Honrar honra
Cuando a la virtud se ensalza, el entorno se ennoblece. Este es el sentimiento y la convicción que experimentó la Fundación Panameña de Ética y Civismo, al destacar, en Sesión Extraordinaria, los valores y los méritos del Miembro Fundador, catedrático excepcional, autor y hombre de bien, Doctor Diego Domínguez Caballero, en homenaje de admiración y reconocimiento que le profesa.
El Dr. Domínguez Caballero inspiró y apoyó con su ingenio, experiencia, tesón y generosidad, no sólo a esta Fundación y otras instituciones, sino también a una pléyade de profesionales, estudiantes, funcionarios y amigos en quienes sembró la semilla de la panameñidad, como un concepto de patriotismo, pero también como un compromiso ético bien entendido. Para él la carga nonagenaria es un fardo aliviado por inagotables inquietudes y esperanzas. Aún no concluye su cátedra y su lucha.
La escalera en flor de su intensa educación modestamente iniciada en la Manuel J. Hurtado, lo llevó a La Salle, a la Universidad de Panamá, a la de Chicago, hasta lograr el doctorado en Filosofía en Madrid. Los estudios de post grado incluyeron Santander, Columbia, Harvard. Su fortalecimiento y definición de la filosofía en los estudios de la Universidad de Panamá fue el inicio de 34 años de docencia fecunda, donde las incansables iniciativas que tuvo y los conocimientos transmitidos fueron indeclinables instancias al civismo y a la nacionalidad.
¿Qué escoger de su espléndida hoja de vida para plasmar su superación y su vigencia? Tal vez la confianza de Yale para encomendarle la responsabilidad de enseñar; o los múltiples encargos de la Universidad de Panamá que culminaron con el emblemático Premio Universidad; o las Palmas Académicas del Gobierno francés; o la membresía correspondiente de Institutos de Filosofía del Brasil y la Argentina. En el intermedio de intensas faenas, para conservar lúcido e insomne el intelecto escribió 16 libros, cinco de los cuales aún son inéditos y 47 ensayos. Los pergaminos y reconocimientos ya casi no cabían en casa. Doña Norma estuvo siempre a la altura.
Por todo esto, por ser la atalaya de la enseñanza e inspiración del cultivo de la ética en Panamá, y por una vida cónsona con sus principios, rara flor en este paraíso, la Junta Directiva de la Fundación Panameña de Ética y Civismo, en su sesión del 4 de enero del 2007, resolvió instituir la Medalla Diego Domínguez Caballero, a la excelencia ciudadana. ¡Honrar honra!
Asegura que eran los únicos que vendían los productos a bajo costo y por competencia los sacaron de ese sector.
Sostiene que hace poco perdió B/.300 mensuales de mercancía, pues el chayote, el otoe y la yuca se le dañaron.
Igualmente Hernán Flores, otro de los buhoneros, dice que los días cada vez son más difíciles.
Cuando fue desalojado por el Municipio de Panamá, Flores buscó un sitio para vender sus productos, sin embargo, en todos le cobraban hasta B/.400.
Lo que consiguió fue un espacio en la entrada de la 24 de Diciembre, donde a duras penas logra sacar para la comida. El alquiler ahora es B/.150.
"En esa ocasión perdí toda la venta del mes de diciembre", recuerda.
A Flores le preocupa la situación de su familia que cada vez está más apretada, ya que ahora vende sandías, pero no sabe qué hará cuando termine el verano.
"Allá teníamos nuestra clientela, puesto que las personas de varios sectores nos buscaban por los bajos precios".
María Orandes, es moradora de Monterrico desde hace 20 años y ahora no tiene dónde adquirir los productos a bajo costo.
Cuenta que antes las personas estaban muy contentas porque tenían todo muy cerca.
"Podíamos conseguir los vegetales, las legumbres y las frutas muy baratos", sostiene.
Orandes expresa que ahora está en dificultades porque en el supermercado le saldrá más costoso.
"Queremos que los ubiquen en un lugar céntrico, para que uno pueda comprar lo que necesita", indicó.
Relata que con B/.10 ya no puede comprar lo que necesita.
"No sabemos cómo vamos a hacer. Ahora tengo que estirar ese dinero más y más", comenta angustiada.
Dice que está a la espera de que se construya el mercado que les hace falta.
Los buhoneros vendían el tomate a B/.0.75, mientras que en un supermercado cuesta B/.0.90. La yuca estaba a B/.0.20 y en otras partes en B/.0.25. La cebolla a B/.0.50 y no a B/.0.60.
