Hospital, terreno neutral
El profesor Juan Jované fue separado temporalmente de su cargo como Director General de la CSS, por el Ejecutivo en la noche del miércoles 10 de septiembre 2003. El jueves 11 se desarrollaron disturbios en la ciudad de Panamá y Colón, quedando arrestados muchos ciudadanos. Ese mismo día, en horas de la mañana, miembros de la Policía Nacional, armados con varas negras y por orden de alguien que tiene disfunción neuronal, ingresaron a los predios del Complejo Hospitalario Metropolitano Dr. Arnulfo Arias Madrid (CHMDAAM), persiguiendo a personas que sin otra alternativa, se refugiaban dentro las instalaciones.
Una vez dentro del CHMDAAM, incluyendo el área de mantenimiento y el quirófano en el tercer piso de la Especializada, lugar en donde están los Cuidados Intensivos del hospital, procedieron con agresividad delirante y escandalosa, a romper puertas a patadas, vulgarizando, uno de ellos, con sus partes anatómicas bajas, a la vez que en forma indiscriminada golpearon, insultaron, esposaron y arrestaron a todo aquel que estuvo a su alcance, incluyendo a funcionarios que se encontraban trabajando en el servicio de ambulancias y quirófano.
El director médico del CHMDAAM, doctor José Trejos, las enfermeras Nelda de Navarro y María Gómez, protestaron por los atropellos en el lugar de los hechos frente a la turba policial, prometiendo la ejecución de la denuncia formal ante las autoridades competentes nacionales e internacionales, por los daños físicos y morales perpetrados a los funcionarios del hospital, como también por el vandalismo causados a las instalaciones. El trabajo de salud allí es programado, estresante y delicado. Cualquiera interrupción por pequeña que sea, atrasa el tratamiento específico que reciben los enfermos y en tres minutos puede sobrevenir la muerte de algún paciente por un estrés súbito, como el descrito anteriormente. La responsabilidad de protección recae directamente en las enfermeras.
En las salas del hospital existe equipo costoso, de manejo muy delicado, también hay material limpio y estéril manejado con técnicas especiales; existen áreas en donde se utilizan ropa y zapatos especiales, y cuyo acceso está destinado única y exclusivamente para el personal entrenado para entrar allí. Cuando se lanzan bombas lacrimógenas en la Universidad de Panamá, el sufrimiento es superlativo. Por principio físico, el gas sube y el viento lo introduce en los pisos altos del CHMDAAM, en donde están los recién nacidos, prematuros y las madres en labor de parto.
Las escenas de angustias y correderas por largos pasillos, para trasladar a los afectados a otros sitios, deprimen el alma del personal del hospital por la responsabilidad de mantener la integridad física de los pacientes más necesitados, niños mujeres y ancianos hospitalizados.
En democracia es la primera vez que la policía se introduce al CHMDAAM. En tiempos de la dictadura militar, hasta se llevaban a los pacientes de los cuartos de urgencias y de las salas de hospitalización. "Imposible olvidar..." y... ¡Nunca jamás".
La Convención de Ginebra de 12 de agosto de 1949, en su artículo 18, dice: "En ninguna circunstancia podrán ser objetos de ataques los hospitales civiles organizados para prestar asistencia a los heridos, a los enfermos, a los inválidos y a las parturientas. Deberán ser siempre respetados y protegidos por las partes en conflicto"
Las enfermeras de Panamá, conscientes de que la CSS es de todos los panameños, decidieron en reunión extraordinaria, ejecutar acciones pacíficas en las instituciones de salud para defender la solidaridad y la autonomía de la CSS, sin perder de vista su apostolado de cuidar a su razón de ser, los pacientes.
Cuentan por allí que "en una ocasión el diablo estaba reunido con el presidente de Estados Unidos, la Reina Isabel de Inglaterra y Mireya Moscoso, presidenta de la República de Panamá. En un receso Bush pide el teléfono para llamar a su país. Habló cinco minutos y pidió la cuenta de la llamada. El diablo le dijo: es un millón de dólares.
