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Ideal inconcluso de los héroes


Duele profundo que no se haya perfeccionado el ideal que guió las luchas nacionalistas de los héroes panameños de todas las épocas, debido a un arraigado colonialismo mental u olvido de la razón de ser de esas gestas patrióticas.
Inconcebible nos resulta que después de 23 años desde la firma del tratado sobre el Canal de Panamá, cuya vigencia culminó el 31 de diciembre de 1999 (más de dos décadas), áreas y bienes de las áreas revertidas conserven nombres extraños a nuestro idioma o idiosincracia y, sobre todo, a los esfuerzos, sacrificios y entrega vital de tantos coterráneos.
La construcción y perfeccionamiento del Estado Nacional fue ideal supremo que conjugó voluntades istmeñas desde el Siglo XIX y se encarnó en numerosos patriotas que vivieron a lo largo de la centuria recién finalizada y en muchos que aún viven y observan perplejos esta contradictoria realidad.
Allí están a la espera de ser justamente reconocidos los nombres de innumerables ciudadanos de jerarquía, cuya acción patriótica sumó eslabones de libertad y soberanía, entre los cuales pueden mencionarse los de Mariano y Justo Arosemena, Mateo Iturralde, León A. Soto, Narciso Garay, Harmodio y Arnulfo Arias Madrid, Roberto F. Chiari, Ascanio Arosemena, entre otros.
También esperan nuestra exaltación y gratitud imperecedera, hechos memorables como el Incidente de la Tajada de sandía, el rechazo del Convenio Filós-Hines, el 9 de enero de 1964 y tantos más que significaron jornadas nacionalistas que contribuyeron al rescate de la plena jurisdicción sobre todo nuestro territorio.
Abundan otros nombres de ciudadanos que se consagraron a conquistar la meta anfictionica de la soberanía total, del rescate de la dignidad mancillada y de la jurisdicción territorial dividida. No hay excusa, por lo tanto, para que estén relegados al olvido, para que los tengamos en un infame ostracismo, mientras nombre extraños nos recuerdan diariamente la sangre derramada y las ofensas vividas, gracias a una relación contractual no deseada ni pedida, que afortunadamente finalizó junto con el último año del siglo anterior.
Inadmisible es que se conserven visibles en ese terruño nuestro, señales de la presencia del extraño que, por tantos años, escribió el calvario sufrido por la colectividad nacional, en tanto que los hitos construidos por los patriotas y yacen abandonados y excluidos de la memoria nacional.
Los nombres de quienes convirtieron en religión de todos los panameños la causa de la recuperación de ese territorio y del perfeccionamiento del Estado Nacional, tienen que sustituir, sin más retrasos, aquellos que nos repiten una historia de atropellos y prepotencia; que actualizan una herencia sangrienta y probadamente mezquina; que nos recuerdan todos los días que nuestra posición geográfica y los recursos canaleros incrementaron durante más de noventa años, las arcas y consolidaron el poder del imperio hegemónico.
Para corregir esta imperdonable laguna y lamentable error oportunamente sugerimos a través de las páginas de este diario (octubre 94, febrero y septiembre 95), erigir y crear sendos monumentos y museos en las áreas revertidas, destinados a escribir el nombre de todos los mártires y sobrevivientes de la lucha generacional, con Tarjas en las que se lea una síntesis histórica de la misma; sede permanente de bienes, documentos y demás testimonios dispersos local y mundialmente de esa gesta memorable; exposición abierta todo el año de fotografías de la estructura, equipos y demás bienes canaleros, para que las presentes y futuras generaciones conozcan cómo eran y el papel que desempeñaron. Recomendamos, además, conceder a familiares cercanos de los mártires y a los héroes que aún viven, sendas residencias en esas áreas, con todos los servicios básicos instalados, sin costo alguno para ellos, como justo tributo a su esfuerzo y entrega patriótica.
Ojalá estas y otras iniciativas cristalicen a corto plazo bajo el gobierno actual, cuya dirigencia está formada y sigue el credo nacionalista del Dr. Arnulfo Arias Madrid, quien en su época exaltó los valores autóctonos, defendió nuestras raíces y costumbres, rechazó verticalmente sumar al país a la vorágine de una guerra, puso en el elevado estrado que le corresponde a la mujer panameña, sembró progreso y construyó para el futuro.
Seguros estamos que en esta ocasión nuestras iniciativas no caerán en oídos sordos, puesto que la conducción gubernamental está en manos capaces, que no sólo garantizan esa hermosa herencia patriótica, sino que están empeñadas en el diseño de un presente y un futuro mejor para todos los habitantes del istmo redimido.

101 años de Panamá América

 
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