default

Huele a azufre en Venezuela


Prevengo a cuantos traten de copiar el modelo chavista: sólo cosecharán miseria. Desde que se inició la mal llamada revolución bolivariana, hace ya más de dos lustros, he visitado una o dos veces al año Venezuela, la última el pasado mes de agosto. Así, he podido comprobar de primera mano la degradación en la que un golpista confeso ha sumido a una nación entera.

Fuentes diplomáticas en Caracas me cuentan que la economía ha tocado fondo y que la desesperación de quienes confiaron su voto a Chávez se ha disparado. La tasa de desempleo oficial está en el 7.5% y la bolsa de venezolanos que se ven arrastrados a las penurias de la economía informal no deja de aumentar: 3.7 millones, un dato falseado que no incluye a los miles de profesionales con título universitario o técnico que trabajan en casi cualquier cosa para subsistir. La crisis, con una contracción oficial del PIB superior al 1% y una caída brutal en la actividad comercial que, sin embargo, no logra frenar la desmedida subida de los precios (un 1.9% en noviembre lo que sitúa la inflación acumulada en el 23%, la más alta del continente), está golpeando con dureza a todos los sectores y se ve agravada por la caída de ingresos de la renta petrolera, la principal actividad de Venezuela.

Estos son los datos oficiales, pero la realidad es aún peor. Los economistas independientes hablan de una tasa de desempleo muy superior al 20% y de una caída gigantesca de la productividad que corre pareja a la política de estatalizaciones sin sentido. En apenas dos semanas, Chávez ha cerrado ocho bancos, cumpliendo sus amenazas de nacionalizar la banca si esta no regala los préstamos. A los cortes de luz y agua se suma, además, la oleada de criminalidad y la emergencia sanitaria que tiene paralizados unos 2,000 centros sanitarios mientras el régimen no deja de importar médicos cubanos con peor cualificación que los venezolanos a cambio de crudo regalado.

Para colmo, a lo largo de estos años, Chávez no sólo ha hecho enemigos por medio mundo, también le ha dado tiempo de estrechar lazos con torturadores y asesinos como Fidel Castro o enajenados antijudíos, como el iraní Ahmadineyad.

Mientras, el pueblo llano asiste hipnotizado al salmódico discurso bolivariano y a las cómicas ocurrencias de su líder. Hoy es la transición a la economía socialista y mañana será la prohibición de llevar jeans para oficializar el uso del taparrabos. A Chávez le encantaría que, sumido como está en el caos más absoluto, Obama respondiera a sus insultos. En Copenhague no ha hecho más que retar al presidente de Estados Unidos en busca de una confrontación artificial que le devuelva al enemigo que representaba Bush. Pero Obama no ha picado: que el caudillo se las apañe entre azufre.

hmontero@larazon.es

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América