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Hussein y Noriega


Al ver al dictador iraquí el pasado miércoles, agitando arrogante un sable y declarando que prefería morir en combate antes que marcharse al exilio, nos fue inevitable evocar la imagen similar de Noriega en Santiago de Veraguas, un aciago día de 1989, machete en mano, cuando pronunció su tristemente célebre “discurso de las tres p”. Aquél en que dijo que su lema era “plata pa’ los amigos, palo pa’l indeciso y plomo pa’l enemigo”.
En esa ocasión, palabras más o menos, declaró la guerra a Estados Unidos, al tiempo que, por separado, rechazó distintas fórmulas que le proponían un exilio dorado, con tal que abandonara el poder. Lo que vino después es historia, y lo que sobrevendrá a Hussein e Irak será lo mismo que padecimos el 20 de diciembre siguiente.
Contra Irak se aplicarán las mismas armas, enriquecidas y mejoradas. No hay ejército convencional en el planeta capaz de enfrenter semejante tecnología. En Panamá lo probaron todo, incluyendo -por vez primera - las bombas inteligentes guiadas por láser y satélite y el bombardero invisible Steal. Chuchú Martínez narra que a un soldado panameño, que montaba guardia en el Cuartel de Tocumen, lo deshizo un rayo láser.
Cierto que el mayor Daniel Delgado Diamante se las arregló para descender desde Tinajitas y bombardear con morteros las posiciones del invasor en el área canalera, infiltrando sus tropas por el sistema de alcantarillas y drenajes, pero en general, la resistencia cesó a los tres días ante la abrumadora superioridad estadounidense. Se peleó también muy duro en Paitilla y hasta se hizo una película sobre ese episodio.
Pero en medio de la crónica vivida del desigual combate, se dio y quedó la tragedia de centenares de vidas inocentes cegadas y una destrucción sin límites. Y esa es la parte que más nos interesa subrayar, porque por cada soldado caído, mueren diez o más civiles inocentes.
Las tropas suelen ser aprovisionadas con abundante medicina, alimentos y servicios médicos, pero no así los civiles, que en cosa de una semana, comienzan a morir de hambre, especialmente los niños y ancianos.
Igual que Noriega, Hussein puede evitar con su exilio la tragedia y el luto a su pueblo, pero no lo hará, porque en el fondo y en la superficie, son igual de cobardes y no aman a su patria, sino a su ego desquiciado. Poco a nada perdía uno ni pierde hoy el otro, largándose con su inmensa fortuna a otro sitio y permitiéndole a su pueblo reconstruirse, democratizarse y hacer las pases con la comunidad internacional. Pero ni el uno ni el otro tenía ni tiene el menor sentido de la realidad y de las duras ciurcustancias del momento inevitable.
Al final, sobrevendrá la catástrofe para el pueblo que es el que siempre paga la factura más pesada; y uno como el otro, saldrá corriendo para ponerse a buen recaudo al primer disparo, mientras sus ingenuas tropas mueren por una mala causa.
Algunos me estarán calificando de orate, demente, chiflado o, en buen panameño, de "ponchi", por manifestar estas ideas. Quizás porque vislumbran a Guillermo Endara como la tercera fuerza o como el "invencible David entre dos Goliath", capaz de vencer a los partidos por excelencia. Pero les recuerdo que siempre hay "factores externos", mejor dicho "fuerzas foráneas", quienes en verdad tienen la última palabra; porque ellos han influenciado, durante largo tiempo, la elección de presidentes en este país.
A estos personajes el exmandatario los conoce muy bien. Habrá que ver si en esta oportunidad Endara Galimany goza de su respaldo (lo dudo bastante). Sin embargo, le admiro por sus bríos, ímpetu, arrojo y voluntad. Sobre todo por creer que puede ganar. Pero le sugiero ahorrarse el cansancio, no gastar más dinero y "pelar el ojo", porque lo están engañando con "pajaritos preñaos" y agarrando de "chivo expiatorio". Cuídese de "puñaladas en la espalda".
Don Guillermo: "¡Carpe Diem!" y disfrute del cariño de quienes le apoyan. No obstante, con todo mi respeto y pese a todos los pronósticos, sólo le digo: "No se vista, que no va".

101 años de Panamá América

 
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