Iglesia y educación
Con motivo de celebrarse el día de la educación católica en Panamá es oportuno recordar, especialmente durante la celebración del centenario de la República, su aporte al desarrollo de la educación nacional a través del trabajo de numerosas comunidades educativas que han contribuido en la formación integral de hombres y mujeres para participar activamente en la vida social.
La Iglesia ha estado preocupada por el tema de la educación desde sus primeros tiempos. Ya en el año 350 San Agustín de Hipona aparece educando como un enlace entre el mundo romano pagano y el mundo cristiano. Desde entonces la historia de la humanidad registra los esfuerzos realizados por ofrecer educación en valores junto con una preparación para el trabajo de parte de comunidades religiosas dedicadas a esta noble misión.
Los hermanos de La Salle, salesianos, agustinos, esclavas, bethlemitas, ursulinas, franciscanas y jesuitas han dedicado su vida a la formación de jóvenes inundando nuestros países de escuelas primarias, secundarias, vocacionales, profesionales y agrícolas, así como universidades que cumplen una invaluable función social.
En Panamá los Hermanos Cristianos de la Orden Religiosa de San Juan Bautista de La Salle fundaron el prestigioso Colegio La Salle para varones en 1908, y regentaron las escuelas primarias más importantes del país en Colón, David, Aguadulce, Penonomé, Santiago de Veraguas, Taboga y la Villa de los Santos, así como la Escuela Normal para Varones de donde salieron con el diploma de maestro los doctores Octavio Méndez Pereira y José Daniel Crespo entre otros.
El Colegio María Inmaculada fundado por las reverendas madres franciscanas en 1920, el Colegio Las Esclavas del Corazón de Jesús en 1947, el Javier y San Agustín, María Auxiliadora, Nuestra Señora de Bethlem y el Instituto Técnico Don Bosco entre otras muchas, son escuelas vinculadas a la formación de panameños y panameñas que llevan un sello distintivo por los sólidos valores que orientan y dan sentido al conocimiento.
Ahora en los umbrales del tercer milenio, las escuelas católicas se convierten en un baluarte ante retos nuevos lanzados por otro contexto sociocultural y político. El profundo pluralismo que impregna la conciencia social, los rápidos cambios estructurales, las profundas innovaciones técnicas y la globalización de la economía, repercuten en la vida del hombre de cualquier parte de la Tierra. En muchos casos ese desarrollo contribuye a debilitar nuestra sociedad por la pérdida de valores que supone.
Ese es el mundo que nos corresponde vivir y en donde la escuela católica encuentra un desafío que vencer. Por esa lucha felicitamos a todos los que participan en este esfuerzo liderado por los educadores católicos y los exhortamos a continuar trabajando como co-responsables del desarrollo social y cultural de las diferentes comunidades y pueblos de los que forma parte, compartiendo los éxitos y las esperanzas, los sufrimientos, las dificultades y el esfuerzo para un auténtico progreso humano y comunitario.