Ignacio de Loyola
Mañana 31 de julio, nuevamente celebraremos la fiesta de San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús. Hoy hago memoria devota del santo padre San Ignacio. No es un santo popular, al menos aquí en Panamá, aun cuando tiene su gente. En la tierra vasca, por supuesto. Todos los años recibo comunicación telefónica de alguna de las sobrevivientes de aquel Coro Eucarístico de la Iglesia de San Francisco de Asís del Casco Viejo, para felicitar por mi medio a todos los jesuitas que trabajan en Panamá y de paso hacer memoria de aquellos hermanos y sacerdotes mayores oriundos de España que trataron de hacer algo por Cristo en este país.
Y hablando del Coro Eucarístico de finales de la década del 30 y comienzos del 40, confieso que pertenecí a esa ilustre entidad. Lo dirigía la Señorita Xenia Duque. Había varones y mujeres. Ensayábamos un par de veces por semana. Asistían a la directora del coro, que por cierto era muy perfeccionista, los reverendos que de Dios gozan, Teófilo Aldaz y Juan Antonio Aróstegui. Aprendimos la marcha de San Ignacio que tanto gusta y que muchos jesuitas jóvenes hispanofonos de hoy ni se la saben y la consideran demasiado marcial e inadecuada a los tiempos. Pero gusta. Los ex alumnos del Javier en su gran mayoría la recuerdan. Y no sólo la marcha de San Ignacio, sino también, muchos O Salutaris, Ave Verum, Tantum Ergo, y misas en canto gregoriano. De esas rentas hemos vivido. Incidentalmente, tengo que anotar que fui despedido abruptamente del coro por travesuras u ocurrencias infanto-juveniles. Recuerdo de aquellos tiempos, a José Antonio Moncada Luna (r.i.p.) y sus hermanos, a Luis Adames Palma, su hermana la Sra. de Cuevas y sus hermanos, la siempre activa Dania Lamboglia de Aguilera, Rafael Cueto difunto y su hermana Cecilia, a Elsa Alzamora y otros y otras que no ubico en el recuerdo, a Vilo Sosa y sus hermanos, compañeros de aventuras marinas, los Icaza Sánchez. El Coro, con sus mixtas voces, llenaba y amenizaba los actos de culto de aquella histórica época. Tengo que confesar que esa fue mi agradable prehistoria jesuítica.
"Tempora mutantur nosque mutamur in illis" (Los tiempos cambian y también nos cambian a nosotros). Efectivamente, San Ignacio de Loyola es recordado por su obra la Compañía de Jesús que por 5 siglos ha tratado de servir a Dios en la Iglesia Católica, aún cuando hubo un Obispo en Panamá que jocosa y públicamente afirmó que había estudiado con los jesuítas cuando los jesuitas eran "católicos", lo cual invitó a muchos aplausos, a pesar cuando después dijo que eso no era lo que quiso decir.
Como toda institución religiosa de nuestros tiempos posconciliares ha estado sujeta a los vaivenes y movimientos telúricos de adaptación a los retos del mundo moderno y posmoderno. Sequía de vocaciones y envejecimiento del personal. A mi entender, cierta vanidad que orlaba en torno al término "jesuita" se ha ido desvaneciendo y gracias a Dios, muchas otras congregaciones y órdenes religiosas se han distribuido responsabilidades que otrora sólo parecían que las podían llevar los jesuitas. "IIIlos oportet crescere nos autem minui", (Conviene que otros crezcan y nosotros disminuyamos) adaptando las palabras de San Juan Bautista en los evangelios al referirse a Nuestro Señor Jesucristo, el General de la Orden en la década del 40-50, Jean Baptiste Janssenss exhortaba a los hijos de San Ignacio. En el sencillo acto con que este año conmemoraremos estas efemérides se disertirá sobre "San Ignacio y los laicos" El peregrino Ignacio tuvo una vivencia muy fuerte de gratitud hacia todas aquellas buenas personas que al borde los muchos caminos de su vida, le dieron toda suerte de ayuda y apoyos. A sus hijos, en las Constituciones nos mandó tenerlas siempre muy presentes, pidiéndole a Dios que "les retribuya con su infinita y suma liberalidad, la que ellos han usado con la Compañía por su divino y amor y reverencia y con remuneración eterna (640).
Al final de las conmemoraciones de los centenarios ignacianos, la Compañía dirigió una carta a todas las personas que tratan de hacer de la espiritualidad ignaciana un eje vertebrador de su vida. En ella se decía francamente: "sin vosotros, sin vuestra cooperación, nuestros apostolados no podrían ofrecer un servicio efectivo a la Iglesia, al Pueblo de Dios". Después de la Congregación General 34 de los jesuitas, re redactó y aprobó un Decreto dedicado a la "cooperación con los laicos en la misión", donde la Compañía reconoce como "una gracia de nuestro tiempo y una esperanza para el futuro el que los laicos tomen parte activa, consciente y responsable en la misión de la Iglesia en este momento decisivo de la historia".
El impulso del movimiento laical en la Iglesia no brotó de la angustia cuantitativa de sus números decrecientes, sino de la alegría cualitativa y teológica de descubrir la hondura de la llamada a la santidad y a la misión que nace de la condición de bautizado. Todos son responsables en la edificación de la Iglesia y del anuncio del Evangelio a todas las gentes. De ahí las palabras vigorosas con que el Santo Padre Juan Pablo II invita a los laicos en su "Christifideles laici" (los cristianos laicos) a responder generosamente a la llamada del Señor para trabajar con El en el amplio campo del mundo. La Compañía de Jesús se ha enriquecido en lo que hace y en la forma como entendemos nuestra misión con la colaboración creciente de los laicos ante lo cual siente una profunda alegría y el deseo de potenciarla con entusiasmo y responsabilidad.