El ají a B/.0.50; el ñame baboso a B/.0.70; el otoe a B/.0.50; unos B/.0.10 menos que en el supermercado.
Una piña grande cuesta B/.0.50 en la feria libre y B/. 0.75 en otro sitio.
El Dr. Domínguez Caballero inspiró y apoyó con su ingenio, experiencia, tesón y generosidad, no sólo a esta Fundación y otras instituciones, sino también a una pléyade de profesionales, estudiantes, funcionarios y amigos en quienes sembró la semilla de la panameñidad, como un concepto de patriotismo, pero también como un compromiso ético bien entendido. Para él la carga nonagenaria es un fardo aliviado por inagotables inquietudes y esperanzas. Aún no concluye su cátedra y su lucha.
La escalera en flor de su intensa educación modestamente iniciada en la Manuel J. Hurtado, lo llevó a La Salle, a la Universidad de Panamá, a la de Chicago, hasta lograr el doctorado en Filosofía en Madrid. Los estudios de post grado incluyeron Santander, Columbia, Harvard. Su fortalecimiento y definición de la filosofía en los estudios de la Universidad de Panamá fue el inicio de 34 años de docencia fecunda, donde las incansables iniciativas que tuvo y los conocimientos transmitidos fueron indeclinables instancias al civismo y a la nacionalidad.
¿Qué escoger de su espléndida hoja de vida para plasmar su superación y su vigencia? Tal vez la confianza de Yale para encomendarle la responsabilidad de enseñar; o los múltiples encargos de la Universidad de Panamá que culminaron con el emblemático Premio Universidad; o las Palmas Académicas del Gobierno francés; o la membresía correspondiente de Institutos de Filosofía del Brasil y la Argentina. En el intermedio de intensas faenas, para conservar lúcido e insomne el intelecto escribió 16 libros, cinco de los cuales aún son inéditos y 47 ensayos. Los pergaminos y reconocimientos ya casi no cabían en casa. Doña Norma estuvo siempre a la altura.
Por todo esto, por ser la atalaya de la enseñanza e inspiración del cultivo de la ética en Panamá, y por una vida cónsona con sus principios, rara flor en este paraíso, la Junta Directiva de la Fundación Panameña de Ética y Civismo, en su sesión del 4 de enero del 2007, resolvió instituir la Medalla Diego Domínguez Caballero, a la excelencia ciudadana. ¡Honrar honra!
Asegura que eran los únicos que vendían los productos a bajo costo y por competencia los sacaron de ese sector.
Sostiene que hace poco perdió B/.300 mensuales de mercancía, pues el chayote, el otoe y la yuca se le dañaron.
Igualmente Hernán Flores, otro de los buhoneros, dice que los días cada vez son más difíciles.
Cuando fue desalojado por el Municipio de Panamá, Flores buscó un sitio para vender sus productos, sin embargo, en todos le cobraban hasta B/.400.
Lo que consiguió fue un espacio en la entrada de la 24 de Diciembre, donde a duras penas logra sacar para la comida. El alquiler ahora es B/.150.
"En esa ocasión perdí toda la venta del mes de diciembre", recuerda.
A Flores le preocupa la situación de su familia que cada vez está más apretada, ya que ahora vende sandías, pero no sabe qué hará cuando termine el verano.
"Allá teníamos nuestra clientela, puesto que las personas de varios sectores nos buscaban por los bajos precios".
María Orandes, es moradora de Monterrico desde hace 20 años y ahora no tiene dónde adquirir los productos a bajo costo.
Cuenta que antes las personas estaban muy contentas porque tenían todo muy cerca.
"Podíamos conseguir los vegetales, las legumbres y las frutas muy baratos", sostiene.
Orandes expresa que ahora está en dificultades porque en el supermercado le saldrá más costoso.
"Queremos que los ubiquen en un lugar céntrico, para que uno pueda comprar lo que necesita", indicó.
Relata que con B/.10 ya no puede comprar lo que necesita.
"No sabemos cómo vamos a hacer. Ahora tengo que estirar ese dinero más y más", comenta angustiada.
Dice que está a la espera de que se construya el mercado que les hace falta.
Los buhoneros vendían el tomate a B/.0.75, mientras que en un supermercado cuesta B/.0.90. La yuca estaba a B/.0.20 y en otras partes en B/.0.25. La cebolla a B/.0.50 y no a B/.0.60.
El ají a B/.0.50; el ñame baboso a B/.0.70; el otoe a B/.0.50; unos B/.0.10 menos que en el supermercado.
Una piña grande cuesta B/.0.50 en la feria libre y B/. 0.75 en otro sitio.