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Huracanes de la pobreza



Cuando los huracanes golpean Centroamérica a varios cientos de kilómetros por hora, la secuela de damnificados sin energía eléctrica, agua potable, medicinas y alimentos es el doble de lo que reportan los datos, pues lo que cada vez ocurre en tales situaciones es que la ayuda inmediata rara vez contempla que se trata de zonas muy pobres y alejadas las que resultan directamente afectadas por los embates de la naturaleza, y que por lo general suelen vivir en estado casi permanente de exclusión social.
Una periodista de CNN tuvo que recordarlo recientemente así, cuando al entrevistar por estos días a un funcionario encargado del sistema de protección civil en Nicaragua, éste recomendaba a la población damnificada "usar agua embotellada y comida enlatada". La periodista no dudó en insistirle que la recomendación era probablemente inútil pues la mayoría de los damnificados era gente que vive con menos de un dólar al día y, agregó, que "la ayuda oficial normalmente brilla por su ausencia" en esos poblados. A lo que el funcionario se quedó sin sugerencias y CNN optó por cortar cortésmente la entrevista que obviamente no conducía a nada.
En Centroamérica el huracán Félix -con categoría 5- ha causado hasta ahora al menos medio centenar de muertos, ha destruido unas cinco mil viviendas a su paso por varios países centroamericanos y, tan sólo en Nicaragua, las autoridades ha reportado unas 80 mil personas damnificadas. Es posible que la ayuda a las zonas indígenas nicaragüenses -las más afectadas- tarden en llegar, debido a que carecen de caminos de acceso confiables para las autoridades normalmente concentradas en la capital.
Pero lo que resulta nuevamente revelador, cuando las noticias sobre los huracanes vuelven a colocar en primera plana a tales zonas, es la pobreza extrema en la que viven tantos centroamericanos. Y la frustración es inevitable para los miles de afectados cuando el clima se ensaña contra sus pocas posesiones. Nos corresponde a todos la solidaridad (no esporádica), sino permanente, traducida en políticas públicas sostenidas para que las tasas de crecimiento económico permitan erradicar de una vez por todas la pobreza, que en nuestro país afecta al 40 por ciento de la población panameña. Es cierto, Panamá no es zona de huracanes, pero si de pobreza a pesar del alto índice de crecimiento que tenemos.

101 años de Panamá América

 
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