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Ideas sueltas en pro de una educación bilingüe


Si me preguntan cuántas leyes están vigentes en la República de Panamá, con toda honestidad debo responder que no conozco la respuesta precisa. No obstante, puedo afirmar, sin temor a equivocarme, que en nuestro país no se aplica el 95% de las normas vigentes. En pocas palabras, durante toda la historia del congreso nacional (un ente político que no le cuesta pocos reales al fisco) se ha producido un sinnúmero de legislaciones que duerme el sueño de los justos. Panamá no requiere cantidad, sino calidad de leyes. Sin embargo, vemos con mucha preocupación que la Asamblea se aboca perennemente en una carrera de velocidad para producir todas las leyes que pueda. Por ningún lado se observa una preocupación por lo cualitativo. Todo el esfuerzo de este Organo del Estado descansa en el aspecto cuantitativo. Las razones anteriores son las que me llevan a pensar que el sistema educativo oficial no requiere de ninguna ley para que los estudiantes de los colegios públicos egresen con suficientes conocimientos de inglés (indiscutible idioma universal y comercial del momento) y, de esta manera, cuenten con mayores ventajas para incorporarse al mercado de trabajo.
A mi juicio, ni siquiera un decreto ejecutivo es necesario para ejecutar un plan de acción que produzca a mediano y largo plazos (prefiero que sea más mediano que largo) resultados concretos y efectivos en materia de educación bilingüe. Basta, creo yo, con una simple resolución que emane del despacho superior del Ministerio de Educación para que empiece con buen pie el programa que se desea aplicar. Empero, debo reconocer que vivimos en una sociedad interdisciplinaria en la que nadie tiene la última palabra ni la llavecita dorada para abrir la caja en cuyo interior se halla el saber humano en toda su plenitud.
En este sentido, luego de que el Ministerio de Educación emita la simple resolución en la que se declare la obligatoriedad de la instrucción bilingüe [español-inglés] en todo el territorio nacional, se debe concebir con anticipación un plan piloto para que sirva a manera de ensayo y error. Es decir, se toma una muestra de colegios a nivel nacional para iniciar el programa en ellos. Pero antes se debe coordinar con la Universidad de Panamá y con otros centros superiores educativos que ofrecen carreras de enseñanza en inglés, con el objetivo de detectar y contratar a los mejores docentes de la plaza que puedan ofrecer una verdadera enseñanza en el idioma de Shakespeare.
Por supuesto, los entes políticos que definen las erogaciones gubernamentales (Ministerio de Economía y Finanzas, Contraloría General de la República y la Comisión de Presupuesto de la Asamblea Legislativa, entre otros) deberán coordinar esfuerzos para otorgar a estos nuevos profesores bilingües un salario conmensurable, digno y decoroso, que les impida dar el salto hacia la empresa privada. Si van a otorgar sueldos de hambre, tal como los que reciben actualmente los maestros y profesores al servicio del Estado, entonces es mejor no comenzar nada porque el esfuerzo morirá en su cuna. Y ni hablar del Instituto para la Formación y Aprovechamiento de los Recursos Humanos (IFARHU), el cual deberá ofrecer becas (repito: becas; y no préstamos) para que jóvenes panameños con buen índice académico, pero con escasos recursos económicos, puedan dedicarse a tiempo completo a los estudios universitarios.
La Universidad de Panamá, por su parte, prepararía un plan intensivo para que los estudiantes obtengan su grado académico en no más de dos años. La casa de Méndez Pereira debe (para mañana es tarde) romper ese esquema paradigmático de ofrecer solo dos semestres y una débil temporada de verano durante un año académico. La más antigua universidad del país está en la obligación de imitar a sus pares particulares que permiten cursar tres cuatrimestres en un año. La gente ya no está para perder el tiempo, valioso e intangible recurso contemporáneo. Asimismo, debería ser un requisito sine qua non que todos los graduados de este plan intensivo sean becados y enviados a un país de habla inglesa [Estados Unidos está a menos de tres horas por vía aérea] por un período de seis meses, para que fortalezcan sus conocimientos y se conviertan automáticamente en instructores de ELS, siglas para designar al English as Second Language. El IFARHU, con presupuesto más que suficiente, jugaría otra vez aquí un papel de primer orden.
He lanzado estas consideraciones con el ánimo de estimular a otros para que emitan sus propias ideas y, de esta manera, enriquecer un plan que permitirá, en un futuro no muy lejano, que muchos panameños provenientes de hogares humildes puedan acceder a posiciones laborales con un aceptable nivel de remuneración.
(rypriera@cwp.net.pa)

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