Howard: Un futuro para el país
Quienes nos hemos visto vinculados de alguna manera por los últimos 25 años a la planificación y uso de las áreas que revirtieron a Panamá por virtud de los Tratados Torrijos-Carter, estamos obligados a opinar sobre el proyecto de convertir la antigua base militar de Howard en un centro de desarrollo, y evaluar las consecuencias que tendrá la creación de un área económica especial en el sector pacífico de nuestra urbe metropolitana. He leído y estudiado con particular atención el anteproyecto de ley presentado por la Autoridad de la Región Interoceánica (ARI), responsable de la incorporación de las áreas revertidas al quehacer nacional, y las reacciones que ha despertado en varios sectores dicho proyecto. Como resultado, ofrezco algunos comentarios al respecto.
El proyecto de convertir Howard en un área económica especial permitirá al Estado panameño competir en esa red de servicios que hoy exige la economía mundializada, potenciando así las ventajas competitivas y comparativas de nuestra privilegiada posición geográfica. Si aceptamos este carácter internacional de Panamá, no parece razonable analizar Howard como un proyecto que compite con la Zona Libre u otros puntos de atracción de inversiones dentro del área canalera. Más bien todo lo contrario. Las riberas del Canal deben servir de atracción a empresas que añadan valor agregado a las mercancías y los servicios que ya ofrece el Canal, y así, el diseño y la construcción de opciones de inversión en el área, deben complementar, potenciar y maximizar el desarrollo de nuestro país y los beneficios que del mismo se deriven.
No obstante, opino que el interés de la ARI y la Corporación Financiera Internacional, entidad del Banco Mundial que asesoró en el concepto de Howard, debe enfocarse a la promoción y atracción de empresas en actividades de clase mundial, que formen parte del concierto internacional de producción de bienes y servicios, sobre todo en aquellos sectores que los análisis de mercado identifican como los más activos y aptos para establecer operaciones y beneficiarse de las bondades que ofrece nuestro país. Como ejemplo, se me ocurre que en una primera intención, Howard debe competir y atraer empresas en el campo de la alta tecnología, aprovechando las instalaciones aeroportuarias que existen en el área y su cercanía a una de las entradas del Canal. Pero el anteproyecto de ley, tal como se conoce al 20 de diciembre, abre las puertas de manera indiscriminada a “todo tipo de actividades, de cualquier índole”. Además, el amplio paquete de beneficios que el anteproyecto ofrece a las empresas que allí se instalen, nos da a los panameños margen para comenzar a entender el corredor de la Región Interoceánica como un todo, desde Colón hasta la ciudad de Panamá, para invertir en la modernización de su infraestructura y uniformar los criterios de desarrollo para toda el área, de tal suerte que las compañías que en un momento consideran a Panamá como asiento para sus actividades, puedan decidir sobre una base de beneficios homologados y disponibles a lo largo de la franja canalera, producto de una estrategia nacional de desarrollo, y las necesidades de las empresas para asegurar el éxito de sus operaciones.
No podemos seguir pensando en un enfoque de desarrollo para el país como si se tratara de circuitos electorales, es decir, Arraiján, La Chorrera, Colón o la ciudad de Panamá.
En un plano conceptual, la Agencia que administrará Howard debe tener más claro y mejor definido en la ley su papel de supervisor y su responsabilidad sobre todo lo que suceda a lo interno del área. Existe ya un Plan Maestro de Uso de Tierras para el Area Económica Especial Panamá-Pacífico, que debe ser aprobado formalmente y adoptado por su Junta Directiva una vez instalada. Este debe ser el marco de referencia obligatorio que contenga las pautas a seguir para ejecutar obras en Howard por los posibles desarrolladores, o por la misma Agencia en caso de contratar operadores (sugiero, para evitar confusiones, se modifique en la Ley a “Plan de Uso de Tierras”, las propuestas de trabajo que los desarrolladores deben presentar a la Agencia, para diferenciarlas del “Plan Maestro de Uso de Tierras” que, como indiqué, ya existe en la ARI y bajo el cual deben cobijarse propuestas individuales de desarrollo para Howard).
Por otro lado, ante el “cheque en blanco” que la misma Ley entrega, la Agencia debe definir y operar bajo parámetros concretos de éxito, revisables en el tiempo, de acuerdo a una inversión inicial estimada, en función del Plan Maestro existente, y las proyecciones de desarrollo de acuerdo a las diferentes áreas y actividades que se esperan. Me preocupa la protección del patrimonio del Estado que se entrega a la Agencia sin que exista ningún criterio de rendimiento de capital, y que en ausencia de parámetros de resultados cuantitativos o cualitativos, las decisiones para modificar ese patrimonio, ya sea mediante la venta de bienes, la aplicación de descuentos, el reconocimiento de créditos u otras prácticas comerciales, se sometan en la Ley a tan sólo la expresión “salvaguardando siempre los mejores intereses del Estado”. El resto de mis apreciaciones al anteproyecto de Ley sobre Howard, son de carácter práctico y tienen que ver más bien con la organización y la administración del área.
