Humo, impuestos y economía
La mejor forma de acabar con una actividad económica es a través de los impuestos y las restricciones a la libertad de empresa. Eso lo saben las empresas tabacaleras y el "lobby" antitabaco. La campaña ha sido tan efectiva que desde hace varios años las empresas tabacaleras estadounidenses han estado comprando empresas de alimentos y realizando otras inversiones para diversificar su base económica, ya que saben que tarde o temprano tendrán que dejar la industria del tabaco. La estrategia ha sido muy sencilla, se grava con impuestos cada vez mayores el consumo de las sustancias cuyo mercado se desea estrangular, se restringe también el mercado, limitando los lugares en donde se puede consumir y la edad de quienes los pueden comprar. La fórmula ha sido exitosa y hoy, gracias a Dios y a los impuestos, cada vez somos menos los que sufrimos el humo ajeno afectando nuestra salud.
Esta experiencia deliberada comprueba fehacientemente que los impuestos y la restricción a la libertad de empresa llevan a la quiebra a las empresas afectadas de esa manera. A contrario sensu los bajos impuestos y la ausencia de intervención estatal hacen florecer las empresas y la economía en general. Si esta es una verdad tan evidente, ¿cómo nos explicamos que los gobiernos pretendan cada vez gravarnos con más impuestos y reglamentaciones limitantes a la libertad de emprender y a la vez esperen que la economía crezca y aumente el nivel de empleo? Es claro que cada balboa que el gobierno nos saca en impuestos y tasas y cada paso burocrático que se agrega en la permisología oficial, es un empujón hacia la quiebra empresarial y un tiro en el pie a la economía nacional. Como seres pensantes y sensatos, sabemos que todos los servicios y bienes que esperamos recibir de otros, tienen un costo y estamos dispuestos a pagar un precio razonable por ellos. El problema es cuando se usa el poder de coacción casi absoluta con que cuenta el Estado y sus actividades monopólicas, para esquilmar a las personas y empresas productivas, quienes reciben a cambio de sus impuestos y tasas servicios y bienes de mala calidad, cuando no es que no reciben nada. No sabemos si es el agua que se sirve en el Consejo de Gabinete o el aire acondicionado de los despachos oficiales, pero algo tan lógico y evidente como comprender que si se quiere promover la prosperidad nacional y el pleno empleo, lo que hay que hacer es gastar menos dineros públicos, cobrar menos impuestos y tasas y eliminar las normas absurdas que limitan y hasta impiden la libertad de emprender, se vuelve invisible a los ojos y entendimientos de nuestros gobernantes. Lástima que no comprendan esto y todas sus proyecciones económicas se vuelva humo. Es ese humo es el que nos está matando.
Esta experiencia deliberada comprueba fehacientemente que los impuestos y la restricción a la libertad de empresa llevan a la quiebra a las empresas afectadas de esa manera. A contrario sensu los bajos impuestos y la ausencia de intervención estatal hacen florecer las empresas y la economía en general. Si esta es una verdad tan evidente, ¿cómo nos explicamos que los gobiernos pretendan cada vez gravarnos con más impuestos y reglamentaciones limitantes a la libertad de emprender y a la vez esperen que la economía crezca y aumente el nivel de empleo? Es claro que cada balboa que el gobierno nos saca en impuestos y tasas y cada paso burocrático que se agrega en la permisología oficial, es un empujón hacia la quiebra empresarial y un tiro en el pie a la economía nacional. Como seres pensantes y sensatos, sabemos que todos los servicios y bienes que esperamos recibir de otros, tienen un costo y estamos dispuestos a pagar un precio razonable por ellos. El problema es cuando se usa el poder de coacción casi absoluta con que cuenta el Estado y sus actividades monopólicas, para esquilmar a las personas y empresas productivas, quienes reciben a cambio de sus impuestos y tasas servicios y bienes de mala calidad, cuando no es que no reciben nada. No sabemos si es el agua que se sirve en el Consejo de Gabinete o el aire acondicionado de los despachos oficiales, pero algo tan lógico y evidente como comprender que si se quiere promover la prosperidad nacional y el pleno empleo, lo que hay que hacer es gastar menos dineros públicos, cobrar menos impuestos y tasas y eliminar las normas absurdas que limitan y hasta impiden la libertad de emprender, se vuelve invisible a los ojos y entendimientos de nuestros gobernantes. Lástima que no comprendan esto y todas sus proyecciones económicas se vuelva humo. Es ese humo es el que nos está matando.