Idoneidad ética
Idoneidad: Reunión de las condiciones necesarias para desempeñar una función: su idoneidad para el puesto está fuera de toda duda.
Ética: Instancia desde la cual juzgamos y valoramos las formas como nos comportamos y la instancia desde la cual formulamos principios y criterios acerca de cómo debemos comportarnos y hacia dónde debemos dirigir nuestras acciones. La magistrada, saliente, de la Corte Suprema de Justicia nos decía: (parafraseando) los magistrados de la corte, deberían ser más idóneos en lo pertinente a la ética. La ética es parte de nuestro actuar en lo personal y laboral; naturalmente, existen profesiones que definen, adicionalmente, parámetros específicos dentro del actuar ético general, entre otras, la abogacía y la medicina. Formalmente, sólo se registra la idoneidad profesional.
Rastrear el comportamiento ético y profesional de quienes ejercen la profesión de abogados, en función pública o privada, es factible; sin embargo, no se aplica, ni usual ni adecuadamente, en términos del proceso de selección para la escogencia de los magistrados. Tampoco en el caso de las procuradurías.
El ejercer una función o actividad, requiere plena capacidad para su ejercicio (idoneidad). En el caso de los que administran justicia, las faltas, en su desarrollo funcional y demás circunstancias que delimitan o mal dirigen sus acciones, no sólo representan faltas éticas. Éstas van delineando un actuar delictivo entendidamente corrupto, por lo general, dirigido al enriquecimiento ilícito o fidelidad partidista, no castigado vía el debido proceso.
Ante ese oscuro pasado, lo que solicita la Sociedad Civil, en cuanto a nombramiento de los Magistrados de la Corte Suprema, es pertinente. Si existiese la aplicación, evaluación y correctivos apropiados en la Carrera Judicial: los estadios o semilleros de futuros magistrados, dentro del Órgano Judicial, tales requerimientos no serían necesarios, pues todo el comportamiento profesional histórico sería medible incluso accesible a ésta como parte de la transparencia obligante al respecto.
Señor Presidente de la República, el cambio requiere de pasos firmes hacia la dirección correcta y de la continuidad que le den los gobiernos de turno posteriores al suyo. Sólo así podremos regresar al camino cierto de la democracia representativa. Es por ello que tanto preocupa la necesidad de reformar, integralmente, nuestra Carta Magna.
Las faltas a la ética, conducen al actuar delictivo corrupto. Es interesante correlacionar ambos conceptos, sabor a intelecto. Lo pertinente sin embargo, es escoger bien y que los escogidos empiecen a darse cuenta de que el desempeño correcto de sus funciones, para las cuales deben ser idóneos, recubren el actuar ético y limitan la corrupción.
Todo lo que necesitamos en Panamá es que los funcionarios públicos cumplan efectivamente, eficientemente y de manera transparente, el ejercicio de las funciones que le son, correctamente asignadas.