La Junta Directiva debe gozar de la autonomía que se requiere para administrar un proyecto de esta envergadura. Así, opino que la Junta debe estar presidida por el Ministro de la Presidencia, que los seis directores restantes deben ser todos panameños, nombrados por pares y escalonadamente cada tres años, lo que permitiría en la Agencia una continuidad a nivel de control estratégico y políticas. La Junta Directiva debe tener la potestad de nombrar y remover al Administrador de la Agencia, esto último con el voto negativo de cinco de sus miembros y no las 3/4 partes sugeridas en el anteproyecto, que además no existen. La Junta Directiva debe tener la facultad exclusiva y la responsabilidad de reglamentar todos los aspectos relativos a la administración y operación del área. Cualquier cambio al Plan Maestro de Uso de Tierras que rige para el Howard en su conjunto, deberá ser llevado por el Ministro de la Presidencia para la aprobación del Consejo de Gabinete.
Por último, llamo la atención al esquema de organización que se pretende establecer para administrar Howard. Su estructura, tal como se propone, bien pudiera ser la fuente de permanentes e inagotables conflictos de autoridad y dar así al traste con el éxito que se espera de la Agencia administradora. La elaboración de “acuerdos de entendimiento” con las instituciones que tienen que ver con los temas laboral, migración, seguridad social, aduana y recaudación de ingresos, para que éstas tengan presencia y responsabilidad de decisión y ejecución en el área, es un error que ya lo hemos sufrido en otros lugares, como el Aeropuerto, y que no debiéramos querer repetir. Si bien el establecimiento de políticas y normas con respecto a los temas mencionados es una responsabilidad privativa e intransferible de las instancias de Gobierno competentes, el cumplimiento de instrucciones, al igual que los incentivos y sanciones a los funcionarios asignados a la Agencia, deben estar bajo la estructura de mando de esta última. Así, cualquier funcionario asignado a Howard actuaría en representación de su entidad respectiva; pero, sin dudas, la emisión de las instrucciones operativas, la reglamentación administrativa y la asignación de recursos para ejecutarlas deben estar bajo la responsabilidad directa del Administrador de la Agencia y éste debe ser responsable de las consecuencias de cada una de sus decisiones. Buscar un término medio en este tema es abrir la puerta a la burocracia, a la ineficiencia y mala calidad de los servicios.
El mejor uso de las áreas revertidas es una responsabilidad de todos los panameños, sin importar el gobierno que esté de turno. El anteproyecto de ley para convertir Howard en un área económica especial viene a llenar un vacío que, por las razones que fueren, se creó con el cambio en la ARI de la administración del Dr. Ardito Barletta al Ing. Arias Grimaldo. El país requiere poner en buen uso las áreas revertidas y requiere de mecanismos para generar inversiones locales y atraer capitales extranjeros que puedan aprovechar nuestra posición geográfica y generar empleos dentro de un mundo cada vez más pequeño y más competitivo. Dentro de este sentido amplio de Patria y con las correcciones sugeridas, damos un sí rotundo a Howard.
El proyecto de convertir Howard en un área económica especial permitirá al Estado panameño competir en esa red de servicios que hoy exige la economía mundializada, potenciando así las ventajas competitivas y comparativas de nuestra privilegiada posición geográfica. Si aceptamos este carácter internacional de Panamá, no parece razonable analizar Howard como un proyecto que compite con la Zona Libre u otros puntos de atracción de inversiones dentro del área canalera. Más bien todo lo contrario. Las riberas del Canal deben servir de atracción a empresas que añadan valor agregado a las mercancías y los servicios que ya ofrece el Canal, y así, el diseño y la construcción de opciones de inversión en el área, deben complementar, potenciar y maximizar el desarrollo de nuestro país y los beneficios que del mismo se deriven.
No obstante, opino que el interés de la ARI y la Corporación Financiera Internacional, entidad del Banco Mundial que asesoró en el concepto de Howard, debe enfocarse a la promoción y atracción de empresas en actividades de clase mundial, que formen parte del concierto internacional de producción de bienes y servicios, sobre todo en aquellos sectores que los análisis de mercado identifican como los más activos y aptos para establecer operaciones y beneficiarse de las bondades que ofrece nuestro país. Como ejemplo, se me ocurre que en una primera intención, Howard debe competir y atraer empresas en el campo de la alta tecnología, aprovechando las instalaciones aeroportuarias que existen en el área y su cercanía a una de las entradas del Canal. Pero el anteproyecto de ley, tal como se conoce al 20 de diciembre, abre las puertas de manera indiscriminada a “todo tipo de actividades, de cualquier índole”. Además, el amplio paquete de beneficios que el anteproyecto ofrece a las empresas que allí se instalen, nos da a los panameños margen para comenzar a entender el corredor de la Región Interoceánica como un todo, desde Colón hasta la ciudad de Panamá, para invertir en la modernización de su infraestructura y uniformar los criterios de desarrollo para toda el área, de tal suerte que las compañías que en un momento consideran a Panamá como asiento para sus actividades, puedan decidir sobre una base de beneficios homologados y disponibles a lo largo de la franja canalera, producto de una estrategia nacional de desarrollo, y las necesidades de las empresas para asegurar el éxito de sus operaciones.
