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Huyendo por la Puerta de Fátima


Acusando obvio desaliento y desgaste, tras ocupar durante 22 años una amplia faja de territorio del Sur de Líbano, Israel se vio forzada ayer a retirarse por la Puerta de Fátima, en desorden; abandonando en su huida algunas armas y pertrechos. A pocos metros, lo seguían presas del pánico algunos miles de milicianos cristianos aliados, miembros del desbandado Ejército del Sur de Líbano, cargando en hombros sus maletas, enseres y sus familias.
Un miliciano dijo amargamente: "Israel nos ha traicionado, traicionó a toda la población del Sur". Fue el triste epílogo de una zaga iniciada en 1978, cuando en plena guerra civil libanesa, entre musulmanes y cristianos, Israel invadió el territorio y se alió con los últimos, estableciendo en suelo libanés una franja de seguridad de colchón entre su frontera norte y sus enemigos sirio e islamita más al norte. "El enemigo de tu enemigo es tu amigo", reza el refrán. Y el ejército israelí terminó apoyando y financiando a los milicianos cristianos que se asentaron en la franja.
La traición suele pagarse con desprecio eterno, a mas de que Israel tendrá que asumir el enorme costo de asimilar la migración de miles de cristianos libaneses que han abandonado su país para siempre y con quienes no guarda más similitud que haber combatido juntos a un enemigo común. Al respecto, el diario israelí Yediot Aharonot comentó: "Tendremos que vivir con un pesado sentimiento de culpa por los ex combatientes del Ejército del Sur de Líbano, que lucharon hombro a hombro con nuestros soldados, y que ahora son refugiados sin hogar ni patria".
Pero ese no es el más caro precio pagado por Israel, tras años de extremismo y arrogancia. Como la retirada por la Puerta de Fátima tuvo lugar sin mediar convenio ni garantía de paz alguna; el diario sirio Shaul Mofaz ha advertido, para que nadie se haga ilusiones, lo siguiente: "No habrá paz alguna, ni negociación con los intrusos, hasta que dejen todas las tierras árabes y las devuelvan a sus propietarios". Obviamente, entre tales tierras están las Alturas de Golán, tomadas por Israel a Siria durante la "Guerra de los Seis Días", además de territorios reclamados por los palestinos.
Para el 7 de julio próximo, cuando deban reanudarse las negociaciones sirio-israelíes, el escenario político y de fuerzas habrá cambiado radicalmente, en términos nada favorables a los últimos. Las guerrillas de Hezbolah y Hamas están ensoberbecidas, con cercanas poblaciones israelíes a tiro de fusil y las demás al alcance de sus multicohetes Kahiyutsa. Nadie está a salvo en Israel.
Otro precio que paga Israel es el de mostrar a sus enemigos que la fuerza es una solución viable, lo cual puede debilitar las negociaciones de paz que se adelantaban con Siria y la Autoridad Palestina bajo gestión del presidente norteamericano Bill Clinton. Por eso algunos han hecho analogía con la caída de Vietnam a manos comunistas, cuando tras el estancamiento de las negociaciones de paz, los estadounidenses fueron derrotados en el campo de batalla. Sea como fuere, es una derrota: la primera en 50 años que sufre Israel, lo que sin embargo abre las puertas, como única salida, a una solución negociada, aun cuando este revés la haga más difícil. De todos modos ello es preferible a la guerra interminable y a las posturas intransigentes.


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