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Huele a golpe de estado


Desde la semana pasada cunde en Venezuela el rumor de golpe de estado, lo cual ha sido confirmado por el ex militar golpista Francisco Visconti y por diversos analistas independientes. El temor se acentúa en la medida que crece el descontento y la desilusión por el pobre desempeño mostrado hasta ahora por el todavía joven pero convulso gobierno del presidente Hugo Chávez.
Las últimas inundaciones fueron quizás el comienzo del fin. El mandatario afrontó la difícil situación con el único recurso que conocía, el ejército. Pero no fue suficiente y éste mostró los mismos vicios que aquejan a toda la sociedad venezolana. En medio de la crisis, con legiones de hambrientos hacinados en escuelas y gimnasios, surgieron las primeras acusaciones de que los soldados se dedicaban a saquear los suministros de alimentos destinados a los afectados.
Otra lamentable faceta hecha pública fue la reprochable conducta de los uniformados al acudir a sofocar y prevenir los saqueos y la acción de la delincuencia. Reporteros internacionales difundieron imágenes y noticias de diversos abusos por parte de la policía y los militares en contra de la población civil, los cuales incluyeron violaciones de mujeres, torturas y ejecuciones sumarias.
En cualquier caso, la inmensa mayoría de los afectados, tuvo la impresión de que el gobierno no le brindó la ayuda que necesitaba en aquellos momentos de crisis, que cobraron miles de muertos, desaparecidos y damnificados en diversas regiones del país. La semana pasada incluso, se reportó una masiva manifestación de gente sin casa, que reclamaba por una asistencia que no llegaba.
También resultó muy negativo para la imagen del presidente Chávez su flirteo con la guerrilla colombiana, que le ha distanciado del país vecino, hoy inmensamente apoyado por el gobierno de Estados Unidos. Este a su vez, no oculta su descontento por la negativa del mandatario venezolano a permitir el sobrevuelo de aviones estadounidenses que vigilan el tráfico de drogas y armas en la región, en circunstancias en que todas las demás naciones del área prestan su colaboración.
Tampoco ha caído nada bien el abierto coqueteo de Chávez con el dictador cubano Fidel Castro. Y mucho menos su tensa relación con la prensa de su país, limitada al intercambio abierto de críticas y la imposición por el mandatario, de monótonos y vacíos mensajes radiales y televisados a las horas de mayor audiencia.
Y por último, ha sobrevenido lo que nadie esperaba tan pronto; la revelación de los primeros casos de corrupción a cargo de constituyentes adeptos a Chávez y de altos funcionarios de su gobierno. Las acusaciones más directas han provenido de sus propios ex compañeros golpistas, que han señalado hechos, nombres y apellidos; y lo han retado a proceder con las investigaciones pertinentes.
La reacción de Chávez ha sido la de distanciarse de los denunciantes, mientras crece la desilusión y las cifras económicas apuntan hacia un caos en momentos en que menos se justifica, cuando los precios del petróleo alcanzan niveles inéditos en una década y los ingresos que recibe el gobierno por ese concepto, se multiplican por cuatro a los originalmente previstos.
El caos político es igual de grave. La Constituyente ha dado a luz a un supremo disparate, a más de haber cambiado el nombre histórico a la Nación. Hay una total inoperancia legislativa. El Organo Judicial no funciona. Todo el aparato burocrático está paralizado. ¿Hacia dónde están conduciendo a sus naciones los regímenes democráticos ineptos o demenciales?


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