Imagen y seguridad ciudadana
Siete meses después de que la actual administración asumió la dirección del Estado son innegables los esfuerzos realizados en materia de seguridad. Desde la depuración de los propios órganos que actúan en esa esfera, hasta el incremento de unidades en las calles, pasando por la cooperación con países hermanos. Pese a ello la percepción generalizada es que ha sido imposible resolver el problema, y que la delincuencia común y el crimen organizado siguen ganado esta batalla. Las cifras emanadas de la actividad realizada durante los carnavales sólo sitúan en dos las diferencias entre crímenes ocurrido en el 2009 y los registrados en el 2010, y aun cuando se han capturado cargamentos de drogas, los propios indicadores señalan que el país está lejos de superar esta amenaza. Pero las supuestas victorias de los organismos oficiales parecen más el resultado de una mejor actividad de imagen en esas instancias, que de resultados efectivos. No es que no se deben publicitar los triunfos. Lo que no debe ocurrir es que esos triunfos oculten una realidad que hasta ahora solo los medios de comunicación han venido haciendo evidente. La inseguridad y el miedo siguen acosando al ciudadano común, en las llamadas áreas rojas, en los buses, de día y de noche, dentro y fuera de sus hogares. Los “vecinos vigilantes” constituyeron en su momento una medida atinada ¿por qué no renovarla y fortalecerla?