Electoral del 2004 se firma teniendo como marco una campaña política anticipada, diatribas, discursos asumidos de tono y hasta manifestaciones de sospechas de fraudes y otras alteraciones. Por ello cobra especial relevancia lo que se afirma el compromiso: La transparencia del proceso electoral; el cuestionamiento a ataques personales y políticos, la negación del uso de autoridades policiales y judiciales como mecanismos de represión o persecución; la eliminación de violencia y agresividad; el pleno ejercicio de derechos políticos; el no uso político de recursos del Estado ni de actos oficiales; el respeto a la estabilidad y dignidad de los servidores público y privado; la transparencia de las donaciones a los partidos; la vigencia de las mujeres en las listas electorales; la exhortación a los medios para que promuevan el debate democrático.
Los mecanismos de ejecución se centran en el actuar vigilante del Comité Ecuménico de Panamá, una Comisión de Ética Electoral y un organismo consultivo permanente formado por representantes de cada partido. El Pacto Ético Electoral significa tanto en 1994, 1999 como en el 2004, pasos importantes en la creación de una cultura política diferente, y es un compromiso que el país espera que los políticos honren; pero su cumplimiento debería conducir a lo central, que es la construcción de un pacto permanente ético político (no sólo electoral) que comprometa a toda la sociedad a impulsar un desarrollo con equidad y sostenibilidad, una democracia participativa, transparencia y soberanía sin militarismo, tal como lo enuncia la Visión 2020.
(raulleisr@hotmail.com)
En 1998, previo al referéndum sobre reformas constitucionales del 30 de agosto de 1998 y las elecciones generales de mayo de 1999, se estableció la segunda versión del Pacto Ético Electoral, centrándose en aspectos claves como: La transparencia del proceso electoral, estableciendo la necesidad de un Tribunal Electoral y una Fiscalía Electoral eficientes y eficaces, honestos e independientes, dotados de los recursos necesarios para impulsar procesos electorales libres de toda duda. Se afirma que el proceso electoral debe de estar caracterizado por ser un debate de programas e ideas, y debe excluir los ataques personales de la vida privada de los candidatos, la compra del voto, la manipulación de los empleados públicos, y el uso de los recursos del Estado.
Para lograr un proceso electoral limpio, los políticos se comprometieron también velar para que las instituciones policiales y judiciales, no se utilicen como medio de represión o persecución, a no publicar encuestas dirigidas a manipular a la opinión pública, a lograr la activa participación de las mujeres en las listas electorales, a una transición pacífica del gobierno que resulte elegido, y a ser vigilantes de la legítima y lícita procedencia de los fondos o donaciones que reciben partidos y candidatos. Sí, una de las fallas del Pacto 1994 fue el papel de algunos medios de comunicación social que propagaron infundios, incluso, sin firma responsable.
El Pacto 1999 incluyó directamente a los medios masivos y fue también firmado por sus dueños o directivos, afirmándose que debían promover el debate democrático de ideas y programas en formas respetuosa y responsable, siempre en el marco de la tolerancia y convivencia, brindando las mismas condiciones a todos los partidos y candidatos.
Esta segunda versión del Pacto planteó la creación de un Organismo Consultivo Permanente compuesto por los partidos y faculta a la Comisión de Justicia y Paz para actuar y pronunciarse cuando se vulnere el Pacto. Claro está que esta instancia no tiene carácter coercitivo ni coactivo, sino de sanción ética, lo que tiene un peso específico para la imagen de los partidos que apoyan el Pacto Compromiso. Para muchos esto no es suficiente, pues el Compromiso sólo tendrá vigencia real cuando sea asumido por la ciudadanía como un arma cívica destinada a crear las bases cotidianas de una nueva cultura política.
El referéndum del 30 de agosto de 1998 sobre reformas constitucionales, en especial la reelección presidencial inmediata, fue una difícil prueba para los integrantes del pacto; pues antes del evento se dieron tensiones y denuncias, aunque finalmente los comicios se realizaron efectivamente con buena participación del electorado que en una proporción de dos a uno rechazaron las reformas.
El Pacto Ético Electoral del 2004 se firma teniendo como marco una campaña política anticipada, diatribas, discursos asumidos de tono y hasta manifestaciones de sospechas de fraudes y otras alteraciones. Por ello cobra especial relevancia lo que se afirma el compromiso: La transparencia del proceso electoral; el cuestionamiento a ataques personales y políticos, la negación del uso de autoridades policiales y judiciales como mecanismos de represión o persecución; la eliminación de violencia y agresividad; el pleno ejercicio de derechos políticos; el no uso político de recursos del Estado ni de actos oficiales; el respeto a la estabilidad y dignidad de los servidores público y privado; la transparencia de las donaciones a los partidos; la vigencia de las mujeres en las listas electorales; la exhortación a los medios para que promuevan el debate democrático.
Los mecanismos de ejecución se centran en el actuar vigilante del Comité Ecuménico de Panamá, una Comisión de Ética Electoral y un organismo consultivo permanente formado por representantes de cada partido. El Pacto Ético Electoral significa tanto en 1994, 1999 como en el 2004, pasos importantes en la creación de una cultura política diferente, y es un compromiso que el país espera que los políticos honren; pero su cumplimiento debería conducir a lo central, que es la construcción de un pacto permanente ético político (no sólo electoral) que comprometa a toda la sociedad a impulsar un desarrollo con equidad y sostenibilidad, una democracia participativa, transparencia y soberanía sin militarismo, tal como lo enuncia la Visión 2020.
(raulleisr@hotmail.com)