Huelga médica
El derecho a huelga está consagrado en casi todas las legislaciones del mundo. Se recurre a ella para lograr legítimas aspiraciones. Pero en el caso de los médicos, ella resulta ilegítima puesto que afecta la salud y la vida de las personas. El requerimiento de los médicos al servicio de instituciones del Estado, que se les aumente sus sueldos en un porcentajes elevados, resulta absurdo. En el caso del gobierno hay, además, una trágica secuencia si accede a semejante petición, pues toda posible huelga en lo futuro implicaría reclamar el mismo porcentaje en el aumento.
El Gobierno, con el respaldo de la población, debe ya afrontar la huelga con firmeza y no acceder a las zigzagueantes peticiones médicas. Eso sería premiar una brutal agresión a la vida y la salud de todo un pueblo. Lo que procede es darle a los huelguistas un término perentorio para reanudar sus labores y dialogar después. El que no esté de acuerdo, que renuncie, y si vencido el término fijado no lo ha hecho, será destituido y reemplazado. Hay muchos médicos panameños que aceptarían el cargo y, si no fueran suficientes, contratarlos entonces de países de Latinoamérica, vendrían gustosos porque, en la mayoría de ellos, sus emolumentos, en sus respectivas monedas, están lejos de alcanzar lo que lograrían trabajando en nuestro país.
Gobierno y pueblo estamos ya consternados ante el trágico panorama de enfermos desatendidos y muertes por culpa, precisamente, de quienes juraron servir a la salud y la vida, y ahora se muestran huérfanos de compasión para con su prójimo.