La reina Isabel habló a su país por diez minutos y su cuenta fue de dos millones de dólares. La presidenta Moscoso habló por dos horas y al preguntarle al diablo por su cuenta, sin antes, explicar lo difícil que se maneja el país cuando ella se ausenta, el diablo dijo con voz grave y molesto: son 39 centavos. ¿Cómo? Si hablé demasiado, interpeló Mireya. El diablo, "al rojo vivo" le dijo: mira niña: ¡tienes tu país hecho un infierno¡ y de infierno a infierno la llamada es local".
(mirperez@sinfo.net)
Una vez dentro del CHMDAAM, incluyendo el área de mantenimiento y el quirófano en el tercer piso de la Especializada, lugar en donde están los Cuidados Intensivos del hospital, procedieron con agresividad delirante y escandalosa, a romper puertas a patadas, vulgarizando, uno de ellos, con sus partes anatómicas bajas, a la vez que en forma indiscriminada golpearon, insultaron, esposaron y arrestaron a todo aquel que estuvo a su alcance, incluyendo a funcionarios que se encontraban trabajando en el servicio de ambulancias y quirófano.
El director médico del CHMDAAM, doctor José Trejos, las enfermeras Nelda de Navarro y María Gómez, protestaron por los atropellos en el lugar de los hechos frente a la turba policial, prometiendo la ejecución de la denuncia formal ante las autoridades competentes nacionales e internacionales, por los daños físicos y morales perpetrados a los funcionarios del hospital, como también por el vandalismo causados a las instalaciones. El trabajo de salud allí es programado, estresante y delicado. Cualquiera interrupción por pequeña que sea, atrasa el tratamiento específico que reciben los enfermos y en tres minutos puede sobrevenir la muerte de algún paciente por un estrés súbito, como el descrito anteriormente. La responsabilidad de protección recae directamente en las enfermeras.
En las salas del hospital existe equipo costoso, de manejo muy delicado, también hay material limpio y estéril manejado con técnicas especiales; existen áreas en donde se utilizan ropa y zapatos especiales, y cuyo acceso está destinado única y exclusivamente para el personal entrenado para entrar allí. Cuando se lanzan bombas lacrimógenas en la Universidad de Panamá, el sufrimiento es superlativo. Por principio físico, el gas sube y el viento lo introduce en los pisos altos del CHMDAAM, en donde están los recién nacidos, prematuros y las madres en labor de parto.
Las escenas de angustias y correderas por largos pasillos, para trasladar a los afectados a otros sitios, deprimen el alma del personal del hospital por la responsabilidad de mantener la integridad física de los pacientes más necesitados, niños mujeres y ancianos hospitalizados.
En democracia es la primera vez que la policía se introduce al CHMDAAM. En tiempos de la dictadura militar, hasta se llevaban a los pacientes de los cuartos de urgencias y de las salas de hospitalización. "Imposible olvidar..." y... ¡Nunca jamás".
La Convención de Ginebra de 12 de agosto de 1949, en su artículo 18, dice: "En ninguna circunstancia podrán ser objetos de ataques los hospitales civiles organizados para prestar asistencia a los heridos, a los enfermos, a los inválidos y a las parturientas. Deberán ser siempre respetados y protegidos por las partes en conflicto"
Las enfermeras de Panamá, conscientes de que la CSS es de todos los panameños, decidieron en reunión extraordinaria, ejecutar acciones pacíficas en las instituciones de salud para defender la solidaridad y la autonomía de la CSS, sin perder de vista su apostolado de cuidar a su razón de ser, los pacientes.
Cuentan por allí que "en una ocasión el diablo estaba reunido con el presidente de Estados Unidos, la Reina Isabel de Inglaterra y Mireya Moscoso, presidenta de la República de Panamá. En un receso Bush pide el teléfono para llamar a su país. Habló cinco minutos y pidió la cuenta de la llamada. El diablo le dijo: es un millón de dólares.
La reina Isabel habló a su país por diez minutos y su cuenta fue de dos millones de dólares. La presidenta Moscoso habló por dos horas y al preguntarle al diablo por su cuenta, sin antes, explicar lo difícil que se maneja el país cuando ella se ausenta, el diablo dijo con voz grave y molesto: son 39 centavos. ¿Cómo? Si hablé demasiado, interpeló Mireya. El diablo, "al rojo vivo" le dijo: mira niña: ¡tienes tu país hecho un infierno¡ y de infierno a infierno la llamada es local".
(mirperez@sinfo.net)