No podemos seguir pensando en un enfoque de desarrollo para el país como si se tratara de circuitos electorales, es decir, Arraiján, La Chorrera, Colón o la ciudad de Panamá.
En un plano conceptual, la Agencia que administrará Howard debe tener más claro y mejor definido en la ley su papel de supervisor y su responsabilidad sobre todo lo que suceda a lo interno del área. Existe ya un Plan Maestro de Uso de Tierras para el Area Económica Especial Panamá-Pacífico, que debe ser aprobado formalmente y adoptado por su Junta Directiva una vez instalada. Este debe ser el marco de referencia obligatorio que contenga las pautas a seguir para ejecutar obras en Howard por los posibles desarrolladores, o por la misma Agencia en caso de contratar operadores (sugiero, para evitar confusiones, se modifique en la Ley a “Plan de Uso de Tierras”, las propuestas de trabajo que los desarrolladores deben presentar a la Agencia, para diferenciarlas del “Plan Maestro de Uso de Tierras” que, como indiqué, ya existe en la ARI y bajo el cual deben cobijarse propuestas individuales de desarrollo para Howard).
Por otro lado, ante el “cheque en blanco” que la misma Ley entrega, la Agencia debe definir y operar bajo parámetros concretos de éxito, revisables en el tiempo, de acuerdo a una inversión inicial estimada, en función del Plan Maestro existente, y las proyecciones de desarrollo de acuerdo a las diferentes áreas y actividades que se esperan. Me preocupa la protección del patrimonio del Estado que se entrega a la Agencia sin que exista ningún criterio de rendimiento de capital, y que en ausencia de parámetros de resultados cuantitativos o cualitativos, las decisiones para modificar ese patrimonio, ya sea mediante la venta de bienes, la aplicación de descuentos, el reconocimiento de créditos u otras prácticas comerciales, se sometan en la Ley a tan sólo la expresión “salvaguardando siempre los mejores intereses del Estado”. El resto de mis apreciaciones al anteproyecto de Ley sobre Howard, son de carácter práctico y tienen que ver más bien con la organización y la administración del área.
La Junta Directiva debe gozar de la autonomía que se requiere para administrar un proyecto de esta envergadura. Así, opino que la Junta debe estar presidida por el Ministro de la Presidencia, que los seis directores restantes deben ser todos panameños, nombrados por pares y escalonadamente cada tres años, lo que permitiría en la Agencia una continuidad a nivel de control estratégico y políticas. La Junta Directiva debe tener la potestad de nombrar y remover al Administrador de la Agencia, esto último con el voto negativo de cinco de sus miembros y no las 3/4 partes sugeridas en el anteproyecto, que además no existen. La Junta Directiva debe tener la facultad exclusiva y la responsabilidad de reglamentar todos los aspectos relativos a la administración y operación del área. Cualquier cambio al Plan Maestro de Uso de Tierras que rige para el Howard en su conjunto, deberá ser llevado por el Ministro de la Presidencia para la aprobación del Consejo de Gabinete.
Por último, llamo la atención al esquema de organización que se pretende establecer para administrar Howard. Su estructura, tal como se propone, bien pudiera ser la fuente de permanentes e inagotables conflictos de autoridad y dar así al traste con el éxito que se espera de la Agencia administradora. La elaboración de “acuerdos de entendimiento” con las instituciones que tienen que ver con los temas laboral, migración, seguridad social, aduana y recaudación de ingresos, para que éstas tengan presencia y responsabilidad de decisión y ejecución en el área, es un error que ya lo hemos sufrido en otros lugares, como el Aeropuerto, y que no debiéramos querer repetir. Si bien el establecimiento de políticas y normas con respecto a los temas mencionados es una responsabilidad privativa e intransferible de las instancias de Gobierno competentes, el cumplimiento de instrucciones, al igual que los incentivos y sanciones a los funcionarios asignados a la Agencia, deben estar bajo la estructura de mando de esta última. Así, cualquier funcionario asignado a Howard actuaría en representación de su entidad respectiva; pero, sin dudas, la emisión de las instrucciones operativas, la reglamentación administrativa y la asignación de recursos para ejecutarlas deben estar bajo la responsabilidad directa del Administrador de la Agencia y éste debe ser responsable de las consecuencias de cada una de sus decisiones. Buscar un término medio en este tema es abrir la puerta a la burocracia, a la ineficiencia y mala calidad de los servicios.
El mejor uso de las áreas revertidas es una responsabilidad de todos los panameños, sin importar el gobierno que esté de turno. El anteproyecto de ley para convertir Howard en un área económica especial viene a llenar un vacío que, por las razones que fueren, se creó con el cambio en la ARI de la administración del Dr. Ardito Barletta al Ing. Arias Grimaldo. El país requiere poner en buen uso las áreas revertidas y requiere de mecanismos para generar inversiones locales y atraer capitales extranjeros que puedan aprovechar nuestra posición geográfica y generar empleos dentro de un mundo cada vez más pequeño y más competitivo. Dentro de este sentido amplio de Patria y con las correcciones sugeridas, damos un sí rotundo a Howard.