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Ideas sobre la panameñidad


Panameñidad. Es una palabra que debería ser usada igual que Hispanidad. En España todos son españoles, pero tienen raíces diversas desde que se manejan varias lenguas (castellano, gallego, euskera, catalán, valenciano y tal vez otra). Pero todos son españoles unidos en su diversidad. Cada reino tiene una historia y tiene un concepto de su hispanidad y de su individualidad.
Panamá es un Estado unitario, pero que está compuesto por al menos seis etnias aborígenes que están enlazadas en dos grandes familias lingüísticas. Pero, además, está la gran población mestiza, que sabe que no es aborigen, pero que hace cosas que los aborígenes realizan, así como sabe que no es negra ni española, pero hace cosas que los negros coloniales y los españoles realizan. De las etnias aborígenes debemos saltar al pasado precolombino y prehistórico, y nos encontraríamos que el ser humano está en Panamá desde al menos el año 10,0000 a. de C. Pero no podríamos hablar de seres humanos si primero no hubiera existido una tierra que poblar. De modo que debemos remontarnos hasta hace casi 2.5 millones de años cuando Panamá emerge de las aguas oceánicas y se consolida como un Istmo que une dos masas continentales y separa dos masas oceánicas.
Pensamos (tal vez distinto a otros) que nuestra población debe dividirse en dos grandes grupos. El primero se subdivide: primero, en las etnias aborígenes, segundo, en el tradicional elemento hispano-indígena, tercero por el elemento afrocolonial, y cuarto, el mestizaje tripartito en que las tres etnias quedaron mezcladas.
El segundo gran grupo es la población surgida de la ruta de tránsito, hoy llamada Región Interoceánica. Los interoceánicos se caracterizan porque están muy mezclados entre los tres grupos originales (aborigen, hispano, africano) y con nuevas mezclas con elementos europeos de habla inglesa o francesa, o americanos de habla inglesa sin dejar de mencionar chinos, indostanes y venidos de muchas partes del mundo. Debido al flujo foráneo, los interoceánicos tienen otros mestizajes ya no étnicos sino culturales que se ven particularmente a la hora de cocinar. Así vemos que es común a la población de esta región, hacer macarrones, mondongo, ron ponche, dulce de frutas y muchas otras cosas cuya influencia es más bien del siglo XX. En todo caso, esta población se inicia a partir de 1850 y cesa su crecimiento hacia 1945.
Teniendo en consideración la presencia de Estados Unidos en el área, y cómo desde allí pudo haber influido en la manera de trabajar o de pensar de otras provincias, es bueno mencionar otro mestizaje cultural como fue el sustituir las tejas coloniales por las láminas de zinc, y desaparecer los jardines abiertos por malla de alambre de ciclón con tres líneas de alambre de púas en su parte superior, tal como los zonians cercaron su territorio para evitar que los panameños se lo invadieran. O sea, los interoceánicos, y luego, el resto de los panameños, adoptamos patrones de conducta como respuesta a los estímulos recibidos. Otro aspecto es el uso de ventanas de paletas de vidrio con malla de alambre menudo para impedir el paso de los insectos. Esto lo aprendimos con el saneamiento del área canalera. Y ciertamente, para el beneficio del mundo, la panameñidad es cuando la tierra se parte para volver a unir lo que la naturaleza había abierto, convirtiéndose en un nuevo puente de tránsito obligado que fue altamente mestizado cultural y genéticamente con secuelas de traumas y complejos. Esta panameñidad se caracteriza por ser muchas cosas y ninguna.
En el siglo XXI tendríamos que resumir que hay una unidad indivisible dentro de una diversidad casi caótica, que de alguna forma, se ha asentado para formar al nuevo Panamá, que le da la cara al mundo con sus ojos europeos, su cabello crespo, su piel dorada y sus gustos idiosincráticos y culinarios multi-nacionales. Inteligente, pero con pocas ganas de leer. Ocurrente, pero con bajo nivel cultural. Casi sin sentido del ridículo ante otros pueblos, pero firmemente dirigida hacia el futuro le pese o le guste a quien no le pese o no le guste.
Podrá haber otra manera de explicar la panameñidad. Tal vez un filósofo la traduciría en una forma de vida (que incluye tender ropa en los balcones y salir de la casa las mujeres con tubos en la cabeza).
Un científico tal vez diría que la panameñidad es ser un laboratorio genético que aún no se sabe qué sorpresas dará, sean buenas o malas. Un político vería aquí al pueblo ingenuo que se deja engatusar y le permite enriquecerse indebidamente.
El empresario verá un pueblo maravillosamente dispuesto al consumo casi indiscriminado. Pero los bancos también verán a un pueblo que gusta del ahorro. Un teólogo, ante esta Babel de razas, lenguas, costumbres, raíces y folklore tan diverso vería la mano de Dios en un proyecto que servirá de piloto para guiar a la humanidad en el futuro.
En nuestro flamante centenario deberíamos ponernos la mano en el corazón y preguntarnos: ¿Quién soy yo dentro de Panamá? ¿Qué es para mí panameñidad? ¿Estoy panameñizando positivamente a mis hijos y nietos? ¿Soy yo panameño o sólo vivo aquí y admiro a otros países? ¿Cómo me afecta este siglo de país panameño?
La presunta responsable, atropelló a Kathia y a su pequeño Giovanni, de tan solo tres años de edad, cuando éstos cruzaban la vía por la línea de seguridad y con la anuencia de un conductor que les había cedido el paso.
Cuando la menor intentó rebasar al vehículo que se había detenido, golpeó con tanta fuerza a Kathia que la elevó por los aires y la arrojó a 40 metros del sitio inicial de im

101 años de Panamá América

 
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