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Imperativo de un cambio social


Tal es el enredo que observo en el país que por ahora sólo atino a redactar glosas que aspiro a que enciendan una luz, muchas luces, al final del por de más oscuro túnel. Tomo muy en cuenta que las actuaciones de los “cortesanos supremos” contienen una buena dosis de amiguismo hacia los responsables de sus nombramientos.

- Parece que el presidente Martinelli va adelante con el beneficio de la duda. Desconozco su tamaño.

- Gastar unos $20 millones en un avión presidencial como que no encaja en el mar de necesidades que tenemos. Sería mejor posponerlo… un rato.

- Al fin la Procuradora de la Nación ha dado señales de vida sugiriendo que se debe investigar de oficio aquello de las pachangas aéreas de Martín. El hecho de que éste la nombró… creo… tiene nada que ver. ¿O sí?

- Los actos positivos presidenciales han palidecido un poco con las metidas de pata e “ignorancias” de Bosco, de Sandra, de Figali, de Bern. La ciudadanía espera los resultados en estos casos.

- Hay mucho de verdad en que el presidente debe suspender su proselitismo –que picó y se extendió– para “presidenciar” más.

- Muchos continúan sosteniendo que las leguleyadas no son aplicables a temas polludos como el CEMIS. El mismo incluye declaraciones que seguramente serán negadas y hasta un vídeo que fue grabado sin el conocimiento de los afectados.

- Lo que nos recuerda que Panamá necesita acciones de alta moralidad o por lo menos que se adopten medidas que sean éticas al máximo posible. De otra manera, la percepción de impunidad seguirá impertérrita.

- Estamos de acuerdo con que ahora le toca al pueblo pero no debemos olvidar que a Panamá parece que nunca le toca.

- Bueno, muchos ven como la gran proeza las renuncias que se han sucedido en el Gobierno, aún antes de que se cumplan sus primeros 100 días en el poder.

- Lo malo es que las trastadas cometidas en las últimas tres administraciones ni pican, ni se extienden. Continúan muertas de risa. Impunes.

Los anteriores pensamientos los incluyo para subrayar que es un imperativo moral que se haga lo indecible para que la ciudadanía mantenga, participe y continúe esperando el cambio moral que se ha preconizado con tanto fervor. ¡Panamá es inmortal!

101 años de Panamá América

 
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