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Huelga aérea en Darién


El pasado 24 de junio, residentes de La Palma bloquearon la pista de aterrizaje del lugar, impidiendo el despegue de dos aeronaves que prestan regularmente el servicio de transporte de pasajeros y carga entre esa población y la ciudad capital. Las causas del exabrupto son propias de la imaginación de García Márquez, inverosímiles hasta para Macondo, el fantasioso pueblo perdido en la jungla donde los cadáveres del cementerio flotan por las callejuelas, arrastrados por la corriente tras una lluvia interminable.
Según los vecinos del lugar la insólita medida de fuerza era una forma de protestar por la falta de agua. ¿Qué tiene que ver el agua de consumo con el transporte aéreo? Nada; pero la gente de La Palma, Darién, no lo sabe.
Con toda razón, las empresas aéreas concesionarias que cubren la ruta, suspendieron el servicio desde entonces, alegando inseguridad, puesto que las autoridades han sido incapaces de mantener despejada la pista y velar por la integridad de las aeronaves y el personal que las opera.
Bueno es tener presente que el artículo 241 del Código Penal prevé como delito "el que sin crear situación de peligro común impida o estorbe el normal funcionamiento de los transportes por tierra, agua o aire", con sanciones de 6 meses a 2 años.
Siendo así, parece aconsejable que las autoridades procuren una normalización del servicio de transporte, propiciando un diálogo entre la comunidad, el alcalde del lugar, la Policía y las empresas aéreas, para dejar claro que por ninguna razón debe nadie impedir o estorbar el normal funcionamiento del transporte aéreo, no importa los motivos que se invoquen.
Y la comunidad de La Palma, debiera aprender de una vez por todas la lección. No es válido protestar perjudicándose a sí misma. Es ella la primera llamada a preservar el libre desenvolvimiento de un servicio que resulta vital para una comunidad aislada, sin carreteras, ni mayores medios alternativos de transporte.

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