Iluminando oscuridades
Al incursionar en la ruta de los viajes de su Santidad con énfasis ecuménico y observar cómo el Papa pide perdón y tiende la mano en gesto de acercamiento que, fuera de excepciones como la del Patriarca Vladimir de Kiev, ha sido reciprocado por las otras partes, urge de nuevo la pregunta ¿cómo hemos llegado hasta allí? ¿Habrá sido todo divergencia doctrinal? ¿No habrá otros elementos soterrados? Obviamente siempre decimos que han sido divergencias incompatibles doctrinales.
A este propósito cito de la revista Esquila Misional de junio de 2001 #551, Año 48, en que Monseñor Francis Alichoran (192-1987), vicario patriarcal caldeo en París, su opinión sobre los Cismas: La Iglesia de Cristo no fue destruida por haber puesto en juego la divinidad de la humanidad de Cristo. Lo fue en realidad por motivos políticos, filosóficos y psicológicos, escondidos detrás de las discusiones doctrinales y teológicas. Las ambigüedades del lenguaje, la confrontación de mentalidades diferentes y el deseo de cada uno de los patriarcas de imponer su autoridad han hecho de las Iglesias de Efeso, Calcedonia y Constantinopla una especie de Torre de Babel del Nuevo Testamento: ellas hablan de la misma realidad con un lenguaje diferente".
"En el siglo XVI, en Occidente, las mismas causas aislaron a los cristianos sospechosos de reformas en las Iglesias del norte de Europa. Bajo el impulso de Lutero y Calvino nacieron iglesias protestantes, acentuando cada vez más esta separación. Algún tiempo después, la Iglesia de Inglaterra se separó por razones esencialmente políticas, constituyendo la Iglesia Anglicana, acentuando la fragmentación de la comunión cristiana heredada de los apóstoles.
Esta manera de pensar la compartía hace ya mucho tiempo un catedrático de teología de la Divinity School de la St. Louis University que leía la cátedra de Cristología.
Aunque en un inicio al leer o escuchar estas afirmaciones resultan chocantes e inadmisibles, un volver a pensar en el tejido histórico del desarrollo de la religión nos lleva a confirmar este pensamiento.
En el distanciamiento histórico con el Oriente influyeron muchas causas, sin embargo, es indudable la influencia que ejercieron en este proceso las circunstancias políticas, geográficas y culturales. La separación, llamada "cisma de Oriente", se consumó. A partir de este momento, las dos partes de la iglesia seguirán caminos paralelos en lo doctrinal y divergentes en lo práctico.
El problema de la separación de la iglesia oriental no se puede comprender por diferencias dogmáticas, sino más bien por postulados culturales y políticos. Algunos factores importantes fueron éstos:
- la traslación de la capital del imperio a Constantinopla, no afectó a la doctrina del primado de Roma, pero a la larga sería un hecho decisivo- el Concilio II de Constantinopla declaró a esta ciudad como segunda sede la Iglesia. El reconocimiento se refería una especie de preeminencia honorífica, cuando en lo político era ya la primera, -más tarde se añadió la discusión de a quién pertenecía el patriarcado sobre Tracia y Asia Menor. Fue un choque entre el Papa y el patriarca de Constantinopla, adjudicándose este último regiones discutidas, los papas acentuaron cada vez más su origen como sede de Pedro", pero a los orientales esto no les impresionaba demasiado, ya que muchas de sus iglesias tenían origen apostólico y hasta procedían quizá del mismo Pedro- Al adjudicarse el patriarca Oriental el título de "Patriarca Ecuménico", el Papa protestó, con el natural aumento de tensión entre unos y otros-, además, con relativa frecuencia ocurría que, al ser distintas las costumbres de uno y otro lado, fácilmente eran condenadas por sínodos provinciales poco menos que como no -cristianas o heréticas.
El episodio de los iconoclastas complicó la situación. Ante todo, iconoclasta viene a significar romper imágenes, destructores de imágenes. El Papa, ante la disputa, adopta la posición de que no se debían adorar las imágenes ni tampoco destruirlas y le precisó que tanto derecho tenía el Emperador de mandar en la Iglesia como el Papa en el Palacio Imperial. Era el año 843. Posteriormente, adviene Carlomagno y su imperio con todas las tensiones con el Oriente, el Patriarca seglar Focio y su separación de Roma para llegar a Miguel Cerulario, patriarca de Constantinopla y sus enfrentamientos con los legados del Papa.
Afirman historiadores que conociendo todos estos eventos, no se puede admitir que la causa de la separación fuese la cuestión del "Filioque" (que procede del Padre y "del Hijo"). Esta fue sólo una circunstancia. Esta fórmula litúrgica procedente de España afirmaba que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo. Cuando la fórmula quiso imponerse en Oriente, fue rechazada por Constantinopla, pero el asunto no fue a más. Con todos estos eventos, la ruptura total estaba hecha desde el 16 de julio de 1054 y esta vez definitiva, constituyendo una iglesia aparte y distintos sucesos históricos la irían agravando más.
Sin embargo, el 7 de diciembre de 1865, en la clausura del Concilio Vaticano II, el Papa Paulo VI y el Patriarca Atenágoras I de Constantinopla y su sínodo hicieron una declaración común en la que lamentaban las ofensas mutuas producidas en la época de la separación, retiraban las respectivas excomuniones y deploraban la posterior incomprensión.
