Ileana, no hemos naufragado
Desde las primeras páginas, Ileana Golcher no deja lugar a dudas sobre su motivación al escribir este nuevo texto, intitulado "Escriba y publique su libro". La dedicatoria la descubre diáfanamente, pues allí está el meollo del asunto, que se puede resumir en cuatro palabras: Amor a los libros. Pero ese amor le hace concebir un arma metodológica audaz. No se trata sólo de animar a leer libros sino de enseñar a hacerlos, escribirlos, difundirlos con un objetivo estratégico que revela sin ambages. Esto se hace para mejorar la calidad de la educación panameña a través del buen matrimonio entre los programas de estudio con el libro de texto, "binomio necesario" para un exitoso proceso educativo.
Entonces, esto más que un libro es un mapa del tesoro, que nos conduce hábilmente por los caminos necesarios para construir un texto, que va servir para la educación de muchas personas en especial de niños y jóvenes. Ahora no existe excusa para hacer un libro - y no sólo de texto- pues Ileana nos lleva de la mano por todas las etapas y momentos necesarios (planificación, diseño, validación, inscripción, y más) para encontrar al fin la equis sobre el pergamino.
Ella se afirma sobre la aseveración de que ya van siete siglos de lectura humana y de estos cuatro siglos de utilización del texto educativo, lanzando la proyección hacia el futuro, pues como bien afirma, todavía ningún otro recurso técnico ha reemplazado la función del papel impreso en la educación, en especial en los países subdesarrollados.
Ileana hilvana toda su propuesta tejiéndola con los ejes transversales de la perspectiva de género, la igualdad entre hombres y mujeres, presente en contenidos, imágenes y lenguajes, en firme lucha contra los estereotipos sexistas. En otras palabras, creo que Ileana se sale con la suya al intentar vencer las cinco dificultades para decir la verdad que enunció Bertolt Brecht: Uno, el coraje de escribirla. Dos, la inteligencia para reconocerla. Tres, el arte de convertirla en arma. Cuatro, la capacidad para compartirla con aquéllos - aquéllas en cuyas manos será útil, y quinto, la habilidad para propagarla. A nosotros nos toca especialmente ayudar a vencer las dos últimas.
Bueno, hasta aquí todo está muy bien, pero es necesario decir algunas cosas más. Los libros de texto - y ni hablar de los libros en general -están ausentes de los pupitres -si los tienen- de muchos estudiantes panameños -imagínense los no estudiantes- pues una tercera parte de los estudiantes pobres y 60% de los estudiante pobres indígenas de nivel primario no los ven. ¿La razón? El dinero para comprarlos, la falta de libros, o los maestros que no los piden porque saben que sus alumnos no los pueden adquirir. Datos del centenario. Brillan por su ausencia las políticas integrales sobre la promoción de los textos escolares(¡y sobre otras tantas cosas!) Persiste la influencia extranjera en los textos, ajenos a nuestra cultura e identidades. Existe un deficiente nivel de formación en la elaboración y uso del libro de texto. Lamentablemente, Ileana, no puede darnos recetas para superar la pobreza, pero sí nos aporta el conocimiento y la orientación para hacer más, mejores y accesibles los textos por los que clama la educación nacional. Predica con el ejemplo, sino fíjense en la calidad de este libro que se presenta, apoyado por el Banco Nacional de Panamá, y que es la publicación número 76 de la autora.
Hablando de libros. Esta semana me leí la novela Zama del escritor argentino Antonio di Benedetto, fallecido luego de estar 18 meses torturado en prisión por la dictadura argentina, sin que él ni nadie supiera por qué. Zama es un personaje que espera, confinado en el Paraguay del siglo XVIII, aislado de su familia, de su esposa Marta e hijos que viven a enormes distancias. Zama resiste largos años estas ausencias, y sus últimos días los sufre en la persecución tenaz de unos bandoleros, a punto de fenecer toma una pluma y la sangre de un avestruz capturado como alimento, escribe con ella una nota, que mete en una botella vacía de ron, la que lanza a aguas de un río que semanas después desembocará en el mar. Son sólo cuatro palabras: "Marta, no he naufragado", cuatro palabras como "Amor a los libros", pero que en el fondo quieren decir lo mismo.
