Hospital de Soná para la Universidad
Que el Municipio de Soná y la Universidad de Panamá hayan llegado a un acuerdo de 10 años para que la última use sus instalaciones para la práctica docente, es excelente iniciativa. Parte del compromiso contraído por nuestra primera casa de estudios es también implementar proyectos para incrementar el turismo en la zona, cuyo potencial es enorme. La idea es que si el convenio marcha satisfactoriamente, la Universidad pueda encargarse totalmente del hospital.
En primer término, siempre hemos creído que la Universidad debe contar con su propio hospital, como en las mejores del mundo. Con la iniciativa expuesta, se llenarían dos propósitos, el docente y el social. El primero es obvio, y se refiere a la enseñanza práctica que es de particular importancia en la ciencia médica. Y el segundo, alude a la atención de los pobres y al fomento de la salud.
Cierto, la Universidad no tiene mayores dificultades en usar los hospitales del Ministerio de Salud para la práctica de los estudiantes y graduandos de Medicina. Pero con todo y las facilidades que se le brindan, no es lo mismo que administrar su propio hospital. Y el de Soná puede ser una oportunidad dorada para hacerlo, aunque hay que amarrar mejor los aspectos legales y financieros -porque todo cuesta-, de modo que sea el Municipio o el Ministerio de Salud o ambos, el compromiso a que aludimos quede perfeccionado y sea funcional.
Una última ventaja es la ubicación del hospital, en medio interior de la República, en un área pobre y necesitada de servicios. Seguramente, la presencia de los jóvenes aspirantes a médicos, odontólogos, laboratoristas y de enfermería, en el área, difundirá un beneficio de gran impacto social, sobre todo si se combina con otros servicios que también puede prestar el máximo centro de estudios en ciencias de la construcción, ingeniería, arquitectura, agronomía, estadísticas y otros.
Ojalá esta iniciativa llegue a feliz término y se le saque máximo provecho.
En primer término, siempre hemos creído que la Universidad debe contar con su propio hospital, como en las mejores del mundo. Con la iniciativa expuesta, se llenarían dos propósitos, el docente y el social. El primero es obvio, y se refiere a la enseñanza práctica que es de particular importancia en la ciencia médica. Y el segundo, alude a la atención de los pobres y al fomento de la salud.
Cierto, la Universidad no tiene mayores dificultades en usar los hospitales del Ministerio de Salud para la práctica de los estudiantes y graduandos de Medicina. Pero con todo y las facilidades que se le brindan, no es lo mismo que administrar su propio hospital. Y el de Soná puede ser una oportunidad dorada para hacerlo, aunque hay que amarrar mejor los aspectos legales y financieros -porque todo cuesta-, de modo que sea el Municipio o el Ministerio de Salud o ambos, el compromiso a que aludimos quede perfeccionado y sea funcional.
Una última ventaja es la ubicación del hospital, en medio interior de la República, en un área pobre y necesitada de servicios. Seguramente, la presencia de los jóvenes aspirantes a médicos, odontólogos, laboratoristas y de enfermería, en el área, difundirá un beneficio de gran impacto social, sobre todo si se combina con otros servicios que también puede prestar el máximo centro de estudios en ciencias de la construcción, ingeniería, arquitectura, agronomía, estadísticas y otros.
Ojalá esta iniciativa llegue a feliz término y se le saque máximo provecho.