Y hablando del Coro Eucarístico de finales de la década del 30 y comienzos del 40, confieso que pertenecí a esa ilustre entidad. Lo dirigía la Señorita Xenia Duque. Había varones y mujeres. Ensayábamos un par de veces por semana. Asistían a la directora del coro, que por cierto era muy perfeccionista, los reverendos que de Dios gozan, Teófilo Aldaz y Juan Antonio Aróstegui. Aprendimos la marcha de San Ignacio que tanto gusta y que muchos jesuitas jóvenes hispanofonos de hoy ni se la saben y la consideran demasiado marcial e inadecuada a los tiempos. Pero gusta. Los ex alumnos del Javier en su gran mayoría la recuerdan. Y no sólo la marcha de San Ignacio, sino también, muchos O Salutaris, Ave Verum, Tantum Ergo, y misas en canto gregoriano. De esas rentas hemos vivido. Incidentalmente, tengo que anotar que fui despedido abruptamente del coro por travesuras u ocurrencias infanto-juveniles. Recuerdo de aquellos tiempos, a José Antonio Moncada Luna (r.i.p.) y sus hermanos, a Luis Adames Palma, su hermana la Sra. de Cuevas y sus hermanos, la siempre activa Dania Lamboglia de Aguilera, Rafael Cueto difunto y su hermana Cecilia, a Elsa Alzamora y otros y otras que no ubico en el recuerdo, a Vilo Sosa y sus hermanos, compañeros de aventuras marinas, los Icaza Sánchez. El Coro, con sus mixtas voces, llenaba y amenizaba los actos de culto de aquella histórica época. Tengo que confesar que esa fue mi agradable prehistoria jesuítica.
"Tempora mutantur nosque mutamur in illis" (Los tiempos cambian y también nos cambian a nosotros). Efectivamente, San Ignacio de Loyola es recordado por su obra la Compañía de Jesús que por 5 siglos ha tratado de servir a Dios en la Iglesia Católica, aún cuando hubo un Obispo en Panamá que jocosa y públicamente afirmó que había estudiado con los jesuítas cuando los jesuitas eran "católicos", lo cual invitó a muchos aplausos, a pesar cuando después dijo que eso no era lo que quiso decir.
Como toda institución religiosa de nuestros tiempos posconciliares ha estado sujeta a los vaivenes y movimientos telúricos de adaptación a los retos del mundo moderno y posmoderno. Sequía de vocaciones y envejecimiento del personal. A mi entender, cierta vanidad que orlaba en torno al término "jesuita" se ha ido desvaneciendo y gracias a Dios, muchas otras congregaciones y órdenes religiosas se han distribuido responsabilidades que otrora sólo parecían que las podían llevar los jesuitas. "IIIlos oportet crescere nos autem minui", (Conviene que otros crezcan y nosotros disminuyamos) adaptando las palabras de San Juan Bautista en los evangelios al referirse a Nuestro Señor Jesucristo, el General de la Orden en la década del 40-50, Jean Baptiste Janssenss exhortaba a los hijos de San Ignacio. En el sencillo acto con que este año conmemoraremos estas efemérides se disertirá sobre "San Ignacio y los laicos" El peregrino Ignacio tuvo una vivencia muy fuerte de gratitud hacia todas aquellas buenas personas que al borde los muchos caminos de su vida, le dieron toda suerte de ayuda y apoyos. A sus hijos, en las Constituciones nos mandó tenerlas siempre muy presentes, pidiéndole a Dios que "les retribuya con su infinita y suma liberalidad, la que ellos han usado con la Compañía por su divino y amor y reverencia y con remuneración eterna (640).
Al final de las conmemoraciones de los centenarios ignacianos, la Compañía dirigió una carta a todas las personas que tratan de hacer de la espiritualidad ignaciana un eje vertebrador de su vida. En ella se decía francamente: "sin vosotros, sin vuestra cooperación, nuestros apostolados no podrían ofrecer un servicio efectivo a la Iglesia, al Pueblo de Dios". Después de la Congregación General 34 de los jesuitas, re redactó y aprobó un Decreto dedicado a la "cooperación con los laicos en la misión", donde la Compañía reconoce como "una gracia de nuestro tiempo y una esperanza para el futuro el que los laicos tomen parte activa, consciente y responsable en la misión de la Iglesia en este momento decisivo de la historia".
El impulso del movimiento laical en la Iglesia no brotó de la angustia cuantitativa de sus números decrecientes, sino de la alegría cualitativa y teológica de descubrir la hondura de la llamada a la santidad y a la misión que nace de la condición de bautizado. Todos son responsables en la edificación de la Iglesia y del anuncio del Evangelio a todas las gentes. De ahí las palabras vigorosas con que el Santo Padre Juan Pablo II invita a los laicos en su "Christifideles laici" (los cristianos laicos) a responder generosamente a la llamada del Señor para trabajar con El en el amplio campo del mundo. La Compañía de Jesús se ha enriquecido en lo que hace y en la forma como entendemos nuestra misión con la colaboración creciente de los laicos ante lo cual siente una profunda alegría y el deseo de potenciarla con entusiasmo y responsabilidad.