Quieren decir que amenazados por el terrorismo y la guerra, la recesión y la pobreza, el sexismo y los antivalores, la corrupción y el desamor estamos con gente como Ileana Golcher que porque ama los libros, quiere enseñar a hacerlos y difundirlos para edificar una mejor y buena educación, especialmente en los que hoy se levantan y que mañana vivirán y manejarán este país. Y con esto nos está diciendo que no hemos naufragado, que las naves que llevan las voces que proponen y construyen, siguen navegando, pues "no hay proa que taje una nube de ideas" como lo proclamó Martí, con las velas hinchadas por los vientos de los siete mares. Gracias Ileana, por este nuevo aporte...
Entonces, esto más que un libro es un mapa del tesoro, que nos conduce hábilmente por los caminos necesarios para construir un texto, que va servir para la educación de muchas personas en especial de niños y jóvenes. Ahora no existe excusa para hacer un libro - y no sólo de texto- pues Ileana nos lleva de la mano por todas las etapas y momentos necesarios (planificación, diseño, validación, inscripción, y más) para encontrar al fin la equis sobre el pergamino.
Ella se afirma sobre la aseveración de que ya van siete siglos de lectura humana y de estos cuatro siglos de utilización del texto educativo, lanzando la proyección hacia el futuro, pues como bien afirma, todavía ningún otro recurso técnico ha reemplazado la función del papel impreso en la educación, en especial en los países subdesarrollados.
Ileana hilvana toda su propuesta tejiéndola con los ejes transversales de la perspectiva de género, la igualdad entre hombres y mujeres, presente en contenidos, imágenes y lenguajes, en firme lucha contra los estereotipos sexistas. En otras palabras, creo que Ileana se sale con la suya al intentar vencer las cinco dificultades para decir la verdad que enunció Bertolt Brecht: Uno, el coraje de escribirla. Dos, la inteligencia para reconocerla. Tres, el arte de convertirla en arma. Cuatro, la capacidad para compartirla con aquéllos - aquéllas en cuyas manos será útil, y quinto, la habilidad para propagarla. A nosotros nos toca especialmente ayudar a vencer las dos últimas.
Bueno, hasta aquí todo está muy bien, pero es necesario decir algunas cosas más. Los libros de texto - y ni hablar de los libros en general -están ausentes de los pupitres -si los tienen- de muchos estudiantes panameños -imagínense los no estudiantes- pues una tercera parte de los estudiantes pobres y 60% de los estudiante pobres indígenas de nivel primario no los ven. ¿La razón? El dinero para comprarlos, la falta de libros, o los maestros que no los piden porque saben que sus alumnos no los pueden adquirir. Datos del centenario. Brillan por su ausencia las políticas integrales sobre la promoción de los textos escolares(¡y sobre otras tantas cosas!) Persiste la influencia extranjera en los textos, ajenos a nuestra cultura e identidades. Existe un deficiente nivel de formación en la elaboración y uso del libro de texto. Lamentablemente, Ileana, no puede darnos recetas para superar la pobreza, pero sí nos aporta el conocimiento y la orientación para hacer más, mejores y accesibles los textos por los que clama la educación nacional. Predica con el ejemplo, sino fíjense en la calidad de este libro que se presenta, apoyado por el Banco Nacional de Panamá, y que es la publicación número 76 de la autora.
Hablando de libros. Esta semana me leí la novela Zama del escritor argentino Antonio di Benedetto, fallecido luego de estar 18 meses torturado en prisión por la dictadura argentina, sin que él ni nadie supiera por qué. Zama es un personaje que espera, confinado en el Paraguay del siglo XVIII, aislado de su familia, de su esposa Marta e hijos que viven a enormes distancias. Zama resiste largos años estas ausencias, y sus últimos días los sufre en la persecución tenaz de unos bandoleros, a punto de fenecer toma una pluma y la sangre de un avestruz capturado como alimento, escribe con ella una nota, que mete en una botella vacía de ron, la que lanza a aguas de un río que semanas después desembocará en el mar. Son sólo cuatro palabras: "Marta, no he naufragado", cuatro palabras como "Amor a los libros", pero que en el fondo quieren decir lo mismo.
Quieren decir que amenazados por el terrorismo y la guerra, la recesión y la pobreza, el sexismo y los antivalores, la corrupción y el desamor estamos con gente como Ileana Golcher que porque ama los libros, quiere enseñar a hacerlos y difundirlos para edificar una mejor y buena educación, especialmente en los que hoy se levantan y que mañana vivirán y manejarán este país. Y con esto nos está diciendo que no hemos naufragado, que las naves que llevan las voces que proponen y construyen, siguen navegando, pues "no hay proa que taje una nube de ideas" como lo proclamó Martí, con las velas hinchadas por los vientos de los siete mares. Gracias Ileana, por este nuevo aporte...