Impacta la propaganda del IPAT
Puede que internamente no se note, porque esa no es la idea, pero afuera sí. Panamá empieza a ser vista en el extranjero y a despertar el interés de la industria turística, incluyendo dentro de este concepto el rubro de los pensionados, gracias a la publicidad del IPAT. Virtualmente lo están comprando todo, a precio de oro, no importa dónde, desde un estrecho apartamento en el Casco Viejo, a B/.120 mil cuando costó B/.35 mil hace cuatro años, hasta una amplia zona costera en Veraguas, para una marina de yates, por montos millonarios. Los rascacielos están casi todos pre vendidos en la capital, y en Boquete no cabe una casa más, salvo que urbanicen la finca del doctor Arnulfo Arias.
Hay gente de bienes raíces que asegura que ya no queda un solo pie lineal sin vender de Panamá a Antón. Y hay quienes exageran y dicen que la única costa libre que queda es la desembocadura del río Belén en la costa norte de Veraguas, no importa qué parte de ella esté ocupada por los Gnöbe Buglé.
En México, que es quizás el país de mayor afluencia de turistas en América Latina, la propaganda turística del IPAT ha tomado por sorpresa a agentes de la industria y administradores de hoteles, que se han visto precisados a incluir a Panamá en las giras de su clientela, ulteriores a la visita a su país. Bocas del Toro, Kuna Yala, el Canal, Boquete, el auge inmobiliario y playero, son los principales atractivos. Los vuelos, que antes no descargaban casi a nadie aquí, de paso hacia otro país, ahora parten vacíos de nuestro aeropuerto, todavía aquejado con cuellos de botella en las casetas de ingreso migratorio y a la salida de aduanas, pese a las ampliaciones.
Hace poco, reportes económicos mostraban un preocupante encarecimiento de las viviendas en Estados Unidos, lo cual está haciendo cada vez más difícil para los norteamericanos realizar el sueño de una casa propia. Quizás esa sea la tendencia, tal como acontece en Europa y Asia; vivir alquilado. Pero al menos en Panamá, un jubilado puede vivir como rey, en casa propia, con su pensión promedio, a un cuarto del costo de su nación de origen.
El país está en efervescencia. Los extranjeros están viniendo en masa. Cada uno de ellos come, hace supermercado, va al cine, concurre al hospital, requiere de un abogado, un auto, una casa. Las oportunidades están al alcance de la mano.
Hay gente de bienes raíces que asegura que ya no queda un solo pie lineal sin vender de Panamá a Antón. Y hay quienes exageran y dicen que la única costa libre que queda es la desembocadura del río Belén en la costa norte de Veraguas, no importa qué parte de ella esté ocupada por los Gnöbe Buglé.
En México, que es quizás el país de mayor afluencia de turistas en América Latina, la propaganda turística del IPAT ha tomado por sorpresa a agentes de la industria y administradores de hoteles, que se han visto precisados a incluir a Panamá en las giras de su clientela, ulteriores a la visita a su país. Bocas del Toro, Kuna Yala, el Canal, Boquete, el auge inmobiliario y playero, son los principales atractivos. Los vuelos, que antes no descargaban casi a nadie aquí, de paso hacia otro país, ahora parten vacíos de nuestro aeropuerto, todavía aquejado con cuellos de botella en las casetas de ingreso migratorio y a la salida de aduanas, pese a las ampliaciones.
Hace poco, reportes económicos mostraban un preocupante encarecimiento de las viviendas en Estados Unidos, lo cual está haciendo cada vez más difícil para los norteamericanos realizar el sueño de una casa propia. Quizás esa sea la tendencia, tal como acontece en Europa y Asia; vivir alquilado. Pero al menos en Panamá, un jubilado puede vivir como rey, en casa propia, con su pensión promedio, a un cuarto del costo de su nación de origen.
El país está en efervescencia. Los extranjeros están viniendo en masa. Cada uno de ellos come, hace supermercado, va al cine, concurre al hospital, requiere de un abogado, un auto, una casa. Las oportunidades están al alcance de la mano.