Ahora en nuestros tiempos, su Santidad Juan Pablo II fraterniza con los distintos patriarcas de Grecia, Siria, anteriormente con el de Jerusalén y en sus últimos esfuerzos, reafirma su voluntad de retrotraer los pasos desviados a través de la historia.
A este propósito cito de la revista Esquila Misional de junio de 2001 #551, Año 48, en que Monseñor Francis Alichoran (192-1987), vicario patriarcal caldeo en París, su opinión sobre los Cismas: La Iglesia de Cristo no fue destruida por haber puesto en juego la divinidad de la humanidad de Cristo. Lo fue en realidad por motivos políticos, filosóficos y psicológicos, escondidos detrás de las discusiones doctrinales y teológicas. Las ambigüedades del lenguaje, la confrontación de mentalidades diferentes y el deseo de cada uno de los patriarcas de imponer su autoridad han hecho de las Iglesias de Efeso, Calcedonia y Constantinopla una especie de Torre de Babel del Nuevo Testamento: ellas hablan de la misma realidad con un lenguaje diferente".
"En el siglo XVI, en Occidente, las mismas causas aislaron a los cristianos sospechosos de reformas en las Iglesias del norte de Europa. Bajo el impulso de Lutero y Calvino nacieron iglesias protestantes, acentuando cada vez más esta separación. Algún tiempo después, la Iglesia de Inglaterra se separó por razones esencialmente políticas, constituyendo la Iglesia Anglicana, acentuando la fragmentación de la comunión cristiana heredada de los apóstoles.
Esta manera de pensar la compartía hace ya mucho tiempo un catedrático de teología de la Divinity School de la St. Louis University que leía la cátedra de Cristología.
Aunque en un inicio al leer o escuchar estas afirmaciones resultan chocantes e inadmisibles, un volver a pensar en el tejido histórico del desarrollo de la religión nos lleva a confirmar este pensamiento.
En el distanciamiento histórico con el Oriente influyeron muchas causas, sin embargo, es indudable la influencia que ejercieron en este proceso las circunstancias políticas, geográficas y culturales. La separación, llamada "cisma de Oriente", se consumó. A partir de este momento, las dos partes de la iglesia seguirán caminos paralelos en lo doctrinal y divergentes en lo práctico.
El problema de la separación de la iglesia oriental no se puede comprender por diferencias dogmáticas, sino más bien por postulados culturales y políticos. Algunos factores importantes fueron éstos:
- la traslación de la capital del imperio a Constantinopla, no afectó a la doctrina del primado de Roma, pero a la larga sería un hecho decisivo- el Concilio II de Constantinopla declaró a esta ciudad como segunda sede la Iglesia. El reconocimiento se refería una especie de preeminencia honorífica, cuando en lo político era ya la primera, -más tarde se añadió la discusión de a quién pertenecía el patriarcado sobre Tracia y Asia Menor. Fue un choque entre el Papa y el patriarca de Constantinopla, adjudicándose este último regiones discutidas, los papas acentuaron cada vez más su origen como sede de Pedro", pero a los orientales esto no les impresionaba demasiado, ya que muchas de sus iglesias tenían origen apostólico y hasta procedían quizá del mismo Pedro- Al adjudicarse el patriarca Oriental el título de "Patriarca Ecuménico", el Papa protestó, con el natural aumento de tensión entre unos y otros-, además, con relativa frecuencia ocurría que, al ser distintas las costumbres de uno y otro lado, fácilmente eran condenadas por sínodos provinciales poco menos que como no -cristianas o heréticas.
El episodio de los iconoclastas complicó la situación. Ante todo, iconoclasta viene a significar romper imágenes, destructores de imágenes. El Papa, ante la disputa, adopta la posición de que no se debían adorar las imágenes ni tampoco destruirlas y le precisó que tanto derecho tenía el Emperador de mandar en la Iglesia como el Papa en el Palacio Imperial. Era el año 843. Posteriormente, adviene Carlomagno y su imperio con todas las tensiones con el Oriente, el Patriarca seglar Focio y su separación de Roma para llegar a Miguel Cerulario, patriarca de Constantinopla y sus enfrentamientos con los legados del Papa.
Afirman historiadores que conociendo todos estos eventos, no se puede admitir que la causa de la separación fuese la cuestión del "Filioque" (que procede del Padre y "del Hijo"). Esta fue sólo una circunstancia. Esta fórmula litúrgica procedente de España afirmaba que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo. Cuando la fórmula quiso imponerse en Oriente, fue rechazada por Constantinopla, pero el asunto no fue a más. Con todos estos eventos, la ruptura total estaba hecha desde el 16 de julio de 1054 y esta vez definitiva, constituyendo una iglesia aparte y distintos sucesos históricos la irían agravando más.
Sin embargo, el 7 de diciembre de 1865, en la clausura del Concilio Vaticano II, el Papa Paulo VI y el Patriarca Atenágoras I de Constantinopla y su sínodo hicieron una declaración común en la que lamentaban las ofensas mutuas producidas en la época de la separación, retiraban las respectivas excomuniones y deploraban la posterior incomprensión.
Ahora en nuestros tiempos, su Santidad Juan Pablo II fraterniza con los distintos patriarcas de Grecia, Siria, anteriormente con el de Jerusalén y en sus últimos esfuerzos, reafirma su voluntad de retrotraer los pasos desviados a través de la historia.