Hurto de cables
Nadie lo tomó en serio, hasta que hace dos años, de pronto, en plena noche, el Aeropuerto de Tocumen quedó a oscuras y el delicado equipo de radares y de coordinación para el despegue y aterrizaje de aviones empezó a parpadear, mientras se disparaban las plantas automáticas de apoyo. Los controladores aéreos no tuvieron mayores problemas, salvo por algunos angustiosos segundos, pero los pasajeros y el personal administrativo pasó las de Caín.
Todo se debió a un robo de cables. Algunas personas inescrupulosas con ningún sentido de las prelaciones pusieron su interés por ganarse algunos pocos dólares por encima de la seguridad del aeropuerto y del derecho del resto de los ciudadanos. Y así ha seguido. En Coronado y alrededores, en las Cumbres y Alcalde Díaz, por todo el país la experiencia se repite y nadie se salva. Cable & Wireless, que ofrece el servicio de telefonía gasta fortunas en reparaciones y ha dicho que, es tal la demanda local por sustitución de cables hurtados, que cada vez es más difícil comprarlo en el mercado, sin largas esperas en los proveedores. Las compañías con servicio de celular tampoco saben qué hacer, mientras sus sistemas enmudecen y colapsan.
Pero el golpe más audaz de todos fue el robo de kilómetros de fibra óptica soterrada en Colón, de la que comunica a varios continentes entre sí, cuyo principal entronque en el planeta está situado en Panamá. Sus gestores pensaron en todo, que en esencia fue repetir la experiencia del Canal pero con cables de comunicación. Pero bastó que tres ladrones de cable, pico, pala y alicate en mano, se pusieran a escarbarlo para provocar un caos mundial de comunicaciones. De repente, en la India, Singapur y Europa, los teléfonos dejaron de funcionar; y las computadoras que navegaban por Internet en Japón y Malasia, se apagaron. Y una vez más, las unidades de respaldo de cada país fueron insuficientes para suplir el colapso sufrido en Panamá. Nadie está preso y a todo el mundo, salvo a los usuarios del servicio, le parece una gracia y una ingeniosa forma de ganarse la vida, como en la compraventa de cobre y hierro de tapas de alcantarillas y metales mal puestos, con servicio 24 horas como el de Milla 8, cual si se tratara de casas de empeño.
El endurecimiento de las penas es un buen comienzo, pero las compañías debieran introducir los sistemas de detección rápida, que aunque costosos, ayudarán a atrapar a esos irresponsables, para que paguen su pena y la ley no sea sólo un hazmerreír.
La presidenta de este gremio, Mercedes Araúz de Grimaldo, mencionó que el primer ejercicio llevado a cabo el año pasado, incentiva a seguir y mejorar el procedimiento de convocatoria pública, entrevistas y recepción de opiniones por parte de la sociedad que se verá afectada por las decisiones del futuro funcionario.
"Esperamos que la escogencia sea justa, imparcial y meritoria", sostuvo la abogada.