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Honrar honra


Ricardo Arias Calderón es, sin duda, uno de los hombres más completos dentro del panorama nacional. Tuve el honor de presentarlo durante un acto que, por motivo de su jubilación, le ofreciera la Facultad de Humanidades de la Universidad Panamá.
De acuerdo a un viejo relato japonés Tetsugen, un aventajado alumno de Zen, asumió un enorme compromiso: imprimir siete mil ejemplares de los sutras, que hasta entonces sólo podían conseguirse en chino.
Viajó por todas las islas que componen el Japón recogiendo fondos para su noble proyecto. Algunas personas adineradas le dieron hasta cien monedas de oro, pero el grueso de la aportación lo constituían las pequeñas donaciones de los campesinos. Tetsugen expresaba a todos el mismo agradecimiento, sin tomar en cuenta la suma que le dieran.
Al cabo de diez años de duro bregar recogió lo necesario para imprimir los sutras. Justamente entonces se desbordó el río Uji, dejando en la miseria a miles de personas. Tetsugen, frente a la inmensa tragedia, empleó todo el dinero recaudado para ayudar a esas pobres gentes.
Mitigado el desastre empezó a recolectar fondos. Y otra vez pasaron varios años hasta que consiguiera la suma necesaria. Entonces se desató una epidemia en el país, y Tetsugen volvió a gastar todo el dinero para aliviar a los enfermos.
Una vez más volvió a empezar de cero y por fin, al cabo de veinte años, su sueño se vio hecho realidad.
Las planchas con que se imprimió aquella primera edición de los sutras se exhiben actualmente en el monasterio Obaku, de Kyoto. Los japoneses cuentan a sus hijos que Tetsugen produjo en total tres ediciones de los sutras, pero que las dos primeras son invisibles e inmensamente superiores a la tercera.
Esta hermosa reflexión ilustra, de manera ejemplar, la contribución desinteresada de Ricardo Arias Calderón, no sólo cuando impartía lecciones de filosofía en diversas escuelas de América, sino también la evidencia palpable que ha dado con la práctica de una vida integral.
Dentro de una actividad compartida entre el magisterio, los estudios y la praxis política se desarrolló por muchos años el quehacer cotidiano de quien hoy me honro en distinguir. En esta compleja fusión de faenas cotidianas, cuyo eje medular no ha sido otro que lograr ese respeto que debiera prevalecer siempre por la condición humana, aflora la búsqueda concertada dentro de la sociedad para convertirla en instrumento indispensable y así lograr los cambios graduales que demanda la situación del mundo entero.
Es ahí, entonces, donde su crítica centrada se llegó a transformar en propuesta creadora. Ella, a su vez, en catalizador necesario para producir esquemas convenidos que han logrado gran parte de su función en el mejoramiento sociocultural de la República de Panamá.
Por todo lo antes expuesto presentar brevemente la vida y obra de Ricardo Arias Calderón - indudable maestro, político y humanista - no fue tarea fácil, especialmente por ser un panameño que ha hecho con su andar que la Patria se engalane y lo incluya entre sus hijos más preclaros.
Seguro estoy que, igual que al protagonista de la anécdota inicial, el gran trabajo invisible - ése que es bueno y puro desde su más profunda esencia - le será también reconocido como aporte intangible, y que brindara por muchos años Ricardo Arias Calderón a la nación panameña. rbermudez@cableonda.net

101 años de Panamá América

 
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