default

Huérfanos de oposición


Estoy casi seguro que muchos panameños a nivel nacional no reconocen los nombres de las personas que menciono tomadas todas de un directorio telefónico: Rubén de León S., Omar Chen Chang, Elpidio A. González G. , Héctor E. Aparicio D., José Urrutia, Freidi Martín Torres D, Eddy E. Londoño G., Enrique Montezuma M., José Muñoz M., Serafín Sánchez G., Sergio Tócamo y Samuel Binns Villagra. Son todos legisladores de la república, cuya lista completa aparece en las páginas 34 y 35 de la parte blanca del directorio que, aunque no sean las amarillas, es una prueba de que sí existen. Si además se preguntara de qué partido son, de seguro que pondría en aprietos a los interrogados.
El país tiene una clase política desconocida. Simplemente porque no se proyecta, o no le interesa hacerlo, porque el asunto está en otros "biznes". Veamos algunos ejemplos más. Si preguntara el nombre de dos directivos de Cambio Democrático, sólo mencionarían el de Ricardo Martinelli. Si preguntara quién es el presidente de Solidaridad, la mayoría no sabría, ya que en los últimos meses han pasado por ese cargo varias personas. Si preguntara a qué partido pertenece Alberto Magno Castillero, hoy Vicepresidente de la Asamblea, muchos quedarían confundidos porque ha estado en el de La Pintada, en el META y ahora con el gobierno. La gente no distingue entre quiénes son de gobierno y quiénes de oposición, ya que pareciera que el país está huérfano de esta última.
La clase política en Panamá cada día se proyecta menos. Hay quienes, sin tener ningún cargo político, caso de Ricardo Arias Calderón, expresan opiniones sobre el devenir nacional que muchos dirigentes políticos juntos, quienes pareciera importarles más sobre las partidas circuitales, los puestos que le dan en el servicio exterior, los puestecitos que le quitan y las prebendas y privilegios que le otorgan, cuando no se están haciéndose acusaciones mutuas como es el deplorable caso del gubernamental Molirena. Con excepción de Guillermo Quijano del Molirena, del recién fallecido liberal Joaquín Fernando Franco y de Jorge Ritter, Jorge Illueca, Adolfo Ahumada y Rafael Mezquita del PRD, son pocos los que opinan sobre temas nacionales.
¿Qué político de rango se le ha ocurrido presentar un habeas data, para dejar en claro las intenciones gubernamentales de no ser transparente en sus actuaciones públicas? Todavía espero que el inspirador de ese recurso, José I. Blandón, exprese su opinión sobre la forma tan particular y sistemática como se están burlando de su excelente propuesta, tanto en el Ejecutivo como en el Judicial. ¿Qué dirigente político de importancia se atreve a hacer algunas de las denuncias que regularmente presenta Enrique Montenegro? Nos subieron los teléfonos y nadie se atrevió a darle una pelea a la transnacional inglesa. Nos subieron la tarifa de las autopistas y nadie dijo ni esta boca es mía; igual ha ocurrido con el constante aumento de la electricidad. Afortunadamente, cuando se protestó en contra de la arbitrariedad del Ente Regulador de prohibir las llamadas vía internet, algunos legisladores protestaron y la Corte ordenó la suspensión de la medida.
Fui legislador en el período 1984-1989 y 1990-1994; antes y durante la dictadura. Cuando llegamos a la Asamblea en el 84 junto con Ossa, Montemayor, Arellano y Mejía, hicimos una oposición que nos hizo sentir frente a los militares. Por nuestra verticalidad y constancia nos llegaron a respetar. Adonde había un problema, allí estábamos. Recuerdo que en l985, sólo para poner un ejemplo, siendo Ardito Barletta presidente y Arturo Melo ministro de Hacienda, se intentó reevaluar el impuesto de inmuebles que se pagaba, algo parecido a lo que se quiere hacer hoy con la reforma tributaria. Comenzaron el estudio por San Francisco de la Caleta, en donde residía un gran número de jubilados y que, de prosperar la idea pagarían 5 ó 6 veces el impuesto sobre inmuebles que pagaban, con los cual se verían obligados a vender sus propiedades. Averiguando aquí y allá, nos dimos cuenta que Manuel Antonio Noriega vivía en ese corregimiento. Descubrimos que su propiedad en Altos del Golf nunca había declarado mejoras. Aparecía en el Registro como un pequeño chalet, más módico que el de muchos por allí, a pesar de ser una especie de pequeño palacio. Eso fue suficiente para que a través de la misma Asamblea denunciáramos lo que se pretendía, logrando que ese proyecto de reevaluación simplemente quedara allí. Por saber hacer esa oposición nos logramos convertir en el primer partido político en 1989.
Por no saber hacer oposición en el período siguiente, proyectando una imagen de permanente división en nuestras filas, sosteniendo posiciones encontradas entre nosotros mismos en la Asamblea, de casualidad, por no decir otra cosa, de 29 legisladores quedamos en uno. Cuando hicimos bien nuestro trabajo, el pueblo nos recompensó, cuando no, nos dio la espalda. Hoy en día, todo indica que no hay una oposición programática y perseverante frente al gobierno. Pareciera que ningún partido esta dispuesto, además de decir que es de oposición, a hacer una verdadera oposición a los tantos desaciertos gubernamentales que a diario se dan y a opinar sobre los diferentes temas del debate nacional.
Hoy, al igual que en el tiempo de los militares, una nueva batalla se aproxima. Me refiero a la nueva reforma tributaria. El país quisiera que los legisladores sean sus voceros frente a la misma, aprovechando la oportunidad para sugerir ideas concretas sobre cómo se puede buscar mecanismos para lograr resolver las desigualdades sociales que se presentan. ¿Podremos, en los días que hacen falta para esta discusión, lograr lo que hemos carecido en los últimos años? El país se merece, en definitiva una mejor clase política.
(cochez@cableonda.net)

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América